“Vox Lux” es el nombre del último álbum de Celeste (Natalie Portman), una cantante que consiguió la fama luego de crear una canción tras el tiroteo que se dio en su colegio; ella fue una de las sobrevivientes del ataque, por lo que las miradas siempre estuvieron fijas en ella.
Celeste ahora es una diva, una cantante violenta, alcohólica y drogadicta que tiene una mala relación con su hija adolescente Albertine (Raffey Cassidy) y con su hermana Ellie (Stacey Martin), pero alguna vez fue una niña inocente e ingenua que siempre seguía a su manager (Jude Law) a todas partes, incluso a Suecia para grabar su primer álbum, como todo cantante pop de comienzo de los 2000. Fue la misma fama la que cambió a Celeste, pero su popularidad nunca se vio afectada.
“Vox Lux”, también el nombre de la película, nos guía a través de la vida de Celeste, desde el día del tiroteo hasta el día de su próximo
concierto, el cual se ve afectado por la polémica de otro tiroteo; los atacantes aparecieron usando unas
máscaras que Celeste había usado en un videoclip y, por supuesto, su pasado vuelve a relucir. La trama y la manera en la que está contada, entre
preludios e intermedios, es tan
entretenida que me sorprendió que la película fuese dirigida por
Brady Corbet; no hace falta recordar la lata que fue
“The Brutalist”, pero sería mucho mejor que se quedara por el lado de
“Vox Lux” que por el lado de quedar bien con la
Academia.
Siguiendo con la temporada de premios, hoy tocó ver “The Brutalist” antes de que todo termine con la próxima entrega de los premios Oscars; la película, dirigida por Brady Corbet, ha estado triunfando esta temporada, ya que es la clásica biografía lastimera que tiene que estar siempre presente en las ceremonias, pero hace poco causó controversia cuando se supo que, en la post producción, se utilizó inteligencia artificial para mejorar el acento húngaro de Adrien Brody. No sé si enojarme o reírme.
No es suficiente tener que ver cómo las premiaciones extranjeras siguen adulando a
“Emilia Pérez” sin sentido alguno, ahora tenemos que ver cómo una película que no encontró nada mejor que hacer que usar IA en lugar de verdadero
talento también se lleva premios sin
mérito; creo que esta debe ser una de las
peores temporadas que he visto y he estado metida en ese círculo desde hace más de veinte años.
Pero en fin… “The Brutalist” cuenta la historia de László Tóth (Adrien Brody), un arquitecto que emigra a Estados Unidos luego de sobrevivir al Holocausto; mientras espera que su esposa, Erzsébet (Felicity Jones), pueda unirse a él, László vive con su primo Attila (Alessandro Nivola), quien también le da un trabajo en su negocio de muebles. Luego de hacer una hermosa biblioteca para Harrison Lee Van Buren (Guy Pearce), la vida de László se verá afectada por los caprichos y maltratos del millonario empresario durante varios años, años que también se sienten en las tres horas y media de duración de la película.
“The Brutalist” es larga, aburrida y una innecesaria biografía ficticia que no aporta nada a la historia en general ni al cine; se pueden rescatar un par de actuaciones y algo de arquitectura, pero no hay nada más destacable, ni siquiera la dirección, ni la producción, ni la trama en sí. Una pérdida de tiempo.