365mm Vol. 2

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Como última película del mes del terror, escogí la primera película de vampiros grabada en color: “Horror of Dracula”, estrenada en 1958 y retitulada de esa manera para evitar confusiones con la versión de 1931. La película también marcó el comienzo de una serie de películas de terror protagonizadas por Christopher Lee como el conde Drácula, y por Peter Cushing como el doctor Van Helsing; ambos son tan perfectos y correctos en sus papeles que me hicieron desear por una dupla así en el cine actual.

La película se toma varias libertades en cuanto a la historia original, algo entendible si quieres hacer una versión que llame la atención; por ejemplo, Jonathan Harker (John Van Eyssen) viaja al castillo de Drácula para ayudarle con su biblioteca y no con la compra de ninguna propiedad. Su prometida no es Mina, sino que es Lucy (Carol Marsh), quien a su vez es hermana de Arthur Holmwood (Michael Gough). Drácula sólo tiene una novia vampiro en el castillo y no busca a Lucy por amor, sino que por venganza. Las diferencias no afectan en nada a la calidad de la película, ya que es una adaptación mucho más rápida y dinámica que otras; la música también es mucho más tétrica que otras bandas sonoras y la presencia tanto de Lee como de Cushing son impresionantes. Es menos sensual y misteriosa, pero creo que es porque su temática no va por ese lado; es una historia que se concentra más en la venganza y el horror que en un amor que supera siglos de distancia para luego encontrarse.

El terror de las películas antiguas nunca decepciona y “Horror of Dracula” no es la excepción.

 


El único informe policial español que describe sucesos paranormales sirvió de inspiración para Paco Plaza al momento de escribir “Verónica”: el informe describía el caso de una adolescente llamada Estefanía Gutiérrez, quien comenzó a sufrir alucinaciones y convulsiones luego de una sesión espiritista realizada para contactarse con su fallecido novio; el caso terminó en las peores consecuencias, pero nadie pudo explicar bien las cosas raras que también pasaron en la casa de Estefanía.

El director, claro, se tomó algunas libertades y creó la historia de Verónica (Sandra Escacena), una joven que está al cuidado de sus tres hermanos pequeños: Lucía, Irene y Antoñito, ya que la madre (Ana Torrent), trabaja largos turnos en un restaurante luego de la muerte del marido. Es a este padre fallecido a quien Verónica quiere contactar al más allá, por lo que, junto a dos amigas, usan un tablero de ouija mientras todos en el colegio están más pendientes del eclipse de aquel día. Sin querer, las niñas llaman a una presencia desconocida y maligna, quien sigue a Verónica durante los próximos tres días, atemorizando incluso la seguridad de sus hermanos pequeños.

La historia de “Verónica” no se queda solo en eso, ya que también desarrolla los conflictos típicos de la adolescencia y, sobre todo, el trauma y el cansancio que implica el rol de la hermana mayor que debe asumir responsabilidades que no le corresponden; Verónica debe lidiar con el alejamiento de su mejor amiga, su primer período, con el cansancio y la nula libertad tras el cuidado de sus hermanos, todo alrededor de un departamento sombrío y ahora embrujado. Con todo eso sucediendo, se necesitaba una potente protagonista que llevara la película en sus hombros y le achuntaron con Sandra Escacena, quien se luce en su primera película. También me gustó mucho ver a Ana Torrent; aunque su participación parezca un cameo, igual cualquier fanático del terror la apreciaría.

Recuerdo que cuando se estrenó “Verónica”, la publicidad que la rodeó solo la trató de la película más perturbadora de todos los tiempos, de esas películas en donde la gente se desmaya en el cine o de las que no te dejarán dormir en la noche; no hay que creer en la publicidad. “Verónica” es una película perturbadora, pero no más que el trauma de ser la hermana mayor; tiene buenos sustos, si eso es lo que buscan, pero la historia de fondo de la adolescente es mucho más interesante.

 

No soy muy fanática de los remakes, pero hay dos que me gustan mucho: “The Texas Chain Saw Massacre” y “Dawn of the Dead”; me gusta tanto esta última que nunca me había dado el tiempo de ver la versión original de 1978. De hecho, no me doy el tiempo de ver muchas películas de zombies, porque las historias tienden a concentrarse mucho más en los humanos que en los zombies y se entiende, porque al ser criaturas que no hablan o que no piensan, no hay mucho desarrollo que mostrar, pero el ver a un grupo de personas siempre tratando de sobrevivir o tratando de averiguar de dónde salió esta desconocida plaga se me hace medio aburrido, como ver siempre el origen del superhéroe en las películas de Marvel. Hay muy pocas películas de zombies que consiguen hacer algo diferente, pero “Dawn of the Dead” no es una de esas.

La película sigue a un grupo que se esconde en un mall luego del brote de una plaga que transforma a los humanos en una especie de caníbales y los hace alimentarse de otros humanos; el remake siguió la misma historia con la diferencia de que la versión de 2004 se centró en una protagonista y en varios sobrevivientes que lograron entrar al mall, pero la original sólo se centra en cuatro personajes: dos policías, Peter (Ken Foree) y Roger (Scott Reiniger); una ejecutiva de televisión, Francine (Gaylen Ross) y su novio piloto, Stephen (David Emge). Ellos llegan al lugar en el helicóptero de Stephen y, aunque al principio disfrutan de los lujos y diversiones del mall, pronto tienen que enfrentar la amenaza no solo de los zombies, sino que también la de un grupo de saqueadores.

Luego de dos horas de ver solo conversaciones y paseos alrededor del mall, “Dawn of the Dead” por fin tiene un cambio y algo más de movimiento y algo más de zombies al final de la historia; el resto de la película se me hizo muy tediosa y me hizo recordar a películas como “World War Z”, en donde solo hay diálogos, los personajes te explican todo y la amenaza zombie es casi inexistente. Entiendo que quizás se deba a la época o quizás porque sea una de las primeras películas de este género, incluso ni siquiera hay quejas en cuanto al maquillaje de los zombies, es solo que la historia es demasiado aburrida.

 

Parto el mes del terror con una de las regalonas de una amiga con la que siempre decimos que cada persona le teme a algo diferente; así como la comedia es subjetiva, también lo es el terror. Por ejemplo, a mí nunca me dio miedo “The Exorcist”, pero no me hagan ver de nuevo “The Descent”, por favor; “The Ritual” me dejó con una sensación parecida quizás por el encierro, la persecución o el contexto del bosque, pero tiene detalles que pueden inducir el miedo en cualquiera.

La película cuenta la historia de un grupo de amigos que decide irse de vacaciones luego de la muerte de uno de ellos en un trágico asalto; el destino es un trekking por los alrededores de los bosques de Suecia, aunque algunos de los amigos no estaban muy convencidos de ir. Luego de que uno de ellos sufriera una herida en la rodilla, deciden pasar por el bosque a modo de atajo; todos sabemos de la advertencia de no entrar al bosque de noche, pero ellos necesitan llegar rápido hasta el hostal que los espera.

La caminata no es una feliz, ya que los rencores tras el asalto y los sucesos paranormales que empiezan a rodear al grupo empiezan a volverlos a todos locos y desesperados por salir del lugar; ruidos extraños, animales colgados de los árboles, pesadillas y la sombra de una criatura persiguiéndolos es más que suficiente para espantar al más valiente y pareciera ser que, mientras más escapan de lo desconocido, más se acercan al lugar al que nadie nunca debería acercarse. “The Ritual” mantiene hasta el final aquella sensación de persecución, de claustrofobia y de desesperación, gracias tanto a su atmósfera como a la edición del sonido y desde el comienzo con la escena del asalto hasta luego en el desarrollo con las escenas más terribles.
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