Siguiendo con la temporada de premios, hoy tocó ver “The Brutalist” antes de que todo termine con la próxima entrega de los premios Oscars; la película, dirigida por Brady Corbet, ha estado triunfando esta temporada, ya que es la clásica biografía lastimera que tiene que estar siempre presente en las ceremonias, pero hace poco causó controversia cuando se supo que, en la post producción, se utilizó inteligencia artificial para mejorar el acento húngaro de Adrien Brody. No sé si enojarme o reírme.
No es suficiente tener que ver cómo las premiaciones extranjeras siguen adulando a
“Emilia Pérez” sin sentido alguno, ahora tenemos que ver cómo una película que no encontró nada mejor que hacer que usar IA en lugar de verdadero
talento también se lleva premios sin
mérito; creo que esta debe ser una de las
peores temporadas que he visto y he estado metida en ese círculo desde hace más de veinte años.
Pero en fin… “The Brutalist” cuenta la historia de László Tóth (Adrien Brody), un arquitecto que emigra a Estados Unidos luego de sobrevivir al Holocausto; mientras espera que su esposa, Erzsébet (Felicity Jones), pueda unirse a él, László vive con su primo Attila (Alessandro Nivola), quien también le da un trabajo en su negocio de muebles. Luego de hacer una hermosa biblioteca para Harrison Lee Van Buren (Guy Pearce), la vida de László se verá afectada por los caprichos y maltratos del millonario empresario durante varios años, años que también se sienten en las tres horas y media de duración de la película.
“The Brutalist” es larga, aburrida y una innecesaria biografía ficticia que no aporta nada a la historia en general ni al cine; se pueden rescatar un par de actuaciones y algo de arquitectura, pero no hay nada más destacable, ni siquiera la dirección, ni la producción, ni la trama en sí. Una pérdida de tiempo.
La curiosidad por ver el primer largometraje de Pedro Almodóvar en inglés no sólo era por el cambio de idioma, sino que porque también se encontrarían dos de mis actrices favoritas; me encanta cuando los directores hacen algo específico para mí. “The Room Next Door” reúne a Tilda Swinton y a Julianne Moore como amigas de toda la vida que vuelven a encontrarse tras la enfermedad de una de ellas.
Martha (Tilda Swinton) fue una aclamada corresponsal de guerra que ahora sufre de un cáncer terminal, mientras que Ingrid (Julianne Moore) es una reconocida escritora de ficción que se encuentra promocionando su último libro; una amiga en común le cuenta a Ingrid la situación de Martha y es así como las dos se reencuentran. Ambas se habían conocido años antes mientras trabajaban en la misma revista, pero habían perdido un poco el contacto durante los años previos.
Ya que existe la suficiente confianza entre ambas, Martha le pide a Ingrid el mayor favor de su vida: que le ayude a morir con dignidad. Ingrid tiene dudas, no porque la idea de la eutanasia le provoque un debate, sino porque siempre le ha temido a la idea de la muerte. Es a través de recuerdos, conversaciones eternas, pequeños recorridos por los más hermosos interiores que conocemos mucho más la personalidad de ambas amigas y sus historias de vida.
Ingrid eligió una ruta más segura y siempre admiró la valentía de Martha de salir a cubrir la más reciente guerra; ella era algo más impulsiva y, a pesar de que complicó las cosas con su hija Michelle, su carrera le apasionaba mucho más que la maternidad. Si para Ingrid la idea de la muerte es una conversación fría e innecesaria, para Martha es como enfrentar cualquier otra guerra en la que trabajó anteriormente. Pedro Almodóvar junta a ambas actrices en espacios y conversaciones hermosas; la química entre ambas es tierna, cercana y real, como si se conocieran de toda la vida. El debate sobre la eutanasia siempre será uno interesante; ya no debería ser un debate, pero ver a un personaje normalizándolo con respeto y con madurez ayuda a la causa.
Muy lindo autorregalo de cumpleaños.