Es increíble el tiempo que me tomó ver una película de Alexander Skarsgård y Margot Robbie, pero sabía que la trama iba a ser tan mala que lo evité harto rato. “The Legend of Tarzan” está basada en el mítico personaje de Tarzán, pero no es la típica historia de orígenes, sino que aquí vemos a un John Clayton III (Alexander Skarsgård) ya climatizado con la vida en Londres que siempre debió haber tenido; trata temas políticos con sus consejeros y vive en una hermosa mansión con Jane (Margot Robbie), su enérgica esposa.
Hasta ahí, todo bien, pero desde el principio se nota que no hay química entre ellos y que la historia no tiene mucho peso; el rey de Bélgica quiere apoderarse de la región del Congo para, al mismo tiempo, obtener unos diamantes, por lo que se necesita de la ayuda de John para aliviar las tensiones entre los residentes y los políticos. El mayor problema y, lo que más me molestó, es que tanto John como Jane quedan como los salvadores blancos a quienes todas las tribus, animales incluidos, quieren y respetan. Hay varios flashbacks que constantemente nos quieren meter esa idea e incluso hay un personaje, George Washington Williams (Samuel L. Jackson), que es usado como aliado de aventuras de John para que su presencia no sea vista como la del white saviour, pero nunca funciona.
“The Legend of Tarzan” se va volviendo aburrida tras cada diez minutos; el CGI es malo, la trama se pierde, no hay química entre los protagonistas y ni siquiera las escenas de Tarzán sin polera valen la pena.
El caso de Leopold y Loeb fue uno de los casos más perturbadores de los años ’20 en Estados Unidos; ambos secuestraron y asesinaron a un adolescente con el solo propósito de demostrar de que eran más inteligentes que los demás y que su intelecto les permitiría cometer el crimen perfecto. El caso fue tan controversial que inspiró películas como “Rope”, “Funny Games” o “Murder by Numbers”.
Richard Haywood (Ryan Gosling) y Justin Pendleton (Michael Pitt) son dos adolescentes que orquestan lo que ellos creen es el crimen perfecto; Richard es millonario y extrovertido, mientras que Justin es más intelectual e introvertido. Ambos fingen que apenas se conocen, pero llevaban meses planificando el secuestro y asesinato de una desconocida que escogieron al azar con tal de probar que podrían salirse con la suya y de que eran más inteligentes que la policía. Para su mala suerte, la investigadora del caso es Cassie Mayweather (Sandra Bullock), quien resulta ser mucho más inteligente e intuitiva que ambos adolescentes.
Ojalá la película hubiese desarrollado más a los personajes, porque los tres principales tenían trasfondos muy interesantes, sobre todo el personaje de Cassie, pero, ¿a quién engaño? Sólo la vi para saber si había química entre la ex pareja de Ryan Gosling y Sandra Bullock, y sí la había. Palpable.
“The Thin Red Line” es una película dirigida por Terrence Malick que gira alrededor de la Batalla de Guadalcanal, la cual se dio durante la Segunda Guerra Mundial; al mismo tiempo, también se enfoca en las experiencias y miradas de distintos soldados sobre aquel conflicto, utilizando recursos como flashbacks y voces en off.
Como toda película de guerra, “The Thin Red Line” trata de mostrarnos lo triste que estaban los soldados que iban a luchar a guerras y el trauma que marcó sus días durante lls batallas y todos los días por el resto de sus vidas y, como buena película estadounidense, no puede evitar ser una especie de película de propaganda, en donde, en cualquier momento, podemos esperar ver la bandera gringa flameando al viento.
Desde el momento en que un soldado dice que matar a alguien es mucho peor que una violación, el interés por la película se perdió; las voces en off tratan de sonar profundas y filosóficas y lo extenso de la historia es completamente innecesario. Nota para mi misma: tratar de evitar este tipo de películas en el futuro.