365mm Vol. 2

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No es un secreto que no soporto Marvel, ni su industria ni su imagen, y sus películas se hacen cada vez más insoportables de ver, pero para “The Fantastic Four: First Steps” se consiguieron a cuatro actores que respeto y que admiro, por lo que asumí que el proyecto no debería ser tan malo después de todo.

Partiendo con un punto a favor, la película no sigue la ya trillada fórmula del nuevo héroe que descubre sus poderes y que luego tiene que enfrentar un dilema de responsabilidad versus amistad o responsabilidad versus interés romántico. “The Fantastic Four: First Steps” comienza cuatro años después de que el grupo de astronautas sufriera aquel accidente espacial que modificó su ADN y le diera superpoderes; Reed Richards (Pedro Pascal) se convirtió en el Señor Fantástico, Sue Storm (Vanessa Kirby) ahora es la Mujer Invisible, mientras que su hermano, Johnny (Joseph Quinn) pasó a ser la Antorcha Humana y Ben Grimm (Ebon Moss-Bachrach), la Mole.

El grupo se convierte en un fenómeno masivo, el mundo los ama y son declarados como los protectores de este planeta. Los dos problemas que ahora enfrentan es el nacimiento de Franklin (Ada Scott), el hijo de Reed y Sue, quien podría nacer también con poderes especiales, así como también la llegada de Galactus (Ralph Ineson) y de su heraldo, Silver Surfer (Julia Garner), quienes amenazan la seguridad de la Tierra. Galactus pide a Franklin a cambio de perdonarle la vida a este planeta, por lo que los Cuatro Fantásticos deben decidir entre la seguridad del pequeño bebé o la del resto del mundo.

Con una estética retro futurista y un montón de buenas actuaciones, “The Fantastic Four: First Steps” cumple con el propósito básico de Marvel, el cual es sólo entretener; la película es tan divertida, rápida y agradable a la vista que podemos pasar por alto detalles como un poco de mal CGI por aquí y por allá. La actuación de Pedro Pascal a ratos me recordaba a Joel Miller, enfrentado a una decisión parecida frente a la vida de Ellie, mientras que Vanessa Kirby demuestra que la maternidad no es una debilidad y que un personaje femenino no necesita ser definido por su sensibilidad. Joseph Quinn es el Johnny Storm ideal y no cae en la trama básica de hacer del personaje sólo una caricatura sexy o mujeriega; además, su pequeña trama de la traducción llegó a mi corazón lingüista nerd. Y Ebon Moss-Bachrach demuestra que es, literalmente, la roca de la familia, dispuesto siempre a ayudar, a apoyar y a reconfortar cuando se le necesita.

Salí gratamente sorprendida del cine y quiero aferrarme a esa sensación, porque, lamentablemente, a pesar de lo maravilloso que será volver a ver a Los Cuatro Fantásticos, en la próxima película aparecerán junto a un actor que no admiro y que no respeto. Manden paciencia.

 


Desde hace un tiempo, nos han estado vendiendo películas como algo que no son, por lo que, si deciden ver “Materialists”, olviden de inmediato lo que nos dijeron: no es una comedia romántica, tampoco es una comedia, es una historia sobre decisiones en el amor. La directora, Celine Song, se basó en su propia experiencia trabajando en el servicio de búsqueda de parejas, un servicio al parecer real para personas que, cansadas de las aplicaciones de citas, buscan algo mucho más específico que cumpla con todas sus casillas.

A través del personaje de Lucy (Dakota Johnson), la película va explorando aquel negocio y la matemática tras el servicio. Lucy es una mujer calculadora, fría y cínica frente a la idea del amor; piensa en algoritmos y variables al momento de juntar a sus clientes con posibles parejas y, es de esa manera, que es la casamentera más exitosa en Adore, contando con nueve matrimonios bajo el brazo. La personalidad fría y cínica que Dakota Johnson muestra frente al público es ideal para el personaje de Lucy durante el comienzo, pero luego, cuando se ve enfrentada a tomar una decisión que tomaría rápidamente en el área laboral, Johnson no puede ofrecer nada más de lo que su falta de talento le permite; la película y la historia le quedan grandes y, quien supuestamente debe guiarnos hasta la resolución, se nos pierde en el camino.

La decisión en la que Lucy se ve atrapada comienza la misma noche en donde conoce a Harry Castillo (Pedro Pascal) y se reencuentra con su ex, John (Chris Evans). Más que interesarse románticamente por Harry, Lucy lo considera un candidato ideal para el servicio de parejas: es millonario, atractivo, alto, vive en un lujoso departamento y, gracias a que está interpretado por Pedro Pascal, tiene un carisma difícil de ignorar. Por otro lado, la relación que Lucy había tenido con John había terminado por problemas de dinero; él es un aspirante a actor que, a sus 37 años, todavía no consigue el éxito y que debe recurrir a trabajos de mesero para poder pagar sus cuentas. Junto con el hecho de que vive en un pequeño departamento con dos compañeros de casa, John no era un candidato ideal ni para Adore ni para Lucy.

A pesar de no ser un triángulo amoroso, “Materialists” nos va mostrando por qué un candidato es mejor que el otro; no hay que ser un genio matemático experto en algoritmos que trabaja en Adore para darse cuenta quién es el ideal, pero Lucy comienza a replantear sus decisiones, sobre todo después de un incidente con una de sus clientes; es un momento extraño para replantear decisiones románticas, pero Lucy lo hace de todos modos. Quiere toda la seguridad que el dinero puede ofrecerle, pero el reencuentro con John también le recuerda que quiere ser amada y sentirse valorada; su decisión va más allá de elegir entre un hombre o el otro, es elegir entre lo que más le haga feliz. Mientras se va desarrollando el conflicto, sentí que todos los temas y algunos de los personajes eran tratados sólo en la superficie; nunca se profundiza mucho en la idea de ser materialista, por ejemplo, y no hay diálogo que no tenga las palabras “matemáticas”, “algoritmo”, “variable” o “pareja”, ni siquiera durante las escenas que se supone son las más románticas; es tanta la repetición que, luego de un rato, la historia se vuelve aburrida.

[SPOILERS] 

La dirección de Celine Song al menos compensa lo que sentí como una historia vacía; la decisión de Lucy es bastante obvia para quienes han visto al menos una comedia romántica en su vida y quizás hubiera entendido más al personaje si su decisión no fuese una que viniera de la inseguridad y de la baja autoestima; así como sus dos intereses románticos tenían que trabajar en sus miedos y en sus defectos, ella también tendría que haber hecho algo con los suyos y no conformarse con el ex que no había cambiado en años. Las actuaciones también compensan, pero sólo las de Pedro Pascal y Zoë Winters, quien interpreta a una ingenua y romántica clienta de Adore, uno de los casos más complicados para Lucy.

No quiero quedarme con la sensación de que “Materialists” es una mala película, porque no puedo creer que venga de la misma persona que nos dio “Past Lives”, pero quizás el mensaje no me llegó tanto como a otras personas. Quizás mi personalidad sea más realista que romántica.

 

El año pasado vi “Megalopolis” y me impactó lo fome, mala y sin sentido que era, sobre todo, porque se trataba de una película de Francis Ford Coppola, la primera película que hacía desde hace más de una década, pero fue una de las mayores decepciones de ese año; el único consuelo que queda es volver a la filmografía de los directores aclamados, buscar en sus inicios y tratar de encontrar algo que vuelva a recuperar el gusto por sus películas.

“The Conversation” se estrenó en 1974 y se trata de Harry R. Caul (Gene Hackman), un experto en vigilancia que debe espiar a una pareja durante sus citas en San Francisco; la pareja trabaja en el mismo edificio en donde trabaja el desconocido que contrató los servicios de Harry, un tal Director (Robert Duvall). A pesar de que su trabajo se relaciona con el espionaje, Harry es una persona muy privada; apenas tiene amigos, apenas sale y disfruta de la soledad de su departamento mientras toca el saxofón.

Su soledad se ve interrumpida por la culpa que siente hacia un trabajo previo, el cual terminó en tres muertes, y por la curiosidad hacia la pareja que debe espiar; no debería sentir esa curiosidad, pero se le hace inevitable. “The Conversation” es un thriller de los antiguos, persecución tras persecución, pero que sólo se mantiene interesante durante el principio y durante el final; el centro de la película es casi tan aburrido como todo el desarrollo de “Megalopolis”. Otra lástima, porque no quiero pensar que Francis Ford Coppola sólo sea “The Godfather"… y ni siquiera las tres partes.

 

Siguiendo con adaptaciones Shakesperianas, continué con “Othello”, estrenada en 1995 y dirigida por Oliver Parker, convirtiéndola en la única adaptación que Kenneth Branagh no dirigió durante aquella época, pero en la que sí actuó; además de ese detalle, “Othello” es la primera película en donde el protagonista, el moro de Venecia, es interpretado por un actor negro, detalle que, para 1995, me parece incluso un poco retrógrado.

“Othello” es muy fiel a la obra original, lo que se agradece, porque es también mi obra favorita de Shakespeare; a pesar de que a veces se siente algo lenta, la actuación de Kenneth Branagh compensa todo. El detalle de que el personaje de Iago mire a la cámara hace que el diálogo se sienta mucho más natural y su maldad pasa a ser mucho más íntima. Se pueden hacer todas las adaptaciones repetidas que quieran, pero basta con un detalle como el de “Othello” para que una de todas las películas parecidas resalte. 

 


La cantidad de veces que me salvó el haber visto una película antes de leer un libro que fuese adaptado son innumerables y siempre me llevan a recordar la escena en el auto de “Clueless”, donde Cher defiende sus conocimientos sobre Hamlet tras haber visto la versión protagonizada por Mel Gibson; he visto “Clueless” también innumerables veces, pero nunca había visto esa adaptación de Hamlet.

Dirigida por Franco Zeffirelli, “Hamlet” es una adaptación bastante fiel a la obra de Shakespeare; no aburre nunca (a pesar de ser una de mis historias menos favoritas) y le doy crédito a las actuaciones, sobre todo a la de Glenn Close. Si bien Mel Gibson es el protagonista y la cara en todos los posters, es Glenn Close quien lleva el peso de toda la película sobre sus hombros; tras las varias acusaciones en contra de Gibson y la lata de ver su persona en pantalla, es un alivio que la presencia de otro actor sea mucho más notoria.

Y Cher tenía razón: sí fue Polonio quien dice "Ante todo, sé fiel a ti mismo”.

 

Quizás nunca podremos entender el nivel de daño que las dictaduras latinoamericanas dejaron por acá, pero siempre me sorprenderá el hecho de que varios países de Suramérica tengamos tanto dolor en común, como cuando vi “Ainda Estou Aquí” en el verano. En “Hermanas”, se exploran las consecuencias de la dictadura argentina que la familia Levín tiene que enfrentar; luego de unos años, Natalia (Íngrid Rubio) puede por fin visitar a su hermana Elena (Valeria Bertuccelli), quien vive en Estados Unidos junto a su marido y a su pequeño hijo.

Al principio, el reencuentro es dulce y un alivio para ambas, pero pronto los resentimientos, los rencores y los recuerdos enterrados comienzan a causar roces entre ellas; las discusiones y los silencios son intensos, pero también sirven para sacar toda esa rabia y esa pena guardada tan adentro y que pareciera que ni la justicia podrá sanar. El conflicto está en que Elena quiere olvidar, dar vuelta la página y crear una nueva historia con su familia, mientras que Natalia no puede dejar atrás el pasado, ni la memoria de su padre ni la de Martín (Nicolás Pauls), el novio que la dictadura hizo desaparecer.

Sus conversaciones son dolorosas, pero necesarias y los flashbacks que la película muestra también sirven para entender las posturas de Elena y de Natalia. “Hermanas” es un buen ejercicio para recordar y conmemorar y debería ser una producción latinoamericana con más bulla alrededor; de todos modos, es un orgullo ver también a Pedro Pascal en sus inicios en el cine.

 

Los matrimonios arreglados no son novedad en India; familias casan a sus hijos con la esperanza de un felices para siempre, asegurando un futuro para sus nietos y una buena reputación para el nombre familiar, pero Uma (Radhika Apte) se entera de la realidad apenas cinco minutos después de llegar a su nuevo hogar. Ella y Gopal (Ashok Pathak) eran amigos de infancia y se conocían bastante, pero luego se dan cuenta de lo contrario; Gopal no tiene ni una pizca de carácter y Uma no es la esposa obediente ni devota que la sociedad espera, por lo que su matrimonio entra en crisis rápidamente.

Uma no soporta su casa de 2x2 ni el hecho de tener que esperar a su esposo a cenar todas las noches, así que consigue un trabajo al otro lado de la ciudad; cada viaje a través de Bombay es también un viaje de autoconocimiento, una especie de fábula en donde el terror y el humor negro se combinan y Uma incluso comienza a dudar de su juicio. “Sister Midnight” se convierte en algo que no esperaba para nada y que me sorprendió de la mejor de las formas; es graciosa, rápida y tiene una estética media cyber punk que funciona muy bien con las luces de Bombay.

Pero el detalle que más me gustó de “Sister Midnight” fue el de la música original, ya que fue hecha por Paul Banks, el vocalista de mi banda favorita; las guitarras suenan perfectas en esos momentos de tensión o de surrealismo, tan perfectas como en sus conciertos.
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Catalina. Basada en hechos reales.
Una película diaria durante todo un año.

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