Josh Baskin (David Moscow) es un niño de trece años que, harto de ser pequeño, pide el deseo de ser grande a una máquina de juegos durante un carnaval. Al día siguente, Josh despierta como un adulto (Tom Hanks), perdido y sin saber qué hacer; sus padres creen que fue secuestrado y sólo su mejor amigo, Billy (Jared Rushton), puede ayudarlo. Con el tiempo, Josh consigue trabajo en una juguetería, en donde conoce a Susan Lawrence (Elizabeth Perkins), una ejecutiva que quiere ascender en la empresa.
Entiendo la nostalgia por las películas ochenteras o por esas historias que ya no se hacen, pero, ¿a nadie se le ocurrió que sería inapropiado juntar a un niño con una adulta? ¿Quién aprobó esto?
Gia Carangi es una leyenda en el mundo del modelaje; luego de convertirse en una de las primeras supermodelos durante los años ochenta, la vida de Gia también se caracterizó por los excesos que siempre acompañan a la fama, los cuales, sumados a los traumas sin resolver que ella ya acarreaba, terminaron por arruinar su vida y su carrera por completo.
Las películas biográficas tienden a ser muy melodramáticas o muy explotadoras y por eso también tiendo a evitarlas; lamentablemente, “Gia” es un ejemplo má de lo peor del género. A pesar de que trata algunos temas de buena manera, como el tema de su sexualidad, su carácter o su relación con su mánager, por ejemplo, la película se dedica sólo a mostrarnos los peores momentos de Gia, siempre llorando, siempre drogándose, siempre siendo abandonada, siempre fuera de control. Y, aunque varios de esos momentos definieron parte de su vida, me habría gustado mucho más ver otro lado de ella, uno que precisamente no alcanzamos a conocer.