365mm Vol. 2

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Otro desafío cumplido 😊

Ahora que ya llegué al final de este desafío, no puedo dejar de pensar en lo diferente que fue frente a mi primera experiencia. La primera vez que hice este juego estaba preparando mi tesis, vivía en Valparaíso, tenía mucho más tiempo libre y apenas había recursos para ver películas: Netflix estaba recién apareciendo y solo existían los torrents. Ahora, doce años después, trabajo como traductora, vivo en otra ciudad, tengo menos tiempo libre y existen muchos más recursos, como varios servicios de streaming o aplicaciones como Stremio. La facilidad con la que se puede descargar una película o hacer click en la plataforma que compraste es increíble en comparación hace un tiempo atrás.

Al igual que la vez anterior, aprendí mucho más tanto de cine, como de distintos actores y directores; pude ver mucho más cine de directoras, cine nacional o cine de terror, al cual le dediqué todo un mes, por ejemplo. Suena cliché, pero al mismo tiempo que vas viendo observando distintas historias, también vas aprendiendo un poquito más de ti. Aprendí que puedo ver películas de cuatro horas en una sentada, que la comedia romántica sigue siendo mi género menos favorito y que no tiene nada de malo ver una película solo porque te gusta un actor que aparezca ahí, aunque sea quince minutos.

Ahora comienza la temporada de premios, así que la rutina de ver películas continúa, pero, ¿un tercer desafío? Quizás en otros diez años más.

 

¡Y por fin hemos llegado al final de este desafío! Después de 364 películas, por fin llegué a la razón detrás del inicio de este segundo desafío: nunca había visto “Wall-E”; a pesar de que disfruto mucho las películas de Pixar, hay algunas tramas que no me llaman tanto la atención como para sentarme a ver.

La trama de “Wall-E” se trata de un pequeño robot, del mismo nombre, que recolecta basura en un abandonado planeta Tierra; todos los habitantes debieron salir al espacio por culpa de la contaminación y solo quedó Wall-E (Ben Burtt) limpiando chatarra y guardando las cositas más especiales, como un cubo Rubik o una vieja película que se repite todos los días. Cierto día, aparece EVE (Elissa Knight), un robot enviado del espacio para revisar si la Tierra es un lugar habitable nuevamente para los humanos; mientras Wall-E empieza a sentir cosas por EVE, ella encuentra una pequeña planta entre los cachureos de Wall-E, planta que podría ser la clave para el retorno de los humanos al planeta.

A pesar de que “Wall-E” es otra película de Pixar emotiva, graciosa y adorable, no me llegó tanto como otras; “Inside Out” y “Coco” están a otro nivel para mí. Sí me sorprendió ver a humanos en la historia, porque pensé que se trataba solo de robots y, sobre todo, me sorprendió el estado de los humanos: obesidad y obsesión por las pantallas. No muy lejos de la realidad.

 

Hay cosas en el mundo del cine que nunca dejarán de sorprenderme y el hecho de que George Miller haya dirigido una película sobre un chanchito es una de ellas, tan sorprendente como lo de “Happy Feet”, pero una de las mejores cosas que un director puede ofrecer es versatilidad.

“Babe: Pig in the City” es la secuela de “Babe”, estrenada en 1995, la cual fue un éxito, pero que Miller no dirigió; ahora había que aprovechar el éxito y estrenar una segunda: lo fome es que la secuela fue un fracaso en la taquilla y me cuesta entender por qué cuando la película es tan entretenida como graciosa. “Babe: Pig in the City” cuenta las aventuras de Babe luego del accidente que lo obliga a él y a Esme Cordelia Hoggett (Magda Szubanski) a salvar la granja; Arthur (James Cromwell) es quien sufre el accidente y no puede trabajar, por lo que corren el riesgo de perder la granja. Babe y Esme viajan a la ciudad para conseguir algo de dinero, aprovechando la reciente fama de Babe, pero allí se dan cuenta de que todo es diferente, que las personas no son amables y que las ratas cantan cada vez que sucede algo.

Las aventuras de Babe en la ciudad terminan siendo confusas y crueles y, a pesar de que también conoce a varios animales tan tiernos como él, la película no es para nada una película para niños. “Babe: Pig in the City” tiene casi tanta acción como “Mad Max: Fury Road” y me sorprendería que fuese peor película que su predecesora. 

 

No era la intención ver una película de Navidad justamente en Navidad, pero tampoco podía pasar otro año sin haber visto una película que debí haber visto en la infancia. Al ser una película tan conocida, pensé que sabía todo sobre “How the Grinch Stole Christmas”, pero varias partes de la trama se me hicieron una completamente novedad.

La película se basa en el clásico personaje del Grinch (Jim Carrey) y el cuento de cómo roba la Navidad, ya que él es una criatura que no soporta al pueblo de Whoville ni sus tradiciones debido a lo que le hicieron cuando era pequeño; no sabía que todo ese plan era parte de la venganza del Grinch, pero sí sabía que Cindy Lou Who (Taylor Momsen) ayuda a ablandar su frío corazón. Mientras Anthony Hopkins relata todo en verso, la película también se asegura de recordarnos que lo importante no son los regalos, ya que toda Whoville había caído en el consumismo extremo.

Mientras veía la película pensaba en esa frase de que el Grinch no odiaba la Navidad, sino que odiaba a las personas, pero me quedé con la impresión de que él también odiaba esta fecha. O quizás solo soy yo proyectando alguna cosa.

 


La vibra de Berlín en los ’70 y en los ’80 siempre me ha parecido una vibra oscura, fría y triste, muy Talcahuano, como diría una amiga. “Christiane F.” adopta muy bien esa vibra en su cinematografía, precisamente, porque la película se grabó durante aquellos años y porque muestra una realidad de la juventud de la época. Dirigida por Uli Edel, la película cuenta de la historia de Christiane (Natja Brunckhorst), una adolescente de trece años que se involucra en la escena de las drogas y la prostitución.

Christiane vive con su madre, tiene pocos amigos, ama a David Bowie y sueña con entrar a Sound, una disco en donde tocan toda la música que a ella le gusta, lo que me trajo recuerdos de mis deseos adolescentes de ir a Máscara o a Blondie. Cuando Christiane por consigue entrar a Sound, conoce a Detlev (Thomas Haustein), un adolescente que le presenta el uso de las drogas; Detlev también está metido en la prostitución y, es de esa manera, que consigue el dinero para seguir drogándose. Christiane se enamora de él y conoce la dura realidad de otros adolescentes como Detlev: adicciones, abuso, abandono e inseguridad.

Si “Christiane F.” es un relato crudo y realista es porque se basó en la autobiografía de Christiane Felscherinow, actriz y música alemana, y también porque las grabaciones se realizaron con actores inexpertos y las locaciones eran las verdaderas locaciones de la autobiografía: la disco y las estaciones de metro en donde se muestra a los adolescentes y adultos adictos eran reales, así como también los extras en aquellas locaciones. Es increíble que los protagonistas también hayan sido debutantes, porque todo lo que tuvieron que retratar es demasiado exigente incluso para actores con harta experiencia.

Lo mejor: el cameo de David Bowie; aunque sean unos tres minutos, su presencia es eterna.

 

Siempre temo cuando se trata de películas de Ingmar Bergman, porque me parece de esos directores que hace películas eternas y experimentales que los cinéfilos fingen amar; me pasó con “The Seventh Seal”, por ejemplo, y casi ni la veo por completo, pero sabiendo que “Autumm Sonata” se trataba de una relación entre madre e hija, tenía más fe esta vez.

“Autumm Sonata” se centra en la historia de Charlotte (Ingrid Bergman) y Eva (Liv Ullman), madre e hija que no se han visto en siete años. Charlotte es una famosa pianista clásica que sacrificó varios momentos de la maternidad de sus hijas, Eva y Helena (Lena Nyman), a cambio de su reconocida carrera; ambas crecieron, pero las heridas que dejó ese abandono las marcó para siempre. Eva se casó y perdió un pequeño hijo, mientras que una enfermedad dejó a Helena paralítica.

Cuando Charlotte aparece en la casa de Eva, luego de siete años sin verse, las emociones primero son de alegría y nostalgia, pero, cuando llega la noche, ambas empiezan a sacar los trapitos al sol; la infancia feliz que Charlotte creía que sus hijas habían tenido queda expuesta como lo contrario con cada reproche justificado de Eva. El conflicto se da en un solo oscuro escenario y entre diálogos perfectamente actuados que sacan a relucir todos los roces entre madre e hija que son difíciles de afrontar, pero fáciles de entender. “Autumm Sonata” me llegó hasta el alma y cualquier duda que tenía sobre Bergman desapareció a los diez minutos. Por ahora.

 

No más mini maratones de directores, porque me di cuenta de que llegamos a diciembre y se me están acabando los días de este desafío, así que es mejor apurarse con otras pendientes más urgentes que me quedan en la lista. Una de ellas era “Roma città aperta”, película dirigida por Roberto Rossellini y considerada como una de las más importantes del neorrealismo italiano.

La película gira en torno a los últimos días de la ocupación nazi en Roma durante 1944, centrándose en la experiencia de ciertos personajes que actuaban activamente en contra de los antifascistas. Los principales serían Francesco (Francesco Grandjacque) y Manfredi (Marcello Pagliero), quienes son parte de la Resistencia, además del cura Pietro (Aldo Fabrizi), un padre católico que ayuda a entregar dinero, mensajes o refugio. El día en que Francesco va a casarse con Pina (Anna Magnani), los nazis rodean el edificio en donde viven, por lo que los protagonistas se ven obligados a escapar como puedan.

Desde aquel momento, “Roma città aperta” se convierte en una película cruda, abrumadora y realista, tan realista que todavía pueden observarse construcciones destruidas tras los ataques alemanes, ya que la película comenzó a grabarse apenas dos meses después de que la ocupación nazi se retirara; se retrata muy bien la tristeza y la desesperanza que había en el aire, así como también la pobreza que la ocupación dejó y la crueldad con la que el pueblo fue tratado, ya que sabemos que los nazi no sentían compasión por nadie, ni siquiera por embarazadas, enfermos o niños.

“Roma città aperta” parece casi un documental de guerra.

 

Para la última parte de la mini maratón de Agnès Varda, la escogida fue “Jane B. par Agnès V.”, película de 1988 que retrata un año en la vida de la actriz y cantante Jane Birkin, ídola de los años ’60; la película es una especie de documental que mezcla viñetas de actuación, llenas de expresionismo y creatividad, junto con conversaciones a la cámara entre Jane y Agnès.

La idea surgió luego de que Jane viera “Sans toit ni loi” y le escribiera a Agnès; se juntaron en una plaza y Jane le confesó que estaba muy nerviosa con la idea de cumplir cuarenta años, pero Agnès la convenció de que era la edad perfecta para filmar un retrato de su vida. Es así como Jane nos cuenta sobre su infancia, su llegada a Francia y sus tres hijas, además de dejarnos conocer la verdadera personalidad tras el ícono: una mujer tímida y tierna que soñaba con ser una famosa desconocida y que prefería la tranquilidad de su patio que el glamour de una alfombra roja.

“Jane B. par Agnès V.” es un retrato sincero, emotivo y divertido, uno que me sirvió también para ver más allá de quien es, para mí, la mujer más hermosa del mundo.

 

El cuerpo de una joven aparece en los campos del sur de Francia; la policía comienza a investigar, pero al no poder identificarla, comienzan a preguntar a los habitantes de la región. A través de los varios relatos a modo de semi documental y del desarrollo de la historia, “Sans toit ni loi” nos presenta a Mona Bergeron (Sandrine Bonnaire), una joven que viajaba de lugar en lugar sin mayor rumbo por el mundo.

Agnès Varda retrata a Mona como una joven terca, extremadamente independiente y amante de su libertad; Mona va de lugar en lugar haciendo dedo, durmiendo bajo cualquier techo disponible y conociendo a varios personajes que cuestionan su modo de vivir. A ella no le importan las opiniones de los demás, a ella solo le importa hacer las cosas a su manera. A pesar de que algunas personas la tratan bien, como la pareja de agricultores, la profesora experta en árboles, la empleada de la mansión o el podadero tunecino, Mona también pasa por situaciones peligrosas y es la misma libertad que tanto aprecia la que también la lleva a su triste final.

“Sans toit ni loi” tiene una extraña mezcla de ser una película tan triste como esperanzadora, mostrando un contraste entre la libertad y la soledad del personaje principal, quien no pasa más de tres días en ningún lugar, pero que deja un recuerdo en cada persona que nos habla de ella.

 


La segunda elegida para esta mini maratón de Agnès Varda es “Le Bonheur”, película estrenada diez años después de su debut como directora. “Le Bonheur” retrata una historia de infidelidad de la manera estética más hermosa posible, muy digna del estilo de la nouvelle vague.

El protagonista es François Chevalier (Jean-Claude Drouot), un joven que vive feliz junto a su esposa Thérèse (Claire Drouot) y sus dos pequeños hijos, Gisou y Pierrot; estos tres últimos eran la verdadera esposa y los verdaderos hijos de Jean-Claude Drouot y su participación en esta película significó su única participación en el cine. El personaje de François no tiene ninguna razón para traicionar a su esposa ni traer problemas a sus vidas, pero de un día para otro François conoce a Émilie Savignac (Marie-France Boyer) y comienza una relación con ella. A ella tampoco parece importarle mucho que François esté casado y ambos continúan su romance cada tarde en el departamento de Émilie.

Entre varios planos hermosos que parecen sacados de las más hermosas pinturas y diálogos románticos e idealistas, la infidelidad nunca se había visto tan hermosa y apasionada; François tiene respuesta y explicación para todo, pero más que su posición frente al tema, siempre me ha llamado la atención que no sea algo tan grave para los franceses en general. ¿O quizás sea algo que solo retratan en sus películas? Bueno, siempre me ha parecido interesante y con “Le Bonheur” todavía más, porque siempre es atrayente ver aquel tema siendo retratado a través de la visión de una mujer.

 


Nueva mini maratón de directores y ahora es el turno de Agnès Varda; partí con su primera película, “La Pointe Courte”, película que también ha sido descrita como la primera de la nouvelle vague y por supuesto que concuerdo. Todo comenzó cuando Agnès viajó hasta el pueblo de Sète, en el sur de Francia, para tomar fotografías para una amiga que ya no podía viajar a su ciudad natal; después de ver las fotografías, Agnès decidió volver para grabar la historia de un matrimonio entre las varias historias de los habitantes del pueblo.

Silvia Monfort y Philippe Noiret son los protagonistas de la película, interpretando a personajes sin nombre que recorren el lugar mientras discuten sobre el futuro de su matrimonio; ella quiere separarse, pero él no. Al mismo tiempo, “La Pointe Courte” muestra los diálogos y las historias de otros personajes, como los pescadores, las amas de casa, los vecinos del protagonista, los niños que juegan todo el día o la adolescente que está enamorada; todo se siente muy original y real, porque, a excepción de los dos protagonistas, el resto del elenco se trata de habitantes comunes y corrientes de Sète, que ayudaron a Agnès a grabar esta película, porque a la directora le dieron un presupuesto demasiado injusto. Puedo imaginar por qué.

La película, por suerte, funcionó y rindió frutos, convirtiéndose en la primera exponente de la nouvelle vague, destacando esos elementos propios del movimiento, como la cámara manual, improvisaciones, personajes más realistas, autorreflexiones, entre otros. Si bien “La Pointe Courte” no se convirtió en una de mis historias favoritas, sí hay que reconocer todo el mérito que conlleva y las puertas que abrió para muchas otras directoras.

 

Para terminar esta mini maratón de Pedro Almodóvar, decidí elegir “Julieta”, película que también marca el retorno del director a las historias con mujeres protagonistas desde “Volver”. La historia se trata de Julieta Arcos, una profesora que pasa por varios momentos tan importantes que algunos de ellos siguen marcando su vida incluso en la adultez.

La película revisa la vida de Julieta desde 1985 hasta 2015. A modo de flashbacks, aprendemos que Julieta comienza una relación con Xoan (Daniel Grao) luego de que ambos se conocieran en un viaje en tren. Se casan luego de que Xoan enviudara y tienen una hija, Antía (Priscilla Delgado), pero el paso del tiempo les trae más problemas que felicidad. Luego de una tragedia, Julieta y Antía se van a vivir a Madrid, pero la vida de la protagonista vuelve a complicarse cuando su hija asiste a un retiro y le pide completa distancia.

Durante toda su continuidad, “Julieta” trata los temas del abandono, de la soledad, de la depresión y del desamor con una sensibilidad perfecta, tal y como lo hubiese esperado de Pedro Almodóvar, quien debe ser uno de los directores que mejor entiende a las mujeres. Disfruto mucho de las películas en donde los hombres son protagonistas, pero siempre amaré aquellas en donde las mujeres destacan y, si fuese por mí, Almodóvar debería quedarse siempre en ese género.

No podía creerlo cuando “Julieta” había llegado a su fin; podría ver cinco horas más de su historia.

 

Moviendo la maratón de Almodóvar a los 00s, continúo con “La Mala Educación”, historia que retrata momentos de una infancia marcada por las enseñanzas durante la dictadura de Franco y las consecuencias que sufren dos mejores amigos. Ignacio Rodríguez (Gael García Bernal) y Enrique Goded (Fele Martínez) fueron muy unidos mientras crecían en un colegio de curas, pero sus vidas se alejan durante mucho tiempo hasta que Ignacio, ahora actor, aparece en la oficina de Enrique, ahora director, entregándole un guion que ha escrito.

“La visita” se trata, justamente, de dos amigos que asisten a un colegio de curas y es una historia que no esconde nada, ni los abusos sufridos por uno de ellos a manos del cura director pedófilo ni la historia de venganza en su vida adulta. El guion es tan intrigante que Enrique decide convertirlo en su nueva película, pero el guion de Almodóvar da varias vueltas hasta llevarnos a la verdad más oculta y no son de esas vueltas que hacen que una película se vuelva aburrida o tediosa, sino que son vueltas que demuestran lo complejo y arriesgado que Almodóvar también se puede atrever a ser.

Confieso que, al principio, me vi un poco confundida entre las tres historias, pero lo bueno es que la misma película luego explica todo y no se toma tanto tiempo en hacerlo. El otro mérito de “La Mala Educación” recae en las actuaciones; Gael García Bernal interpreta a tres personajes y lo hace con un acento español demasiado creíble mientras que, hasta los personajes más pequeños logran gran presencia en la pantalla. Quizás sea la película más cruda de Almodóvar y también una de las que pase a mi top cinco.

 

“La ley del deseo” es otra de las películas de Pedro Almodóvar que gira en torno a la obsesión. Pablo Quintero (Eusebio Poncela) es un famoso director de cine y de teatro, obsesionado con su carrera; Tina (Carmen Maura) es su hermana, quien está obsesionada con ella misma de la mejor manera posible y Antonio (Antonio Banderas) es un fanático de Pablo que está obsesionado con él de la peor manera posible.

Pablo acaba de estrenar su última película, “El paradigma del mejillón”, y ya está pensando en su próximo trabajo: un monólogo teatral sobre la vida de Tina; ella es una mujer trans y no quiere ni que su vida ni que sus experiencias con los hombres sean usadas para dejarla en ridículo. Al mismo tiempo, la obsesión de Antonio por Pablo crece tanto que el tipo sigue al director a todas partes, se involucra con él y se empeña a sacar a su novio, Juan (Miguel Molina), de la vida del director.

El desarrollo de “La ley del deseo” es un poco aburrido, pero tanto el comienzo como el final compensan el resto. Al igual que el resto de las películas de Almodóvar, esta también tiene personajes muy buenos: Tina debe ser la más interesante de todos y Antonio está casi al mismo nivel de psicópata del que estaba Ricky en “Átame” (curiosamente, interpretados por el mismo actor). La película muestra lo negativo y lo positivo de la obsesión de cada personaje, incluyendo las consecuencias de obsesionarse con la religión o con una locación para una grabación.

 

Empezando una nueva mini maratón de directores, el elegido ahora es Pedro Almodóvar. Su quinta película, “Matador”, debe ser una de sus películas más cachondas, como dicen en España, quizás al nivel de “Átame”. La historia se trata de Ángel (Antonio Banderas), un aspirante a torero tímido e inexperto, quien comete un crimen y se acredita varias más, y nadie entiende por qué.

Ángel es estudiante de Diego (Nacho Martínez), un torero profesional que debió retirarse debido a una lesión. El mismo día en que Diego le pregunta a Ángel si es virgen y si le gustan las mujeres, a Ángel no le ocurre nada mejor que demostrárselo violando a Eva (Eva Cobo), su vecina y, al mismo tiempo, novia de Diego. Cuando Ángel confiesa el crimen, le asignan a la abogada María Cardenal (Assumpta Serna), una mujer que está obsesionada con la carrera de Diego.

“Matador” gira alrededor de la obsesión por la muerte, la presencia del morbo y hasta del hedonismo, presentando también personajes tan increíbles como el de María o tan entrañables como el de Pilar (Chus Lampreave), la madre de Eva, que se mete en todo lo que hace su hija. Siempre me ha gustado que Almodóvar no juzgue a sus personajes y solo los deje ser para que nosotros después formemos nuestra propia opinión; los personajes corren libremente en una historia que también se deja llevar. Pedro Almodóvar dijo que "Matador" era una de sus películas más débiles, pero me temo que tendré que contradecirlo.

 

Para terminar con esta mini maratón de Cassavetes, la escogida fue “Love Streams”, su penúltima película y la última que hizo con Gena Rowlands, y también la película que Lucrecia Martel considera que todo el mundo debería tener en su colección. “Love Streams” se trata de la historia de dos hermanos que se reúnen después de años sin verse mientras se las arreglan con distintos, pero parecidos problemas.

Por una parte, tenemos a Robert Harmon (John Cassavetes), un escritor mujeriego y fiestero, incapaz de asumir ninguna responsabilidad afectiva; su rutina espontánea se ve interrumpida cuando su ex esposa aparece en la puerta pidiéndole que cuide a su pequeño hijo, Albie, a quien Robert no había visto desde su nacimiento. Robert no tiene idea de ni cómo hablarle a su hijo, por lo que todos sus intentos son un desastre. Y por la otra parte, tenemos a Sarah Lawson (Gena Rowlands), quien está pasando por un complicado divorcio, el cual incluye una pelea por la custodia de su hija; Sarah no es la mejor cuando se trata de manejar las emociones, por lo que también aparece en la casa de su hermano tratando de lidiar con la situación.

Ni Robert ni Sarah saben cómo hacerse cargo de ellos mismos ni tampoco de sus responsabilidades; no tienen conexión con sus hijos ni aceptan las consecuencias de sus actos y creen que, con algún gesto superficial, las cosas se solucionan. Durante la primera hora de película, “Love Streams” muestra a los hermanos viviendo por separado, pareciendo casi extraños, pero cuando finalmente se reúnen, pareciera que son la misma persona viviendo en distintos cuerpos y la historia comienza a tener sentido. Ambos son insoportables, pero saben quererse a su manera.

De las cuatro películas que vi en esta mini maratón, “Love Streams” debe ser mi segunda en la lista de favoritas.

 

Una serie de reportajes sobre la corrupción y el abuso hacia los trabajadores de los muelles neoyorkinos sirvió de inspiración para la trama de “On the Waterfront”, película dirigida por Elia Kazan y considerada otro de los clásicos más del cine estadounidense. La trama se centra en el abuso que la clase trabajadora debe enfrentar en su trabajo en los muelles, ya que el lugar ha sido tomado por la mafia, cuyos líderes extorsionan y amenazan a los trabajadores y pasan a llevar todos sus derechos laborales.

Luego de la muerte de Joey Doyle, la tensión crece entre obreros y jefes y Terry Malloy (Marlon Brandon) se ve en medio de los conflictos. Terry había sido una promesa del boxeo, pero se vio obligado a trabajar en los muelles y trabajar para los mafiosos debido al mal negocio de las apuestas que hacía su hermano; Terry solo hace lo que le dicen, pero también sufre de un silencioso conflicto interno, sobre todo cuando se enamora de Edie (Eva Marie Sant en un increíble debut cinematográfico), la hermana menor de Joey. Ella es una joven inocente e ingenua, que creció y se educó lejos de la violencia de los muelles, pero que está dispuesta a llegar a la verdad sobre la muerte de su hermano.

Mientras ellos se involucran, también podemos ver la realidad del lugar gracias al resto de los personajes: la crueldad de los jefes, la resignación y el miedo de algunos trabajadores en contraste al cansancio de otros, la pobreza, la corrupción, todo un contexto retratado de aquella manera realista y cruda en que Elia Kazan lo hacía. Las actuaciones también son excelentes, sobre todo las de ambos protagonistas, y la vibra de película es de tanta desolación como de un brillo de esperanza hacia el final.

A pesar de que me han gustado mucho más otros clásicos, de todas maneras, disfruté mucho “On the Waterfront”.

 

Después de los eventos del día, se necesita de una buena distracción para pasar el trago amargo y qué mejor distracción que una película; el humor de los hermanos Coen nunca falla, así que la elegida del día fue “O Brother, Where Art Thou?”, película que retrata una parte del sur gringo y racista de los años ’30 y cuya historia está basada, a medias, en “La Odisea”, obra escrita por Homero. A medias, porque los hermanos Coen admitieron que nunca han leído ese clásico y que solo se guiaron con otras adaptaciones que habían visto o con lo que se sabe de la obra a modo de cultura general. Curioso que a los hombres siempre se les perdone detalles así.

“O Brother, Where Art Thou?” se centra en la aventura de tres convictos que escapan de la cárcel en busca de un preciado tesoro escondido; Everett (George Clooney), Pete (John Turturro) y Delmar (Tim Blake Nelson) recorren el sur de su país y conocen a varios personajes, desde el músico que le vendió su alma al diablo (Chris Thomas King), pasando por el policía tuerto que los persigue (John Goodman) y quien representa una versión del cíclope Polifemo, hasta un candidato a gobernador (Wayne Duvall) conocido por ser el líder del Ku Klux Klan. El trío también pasa por varios problemas, como el encuentro con las sirenas que los encantan con sus voces o el reencuentro con una versión de Penélope (Holly Hunter) que, en esta oportunidad, no se queda esperando a que Everett regrese de sus viajes.

Gracias al humor negro y, a la banda sonora, “O Brother, Where Art Thou?” me pareció una de las películas más entretenidas que he visto de los Coen y que he visto en el último tiempo también; la mezcla de la ignorancia gringa junto con las situaciones ridículas que se presentan funciona perfecto en una película que se desarrolla en aquel contexto y lugar de la historia estadounidense. Quería olvidarme un poquito de las votaciones de hoy, pero fue inevitable recordarlas con las escenas del Klan; solo espero que podamos hacer lo mismo que el trío hace con ellos en este país también.

 

Conocida como ser la producción más grande Hollywood, hasta el estreno de “Titanic”, la versión de Cleopatra dirigida por Joseph L. Mankiewicz también fue un dolor de cabeza para varios de los involucrados: múltiples revisiones al guión, problemas de salud que sufría la protagonista, cambios de director, escándalos amorosos y grabaciones que se extendieron más allá del tiempo previsto, pero imagino que todo valió la pena, porque finalmente pudieron estrenar la mayor producción hasta aquella fecha.

“Cleopatra” se centra en una parte de la vida de la reina egipcia, enfocándose, mayoritariamente, en su relación tanto con Julio César (Rex Harrison) como con Marco Antonio (Richard Burton); Cleopatra (Elizabeth Taylor) es retratada como una mujer determinada, decidida, ambiciosa y fuerte, dispuesta siempre a conseguir todo lo que desea. Se involucra con Julio César para mantener su título de reina de Egipto y tiene un hijo con él, pensando que el heredero también podría ser el heredero de Roma; luego de que Julio César fuese traicionado y asesinado, Cleopatra no teme en involucrarse con Marco Antonio, a pesar de que aquella relación pudiese causar una guerra entre Roma y Egipto.

La historia no es nada nueva para lo que ya se sabe de aquellos personajes históricos, por lo que la producción es el verdadero encanto detrás de “Cleopatra”; las escenas de la entrada de la reina a Roma, el asesinato de Julio César o la guerra marítima son increíbles e hipnotizantes y logran que las cuatro horas de duración se sientan como cuatro horas bien invertidas. Debido a esta larga duración, la película incluye dos intermedios, pero yo recomendaría tomar “Cleopatra” como una cinta de dos partes, como fue concebida inicialmente, divididas por el romance de la reina con cada romano; verlas con intervalo de tiempo mayor a media hora hace que la película no se sienta eterna.

 

Cuando fui a ver el reestreno de “Jaws”, mostraron el tráiler de “The Long Walk” y no le encontré sentido en un principio; después me enteré de que la película estaba basada en un libro de Stephen King del año 1979 y las cosas empezaron a tener un poco más de sentido. El libro cuenta la historia de un grupo de cincuenta adolescentes que, viviendo en una versión distópica de Estados Unidos, compiten en una extensa caminata con tal de ganar un premio millonario; está prohibido detenerse, bajar el ritmo, dormir y hacer sus necesidades o los militares apuntarán y dispararán sin escrúpulo alguno. El juego es extremo y violento y solo uno de los competidores debe permanecer vivo para que la competencia termine.

Se había intentando adaptar el libro a la pantalla grande antes, pero recién este año se logró; “The Long Walk”, la película, es dirigida por Francis Lawrence, director idóneo, ya que también estuvo a cargo de otras películas distópicas sobre adolescentes y sobrevivencia, como la saga de “The Hunger Games”, por ejemplo. Protagonizada por Cooper Hoffman y David Jonsson, la película solo se toma un par de libertades en cuanto al libro; el cambio sobre el final puedo entenderlo, pero borrar las dudas sobre la sexualidad del personaje principal como si todavía existiera el código Hays, me pareció una decisión medio extraña. Un detalle que podría ser más criticable es que el personaje de Pete (David Jonsson) es una especie de aquel cliché del personaje afroamericano mágico/sabio, que solo existe en la trama para ayudar o guiar al protagonista.

De todos modos, “The Long Walk” convence muy bien con las razones del por qué existe una competencia como aquella eterna caminata, desarrolla muy bien la idea de la hiper masculinidad y del patriotismo relacionada a regímenes autoritarios y le alcanza el tiempo para desarrollar a los personajes; podría ser aburrido ver a los personajes siempre en el mismo contexto, pero “The Long Walk” no cae en esa trampa, ya que siempre está pasando algo y los diálogos son lo suficientemente buenos como para mantener la atención. A veces es cruda, pero nunca aburrida.

Me gustó mucho este universo alternativo de Lo Vásquez; con mi suerte, habría sido el niño que se quiebra la pata.
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