Ayer me pegó un resfriado de la nada y, sin querer pensar, elegí ver “Confessions of a Shopaholic”; sin desmerecer al género de la comedia romántica, pero es el que necesita menos concentración. La película está basada en el libro del mismo nombre que había sido súper exitoso en 2004 y el cual, a pesar de la cubierta superficial, trata un tema mucho más grave y profundo.
Porque la protagonista, Rebecca Bloomwood (Isla Fisher), debe ser la mujer más superficial de Nueva York; toda su imagen se basa en ropa y accesorios de marcas carísimas que la dejan en deuda todos los meses. Ella trabaja como periodista en una revista sobre jardinería, por lo que su sueldo no coincide con lo que marcan sus nueve tarjetas de crédito; Rebecca está obsesionada con comprar todas esas cosas, porque siempre ha soñado con trabajar en la revista de moda Alette y disfrutar el estilo de vida que esa revista promete.
Entre varios enredos semi adorables, Rebecca conoce a Luke Brandon (Hugh Dancy), un periodista de la misma editorial, quien le ofrece un trabajo y el cual Rebecca acepta solo con tal de llegar a Alette; cada encuentro entre ellos es de esos adorkable, los que, luego de un rato se vuelven insoportables, pero que bajo las manos de Isla Fisher pueden llegar a ser graciosos, ya que ella tiene el carisma como para llevarlos a cabo. La película continúa aquella misma línea hasta el final, pero también muestra el crecimiento de Rebecca, quien incluso se une a un grupo de adictos a las compras.
No sé si habrá sido la fiebre, pero me dio mucha pena todo ese grupo.











