Es increíble el tiempo que me tomó ver una película de Alexander Skarsgård y Margot Robbie, pero sabía que la trama iba a ser tan mala que lo evité harto rato. “The Legend of Tarzan” está basada en el mítico personaje de Tarzán, pero no es la típica historia de orígenes, sino que aquí vemos a un John Clayton III (Alexander Skarsgård) ya climatizado con la vida en Londres que siempre debió haber tenido; trata temas políticos con sus consejeros y vive en una hermosa mansión con Jane (Margot Robbie), su enérgica esposa.
Hasta ahí, todo bien, pero desde el principio se nota que no hay química entre ellos y que la historia no tiene mucho peso; el rey de Bélgica quiere apoderarse de la región del Congo para, al mismo tiempo, obtener unos diamantes, por lo que se necesita de la ayuda de John para aliviar las tensiones entre los residentes y los políticos. El mayor problema y, lo que más me molestó, es que tanto John como Jane quedan como los salvadores blancos a quienes todas las tribus, animales incluidos, quieren y respetan. Hay varios flashbacks que constantemente nos quieren meter esa idea e incluso hay un personaje, George Washington Williams (Samuel L. Jackson), que es usado como aliado de aventuras de John para que su presencia no sea vista como la del white saviour, pero nunca funciona.
“The Legend of Tarzan” se va volviendo aburrida tras cada diez minutos; el CGI es malo, la trama se pierde, no hay química entre los protagonistas y ni siquiera las escenas de Tarzán sin polera valen la pena.
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