El cuerpo de una joven aparece en los campos del sur de Francia; la policía comienza a investigar, pero al no poder identificarla, comienzan a preguntar a los habitantes de la región. A través de los varios relatos a modo de semi documental y del desarrollo de la historia, “Sans toit ni loi” nos presenta a Mona Bergeron (Sandrine Bonnaire), una joven que viajaba de lugar en lugar sin mayor rumbo por el mundo.
Agnès Varda retrata a Mona como una joven terca, extremadamente independiente y amante de su libertad; Mona va de lugar en lugar haciendo dedo, durmiendo bajo cualquier techo disponible y conociendo a varios personajes que cuestionan su modo de vivir. A ella no le importan las opiniones de los demás, a ella solo le importa hacer las cosas a su manera. A pesar de que algunas personas la tratan bien, como la pareja de agricultores, la profesora experta en árboles, la empleada de la mansión o el podadero tunecino, Mona también pasa por situaciones peligrosas y es la misma libertad que tanto aprecia la que también la lleva a su triste final.
“Sans toit ni loi” tiene una extraña mezcla de ser una película tan triste como esperanzadora, mostrando un contraste entre la libertad y la soledad del personaje principal, quien no pasa más de tres días en ningún lugar, pero que deja un recuerdo en cada persona que nos habla de ella.

















