Las críticas de “Antichrist” siempre me mantuvieron alejada de esta película, así como también una acción de la protagonista casi al final de la historia; nunca me arruinó la trama, pero sí tenía algo de miedo de verla. Primero, “Antichrist” se trata de la historia de un matrimonio que pierde a su pequeño hijo y Lars von Trier no se limita en mostrar con lujo de detalles cada imagen de aquel fatídico día.
Ya comenzando con ese trauma, seguimos al matrimonio hasta una cabaña en donde intentan pasar unos días tranquilos sin dejar de enfrentar la muerte de su hijo. Él (Willem Dafoe) es psicólogo, por lo que está empecinado en ayudar a su esposa (Charlotte Gainsbourg); como ansiosa, no sé si la terapia de exposición siempre sea lo mejor, por lo que se siente una especie de tortura que la protagonista tenga que pasar por algo así tan pronto dentro de su período de luto. Incómodo.
“Antichrist” tiene muchos momentos de duelo, llanto y dolor, divididos en tres capítulos, uno más intenso que el otro; también hay una especie de misterio en aquella cabaña que se encuentra en la mitad de la nada, uno que comienza a transformar las cosas en algo bastante raro y tétrico, muy en el estilo de Lars von Trier. Con “Antichrist” también terminó la trilogía de la depresión, la cual el director comenzó a desarrollar luego de haber sufrido también depresión y de haber pasado un tiempo en una clínica de rehabilitación.
Ojalá mi depresión pudiera también hacer tres películas de una.


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