Aquella frase de que Anónimo siempre fue una mujer le queda casi como anillo al dedo a “Colette”, película sobre la historia de Sidonie-Gabrielle Colette (Keira Knightley), escritora que se hizo conocida en Francia gracias a las novelas de su personaje Claudine, a quien basó en sus propias experiencias viviendo en un pueblito de Burgundy. Más conocida como Colette, la escritora se casó con Henry Gauthier-Villars (Dominic West), un hombre catorce años mayor que ella, quien la llevó a vivir a París, en donde Colette comenzó a aprender de la vida bohemia e intelectual y de los artistas de la época.
Además de expandir sus horizontes y de explorar su bisexualidad, Colette también comienza a escribir para Henry; primero lo hace como escritora fantasma, pero cuando termina la primera novela de Claudine, Henry toma todo el crédito de la obra con la excusa de que Colette nunca podría publicar sus trabajos por el simple hecho de ser mujer. Claro que para la época era verdad, pero Henry se aprovecha demasiado de la situación y relega a Colette a segundo plano; ella acepta la posición de inspiración, pero no teme encarar a su marido cada vez que sea necesario o hacer lo que ella quiera cuando se aburre de sus actitudes.
“Colette” es una biografía tan interesante que ahora necesito leerme todos los libros de Claudine en un día; no sólo es interesante porque retrata la figura de una mujer como Colette, sino porque también muestra personajes como el de Missy (Denise Gough), una artista que se atrevía a vestirse como hombre en una época donde era ilegal que las mujeres usáramos pantalones, por ejemplo, o por el paso de la modernidad a través de la historia: de carruajes a autos, de velas a electricidad, de tinta a lapicera, detalles que me gustaron tanto como la escena en donde le dicen a Colette que tiene bonitos dientes.
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