Día 64: Gaslight (1944)

 

El término “gaslighting” ha empezado a usarse desde hace poco, pero todas las mujeres sabemos que la acción ha existido desde hace siglos; nos han hecho creer que estamos exagerando, que estamos siendo muy sensibles y, como último gran recurso, básicamente nos han hecho creer que nos estamos volviendo locas, tal y como le pasa a la protagonista de “Gaslight”, película dirigida por George Cukor.

Paula Alquist (Ingrid Bergman) es una joven, vulnerable e inocente aristócrata, una candidata ideal para caer en las redes de los manipuladores, por lo que cae de inmediato en las garras de Gregory Anton (Charles Boyer); ambos tienen un romance de dos semanas en Italia cuando deciden casarse y vivir en Londres. Paula no está segura de regresar a su hogar, ya que su tía había sido asesinada misteriosamente en esa mansión, pero Gregory la convence de volver a sus raíces.

Paula no lo nota al principio, pero, como público, podemos notar las señales apenas los recién casados llegan a Londres. Gregory la aleja de su gusto por la música, comienza a tratarla de olvidadiza, no la deja realizar fiestas ni recibir invitados, ni siquiera conversar con los empleados, pequeñas acciones que consiguen que Paula termine aislada e insegura de sí misma. Tanto el trato de Gregory como los misteriosos pasos que Paula escucha en el tercer piso son suficientes como para hacerla sentir que se está volviendo loca.

Es frustrante ver lo que un hombre puede hacer con una mujer solitaria que lo ama devotamente, por lo que “Gaslight” de inmediato se transforma en una película de terror; cada acción de Gregory es cada vez más cruel y la sensación de estar volviéndose loca, de escuchar ruidos que nadie más escucha, ver cosas que nadie más parece ver y que nadie alrededor te crea es demasiado angustiante. Definitivamente, una película de terror.

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