365mm Vol. 2

  • Inicio
  • Sobre mí
  • Géneros
  • Países
  • Décadas
  • Otro blog
  • Vol. 1

 


Anna Biller contó que la inspiración para “The Love Witch” le llegó luego de leer esa frase que dice que una relación sólo funciona si el hombre quiere más que la mujer; a partir de eso, la directora comenzó a desarrollar el personaje de Elaine Parks (Samantha Robinson), una bruja que ha quedado recientemente viuda y que sólo quiere encontrar el amor. Elaine se muda a California, donde pronto comenzará a usar sus trucos y hechizos con los hombres a su alrededor.

A pesar de que, al principio, encontré que el personaje y su magia eran bastante sexistas, al nivel de prácticas y creencias retrógradas, después entendí por qué lo hacía y por qué podía hacer lo que ella quisiera. Sin embargo, lo que más disfruté de “The Love Witch” fue la cinematografía que recuerda toda la época del technicolor y la estética de época en una historia que se desarrolla en el contexto actual; extraño tanto ver películas con colores como si hubiese vivido en los años '50 o ver cómo colores o prendas extremadamente femeninas no se utilizan como algo tonto o superficial.

Otro detalle interesante que contribuye a la vibra de película antigua es que ninguno de los actores que participó en esta película parece haber visto un iPhone en su vida. 

 

La mezcla de ciencia ficción con esto de encontrar señales por todos lados podría ser una muy buena trama, pero en “2:22” no supieron desarrollarla; había material de sobra con todo lo relacionado a una supernova que estaba en el espacio, las coincidencias sucediendo a cada rato en Nueva York y el número 222 apareciendo en todas partes, pero decidieron concentrarse en la historia romántica entre Dylan (Michiel Huisman) y Sarah (Teresa Palmer), una muy cliché y sin química, por cierto.

Yo sólo quería ver a Michel Huisman y, al menos, la película sirvió.

 


Hablando de los excesos de la fama, jamás pensé que de eso se trataba “Valley of the Dolls”; siempre asumí que era una comedia romántica o un romance muy cliché de la época, por lo que me sorprendí con cada vuelta en la trama. Basada en el libro homónimo de 1966, la película cuenta la historia de tres amigas y sus desventuras en el mundo del espectáculo.

Anne Welles (Barbara Parkins) es una inocente recién graduada que consigue trabajo como secretaria de un abogado que aconseja a famosos; Anne conoce a Neely O'Hara (Patty Duke) es un ensayo teatral al que asiste y, de inmediato, conoce el tremendo talento de la aspirante a cantante y actriz. En aquella misma obra, trabaja también Jennifer North (Sharon Tate), otra aspirante a estrella que sabe que debe aprovechar su belleza para triunfar.

Anne luego se convierte en modelo de productos de maquillaje, Neely consigue su sueño de ser una estrella de Hollywood y Jennifer se dedica al cine erótico francés; parece la vida perfecta para las tres desde afuera, pero las amigas tienen que lidiar con sexismo, divorcios, alcoholismo, rehabilitación y hasta problemas legales; el valle nunca fue un valle bonito. De hecho, el nombre viene del slang “dolls”, un término que servía para referirse a las pastillas, específicamente la dolofina.

También es triste que el destino de los personajes sea tan parecido al de las actrices principales. Barbara Perkins se retiró de Hollywood, Patty Duke sufrió trastornos mentales el resto de su vida y, bueno, ya sabemos lo que pasó con Sharon Tate.

 

Gia Carangi es una leyenda en el mundo del modelaje; luego de convertirse en una de las primeras supermodelos durante los años ochenta, la vida de Gia también se caracterizó por los excesos que siempre acompañan a la fama, los cuales, sumados a los traumas sin resolver que ella ya acarreaba, terminaron por arruinar su vida y su carrera por completo.

Las películas biográficas tienden a ser muy melodramáticas o muy explotadoras y por eso también tiendo a evitarlas; lamentablemente, “Gia” es un ejemplo má de lo peor del género. A pesar de que trata algunos temas de buena manera, como el tema de su sexualidad, su carácter o su relación con su mánager, por ejemplo, la película se dedica sólo a mostrarnos los peores momentos de Gia, siempre llorando, siempre drogándose, siempre siendo abandonada, siempre fuera de control. Y, aunque varios de esos momentos definieron parte de su vida, me habría gustado mucho más ver otro lado de ella, uno que precisamente no alcanzamos a conocer.

 


Cuando escucho a la gente decir cosas como “ya no hacen películas como esta”, siempre se trata de películas súper galardonadas y amadas por la crítica, pero a mí también me gusta pensar en películas como “Romancing the Stone”, películas que mezclaban la comedia romántica con el género de aventuras y que podíamos encontrar una tarde viendo “Cine en su Casa” en Canal 13.

La película se trata de Joan Wilder (Kathleen Turner), una exitosa escritora de novelas de romance y aventura cuya vida es todo lo contrario: vive sola acompañada de su gato y tiene cero vida social, la representación de ese clásico estereotipo con el que siempre nos han metido miedo; por mi parte, Joan ya lo tenía todo al ser una famosa escritora. Su vida se pone interesante cuando debe viajar a Colombia a rescatar a su hermana Elaine (Mary Ellen Trainor), ya que allá conoce a Jack T. Colton (Michael Douglas), un cazador que se parece demasiado a la imagen que Joan creó de Jessie, protagonista e interés romántico de sus libros.

Elaine finalmente comienza a vivir las aventuras de las que sólo escribe y, entre miles de estereotipos latinos y de Cartagena siendo en realidad México, ella y Jack también deben encontrar una piedra preciosa con tal de salvar a Elaine. “Romancing the Stone” es liviana, graciosa y tiene sus momentos divertidos, además de nunca dejar de jugar a la aventura; hoy en día, si bien tenemos películas de acción/familiares, no se siente lo mismo al verlas, ya que no tienen ese aire tierno e inocente o ya no quieren sólo entretener, sino que sólo quieren vender y hacernos creer que Gal Gadot o Ryan Reynolds son buenos actores.

 

Hombreras, pelos gigantes y el sueño americano en su máxima expresión es de lo que se trata “Working Girl”, dirigida por Mike Nichols. Mujeres caminando en zapatillas hacia sus oficinas, pero con los tacos en la cartera, fueron la inspiración para esta historia, un detalle que me encantó apenas lo vi y que de inmediato me recordó a una escena de “The Devil Wears Prada”.

“Working Girl” se trata de la ambición femenina en un mundo laboral siempre liderado por hombres. Tess McGill (Melanie Griffith) conoce el lado más detestable de ese mundo: acoso y subestimación, pero cuando llega a la oficina de Katharine Parker (Sigourney Weaver), una oficina en donde sólo trabajan mujeres, Tess sabe que está en el lugar indicado para ascender en su carrera. Lo fantástico que sería trabajar en un lugar así, pero Tess pronto se da cuenta de que Katharine es mucho más ambiciosa y calculadora de lo que pensaba, por lo que la novata no perderá la oportunidad de escalar por sí sola, aunque eso implique involucrarse con Jack Trainer (Harrison Ford).

Hay muchos otros enredos y problemas durante la trama, pero no podría juzgar nunca ni a Tess ni a Katharine por ser ambiciosas y por saber lo que quieren; quizás los métodos eran complicados, pero no eran nada peores de lo que sus colegas hacían. Recuerdo que en el libro “Unlikeable Female Characters”, mencionaban que se castigaba a personajes así sólo por el simple hecho de querer crecer y tener una carrera cuando, en realidad, deberíamos premiarlos por la misma razón; muy de acuerdo.

También vi “Working Girl” a modo de preparación antes de ver “Materialists”, la nueva película de Celine Song; es tan obvia la decisión del personaje de Dakota Johnson que no me explico dónde está la dificultad, pero lo que ahora sí entiendo es que su cara de nada al momento de actuar la heredó también de su madre.

 


Las críticas de “Antichrist” siempre me mantuvieron alejada de esta película, así como también una acción de la protagonista casi al final de la historia; nunca me arruinó la trama, pero sí tenía algo de miedo de verla. Primero, “Antichrist” se trata de la historia de un matrimonio que pierde a su pequeño hijo y Lars von Trier no se limita en mostrar con lujo de detalles cada imagen de aquel fatídico día.

Ya comenzando con ese trauma, seguimos al matrimonio hasta una cabaña en donde intentan pasar unos días tranquilos sin dejar de enfrentar la muerte de su hijo. Él (Willem Dafoe) es psicólogo, por lo que está empecinado en ayudar a su esposa (Charlotte Gainsbourg); como ansiosa, no sé si la terapia de exposición siempre sea lo mejor, por lo que se siente una especie de tortura que la protagonista tenga que pasar por algo así tan pronto dentro de su período de luto. Incómodo. 

“Antichrist” tiene muchos momentos de duelo, llanto y dolor, divididos en tres capítulos, uno más intenso que el otro; también hay una especie de misterio en aquella cabaña que se encuentra en la mitad de la nada, uno que comienza a transformar las cosas en algo bastante raro y tétrico, muy en el estilo de Lars von Trier. Con “Antichrist” también terminó la trilogía de la depresión, la cual el director comenzó a desarrollar luego de haber sufrido también depresión y de haber pasado un tiempo en una clínica de rehabilitación.

Ojalá mi depresión pudiera también hacer tres películas de una.

 

Zzzz…

Tercer intento de ver esta película. 

Muchos consideran que “The Seventh Seal” es una obra maestra del cine, por lo que intenté verla la primera vez que hice este desafío de películas; no duré más de diez minutos. La segunda vez lo intenté hace unos cinco años, quizás ya más madura, pero sólo duré hasta la media hora. Ayer volví a intentarlo y, a pesar de haber estado enferma, me obligué a terminarla, porque si no lo hacía ahora no lo haré nunca.

La terminé y fue una decepción igual. Entiendo que la consideren como una obra maestra, porque la cinematografía es bonita y porque retrata muy bien el contexto de la Edad Media junto con las temáticas de la plaga o del Juicio Final, temas a los que las personas le tenían pánico, pero toda la volá filosófica no da para tanto; es aburrida, lineal y de esas cosas que quieren decir mucho, pero que terminan diciendo nada.

Habría sido mucho mejor que “The Seventh Seal” se hubiera quedado en el teatro donde empezó, porque como película, no me hizo sentir nada más que aburrimiento.

 

Todavía no he leído “The Girl on the Train”, pero sí recuerdo el furor que causó en la época y que todo el mundo lo recomendaba; el libro también consiguió súper buenas críticas, tan buenas que no pasaron ni dos años antes de que se vendieran los derechos y se comenzara a grabar la película. Dirigida por Tate Taylor, "The Girl on the Train” cuenta la historia de Rachel (Emily Blunt), una mujer divorciada, solitaria y alcohólica que se obsesiona con observar a Megan (Haley Bennett), una joven que parece tener la vida perfecta o al menos la vida con la que Rachel no deja de soñar.

Al mismo tiempo, la película también nos muestra a Tom (Justin Theroux), el ex marido de Rachel, y a Anna (Rebecca Ferguson), su nueva esposa y madre de su pequeña hija. Rachel, todavía sin superar la separación, no deja de perseguir ni de stalkear a ambos, de emborracharse hasta apagar tele y de, básicamente, seguir arruinando su vida sin poder evitarlo. Su única distracción es observar a Megan cada vez que el tren en el viaja pasa por la casa de la joven, pero se siente traicionada cuando ve a Megan con un hombre que no es su marido.

Desde ese momento, seguimos a Rachel seguir también a Megan y podemos ver cómo su obsesión la hace mentir e involucrarse en una desaparición inesperada; es inevitable no sentir pena por ella, porque no tiene más vida que fijarse en las vidas de los demás. Su enfermedad acaba con su vida y, cuando pasa lo peor, nadie puede ni quiere creerle. Según un par de críticas que leí, el libro es mucho mejor (como siempre), pero disfruté mucho la manera en que “The Girl on the Train” revelaba secreto tras secreto; nunca esperé los supuestos predecibles plot twists, por lo que me sorprendí bastante durante esas escenas finales. 

 

Entre brujería y blues, “Angel Heart” se desarrolla durante los años cincuenta como la historia de Harry Angel (Mickey Rourke); Harry es un investigador privado contratado por Louis Cyphre (Robert De Niro), un excéntrico personaje que le encarga encontrar a Johnny Favorite, un antiguo amigo que había conseguido fama siendo cantante un par de años antes. Harry se encuentra envuelto en un mundo que mezcla lo supernatural con el género del detective, en donde descubre muchos más personajes de los que esperaba y muchos sub plots que lo alejan cada vez más de la verdad.

Además de alejarlo de la verdad, la trama se vuelve un poco tediosa, pero al menos el misterio nunca se acaba. Sin duda, lo más interesante de “Angel Heart” es el personaje de Robert De Niro, con su bastón elegante y sus uñas perturbadoras incluidas, pero lo que más me gustó fue la vibra y los guiños a lo que “Sinners” también demuestra en varias partes de su trama: esa mezcla de blues, brujería y músicos vendiendo su alma al Diablo con tal de conseguir la fama que tanto desean. Todavía no me recupero de lo maravillosa que fue esa película.

 


Luego de la muerte de su abuela materna, Nelly (Joséphine Sanz) visita su antigua casa junto a sus padres; entre rincones vacíos y otros llenos de recuerdos, Nelly conoce a Marion (Gabrielle Sanz), una pequeña casi de su edad, muy parecida a sí misma, que pronto nos damos cuenta es la versión de madre (Nina Meurisse) cuando era una niña. Ambas se convierten rápidamente en amigas y, además de jugar, hablan de su presente y de su futuro de la manera más tierna e inocente posible.

“Petite Maman” es una fantasía adorable capaz de llegar al corazón más convencido de no tener hijos (el mío); al igual que a Nelly, me encantaría pasar unos días de vacaciones con la versión pequeña de mi mamá, pero tampoco dejaba de pensar cómo habría sido conocer a mi futura hija y saber si se parece a mí, si nos gustan las mismas cosas, si tememos las mismas cosas o si extrañaremos a nuestras madres de la misma manera.

 

What the fuck is happening?

A veces pienso que los directores nos están jugando una broma, porque una película como esta no puede pasar por editores, productores y todos decidir que está bien y que es algo decente para presentarle al mundo. Tiene que ser una broma, ¿verdad?

“The Happening” no tiene ninguna explicación racional, tal y como el suceso de la trama central: un virus transmitido a través del aire que convence a las personas de suicidarse; nadie sabe por qué empieza un día de la nada y cómo termina al día siguiente a cierta hora de la nada. Las actuaciones también son irracionales, además de pésimas y vergonzosas, bordeando la parodia, porque eso es lo que parece la película, una parodia al estilo de “Scary Movie”. 

Al menos me reí en un par de escenas.

 

Me encantan esas leyendas urbanas sobre músicos o artistas que vendieron su alma al Diablo para conseguir el tan soñado éxito y que consiguieron engañar al mismísimo durante un tiempo; una de esas leyendas sirvió de inspiración para “Sinners”, la nueva película de Ryan Coogler. La historia de Robert Johnson cuenta que el músico, triste por no tener talento para su pasión, le vendió su alma al Diablo y logró convertirse en el mítico Rey del Delta Blues; su éxito fue gigante, pero su vida personal fue caótica y murió a los 27 años. Varias de sus letras hacían alusión a la muerte, a la magia negra y al más allá, por lo que el mito creció y creció.

Además de mezclar su trama con los inicios del blues y la batalla del bien y el mal dentro de la religión, “Sinners” también incluye otros temas como la brujería, el racismo y el vampirismo dentro del contexto de Jim Crow en el sur de Estados Unidos. Los protagonistas son Smoke y Stack Moore (Michael B.Jordan), gemelos que regresan a su pueblo natal para fundar un nuevo club nocturno; para eso, reclutan la ayuda de Grace Chow (Li Jun Li), Cornbread (Omar Miller), Delta Slim (Delroy Lindo) y de Annie (Wunmi Mosaku), la esposa de Smoke que practica el hoodoo. Además, los gemelos invitan a su primo Sammie (Miles Caton), quien sueña con convertirse en músico a pesar de los reproches del pastor de su padre.

Él le advierte que, si baila mucho tiempo con el Diablo, este lo seguirá hasta casa, lo cual se convierte en una especie de premonición cuando aparece Remmick (Jack O'Connell) en las afueras del club, pidiendo ser invitado a entrar. Remmick es un vampiro irlandés, interesante detalle que lo hace empatizar con la situación abusiva de la época o que puede ser un simple guiño a Bram Stoker; de todos modos, aquel detalle sólo aporta más a la genialidad de “Sinners”, ya que la mezcla de todos esos temas la convierte en una historia de terror y acción que no descansa nunca, además de un homenaje hermoso a la cultura afroamericana que la escena de la influencia musical en el bar retrata a la perfección; creo que no dejaré de pensar en esa escena en meses.

De hecho, no dejaré de pensar en toda la película en meses. La dirección de Ryan Coogler, la música de Ludwig Göransson y las actuaciones de todos los actores son perfectas, tan perfectas que “Sinners” es de esas películas que te recuerdan por qué te gusta tanto el cine.

 


Nada que me guste más que las películas de terror de los años setenta hechas con un presupuesto de cien lucas que luego se transforman en películas tan icónicas que sus remakes de los años ’00 nunca alcanzarán ese nivel. En este caso, la versión de 2006 de “The Hill Have Eyes” me gustó tanto que nunca me tomé el tiempo de ver la versión original; quizás porque al menos fue producida por Wes Craven.

Basándose en una pequeña anécdota que le sucedió durante un viaje, mi extrañado director escribió y dirigió la versión original de esta historia sobre una familia que encuentra su peor destino durante un viaje a California. A pesar de que fueron advertidos, como buena familia gringa, nadie hizo caso y se metieron a una carretera que no debían sólo para ser atacados por otra familia, un grupo misterioso y violento que aprovecha la visita de algunos porfiados para hacer de las suyas.

A pesar de saber todo lo que pasaría, “The Hill Have Eyes” me mantuvo tan asqueada y asustada como cuando vi el remake; la trama me indujo ansiedad, los desconocidos son igual de terroríficos y la sensación de soledad es igual de desesperante. Obvio que el presupuesto es distinto y el maquillaje mejoró en la segunda versión, pero las vibras de ese terror setentero están ahí.


Hace poco terminé “El Eternauta” y, además de maravillarme con el nivel de la producción argentina, quedé con la sensación de que tenía unas vibras a “Invasion of the Body Snatchers”; claro, son contemporáneas e igual de buenas. Ambas fueron publicadas en la década del ’50, una excelente época para la ciencia ficción y las invasiones alienígenas.

En “Invasion of the Body Snatchers”, todo comienza cuando una raza extraterrestre viaja a la Tierra, específicamente a San Francisco, y adopta la forma de plantas y flores para no llamar la atención, pero pronto la científica Elizabeth Driscoll (Brooke Adams) nota algo distinto en el comportamiento de su marido luego de haber recogido una flor y haberla traído a casa. Su compañero de trabajo, Matthew Bennell (Donald Sutherland), la desestima al principio, pero luego ambos comienzan a notar que el resto de las personas también actúan de manera extraña, robótica, como si no tuvieran sentimientos.

La historia nos lleva a notar que la invasión alienígena está creando dobles de los seres humanos y sólo apenas unos pocos se están salvando, por lo que deciden enfrentar la amenaza por más peligrosa que esta sea y por menos recursos con los que cuenten. Entre descubrimientos, persecuciones y harto suspenso, “Invasion of the Body Snatchers” me tuvo metida en la historia de principio a fin; a pesar de que ya sabía el plot twist, una buena película jamás te arruinará el desarrollo.

 

El único acercamiento que tengo hacia “Camp Rock” son los videos de burla que siempre aparecen en Tik Tok, ya que en la época en la que la película se estrenó yo ya era bien grande y snob como para ver una adaptación de los nuevos ídolos de Disney. Lo bueno de estos videos de Tik Tok es que venían con un challenge: tomar un sorbo cada vez que pasara algo cringe durante la película. Desafío aceptado.

En aquella época donde también nos querían vender a Demi Lovato como latina, la cantante interpreta a Mitchie Torres, una adolescente que sueña con asistir a un campamento de verano llamado “Camp Rock”; sólo consigue un cupo gracias a que su madre, Connie (Maria Canals-Barrera), se convierte en la cocinera del lugar. Mitchie quiere cantar y hacer amigos, pero pronto conoce a la chica más popular del campamento, Tess Tyler (Meaghan Jette Martin), y negará hasta a su madre con tal de acercarse a ella. Al mismo tiempo, aparece Shane Gray (Joe Jonas haciendo de sí mismo), un cantante con aires de divo que es castigado por su disquera para pasar un tiempo en el campamento dirigido por su tío.

Entre canciones cursis y escenas tan vergonzosas que llegan a dar risa, por supuesto que terminé borracha a la media hora.

Hay un montón de películas que siento que debí haber visto antes si tan sólo hubiese tenido una hermana o hermano mayor que me enseñara de estas cosas y “The Doom Generation” es una de esas películas; siempre veía posts en la época de Tumblr y me llamaba mucho la atención que a todos les gustara la estética y el look del personaje de Rose McGowan. 

La película, dirigida por Gregg Araki, es una de esas películas independientes de los años noventa que alcanzaron el nivel de película de culto; catalogada como el director como su primera “película heterosexual”, la cinta también es parte de una trilogía que, hasta el momento, no sé si tenga las ganas de ver. Verán, “The Doom Generation” puede ser una fiel representación de la juventud de aquella época, pero a mí me pareció sólo una expresión de lo que los boomers creían que la generación X era.

La historia se trata de una pareja, Amy (Rose McGowan) y Jordan (James Duval), quienes se encuentran con Xavier (Johnathon Schaech) y se convierten en prófugos de la justicia. A pesar de que la película nunca deja de presentar situación tras situación y de tener un humor negro muy al estilo de “Daria”, por ejemplo, me aburrió mucho toda su vibra y desarrollo; no conecté con ningún personaje y sólo quería que la película terminara de una vez.

 

Desde el momento en que aparecieron las primeras imágenes de “Snow White”, supimos que la película estaba destinada al fracaso; el hecho de que cambiaran la figura de los enanos por actores tan distintos no me molestó tanto como el esfuerzo tan obvio de Disney que querer hacer algo diferente cuando podrían mantener a los enanos y mejorar lo que ya existía. Luego de las primeras imágenes, llegaron los comentarios de Rachel Zegler criticando la versión original de Blanca Nieves y, por supuesto, la contratación de la sionista de Gal Gadot como la La Reina Malvada, un papel que sólo le queda bien debido a sus creencias que por cualquier otra razón relacionada con sus “dotes” actorales.

Esta nueva versión, dirigida por Marc Webb, sigue la misma historia de la versión original, pero se concentra mucho en darle un propósito a Snow White (Rachel Zegler) como la princesa del reino; sus padres habían sido reyes perfectos, que mantenían el lugar en paz y a sus súbditos felices, pero un día la reina muere y el rey se casa con la Reina Malvada (Gal Gadot). Luego el rey desaparece y ella se apodera de la riqueza sólo para satisfacer sus deseos de belleza y de joyas, mientras que Snow White pasa a segundo plano y olvida el valor que sus padres le enseñaron.

La historia también introduce al Príncipe Jonathan (Andrew Burnap) como el líder de una banda de ladrones, quien le recuerda a Snow White que siempre es el momento de luchar. La banda de los ladrones resulta ser el grupo que aparecía en las imágenes que causaron controversia, por lo que nadie me quita de la cabeza que ellos iban a ser los enanos y que Disney se echó para atrás luego de todas las críticas; podrías sacar a los ladrones de la historia y no afecta en nada a la película. Disney, entonces, decidió agregar también a los enanos, pero con la ayuda de uno de los peores CGI que he visto en el último tiempo.

Entre canciones olvidables y mucho más CGI horrible, “Snow White” sólo se salva de ser un bodrio gracias a la actuación de Rachel Zegler; ella no es de mis favoritas, en especial porque es de las actrices estadounidenses que se creen latinas, pero su talento actoral y musical es innegable. El resto… es completamente aburrido y casi detestable. Una prueba más de que Disney ya no debería hacer más de estos live remakes y concentrarse en hacer cosas más originales.

 

Todos crecimos con la misma historia romántica y esperanzadora de Cenicienta cuando la realidad era que los hermanos Grimm habían escrito una historia mucho más tétrica de lo que imaginábamos; lo bueno es que agradezco que una directora haya tomado la versión antigua para inspirarse y crear “The Ugly Stepsister”, una reinterpretación mucho más oscura, pero que también se concentra en una de las hermanastras en lugar de la protagonista de siempre.

Elvira (Lea Myren) es la ingenua hija mayor de Rebekka (Ane Dahl Torp), una viuda que acaba de casarse con Otto (Ralph Carlsson); llegan a su casa junto a Alma (Flo Fagerli), la hermana menor, y son recibidas amablemente por Agnes (Thea Sofie Loch Næss), la única hija de Otto. Cuando parece que comenzarán una tranquila vida como familia, Otto muere y Rebekka se entera que, al igual que ella, el anciano no tenía ni un peso.

La película continúa con un desarrollo parecido al que ya conocemos, con la excepción de que Rebekka quiere aprovechar el baile del príncipe para casar a Elvira con él y librarse de todas sus deudas; el “problema” es que Elvira no es una belleza natural como Agnes, por ejemplo, y necesita un par de retoques para ajustarse al estereotipo general. La rinoplastía y las pestañas postizas son parte de los procedimientos más terribles y dolorosos que he visto y no pude sentir más que empatía y pena por la pobre Elvira; como si eso no fuese suficiente, la adolescente también tiene que ser humillada en público por cosas como su peso, detalle que significa la experiencia universal de todas las mujeres.

“The Ugly Stepsister” se encarga de retratar todos esos momentos con la misma crueldad que sucede en la vida real; tal y como lo explicó la directora Emilie Blichfeldt, la película provoca empatía e incomodidad en cuanto a la lucha contra nuestros propios cuerpos, al mismo tiempo que le da voz a un clásico personaje que, más allá de ser consideraba fea, nunca pudimos conocer tan a fondo como ahora.

Definitivamente, esta historia se convirtió en mi versión favorita de Cenicienta.

 

Cuando Alex Garland estaba grabando “Civil War”, quedó tan impresionado con el trabajo coreográfico de Ray Mendoza durante las escenas en la Casa Blanca que le preguntó si tenía alguna historia en mente para que pudieran desarrollar; Ray de inmediato pensó en su pasado como Navy Seal entre medio de la guerra de Irak, pero se concentró específicamente en un momento que marcó para siempre a su amigo Elliot Miller.

Es por esta razón que la trama de “Warfare” se centra en un grupo de Navy Seals, en el cual se encontraba Elliot (Cosmo Jarvis), que fue enviado a una misión durante la Batalla de Ramadi en 2006. Liderados por Erik (Will Poulter), el grupo entra a una casa buscando a personas escondidas; todo sale como lo habían planificado, pero, de repente, son atacados y atrapados en el lugar. Sam (Joseph Quinn) y Elliot quedan gravemente heridos y, desde aquel momento, el grupo debe defenderse y tratar de conseguir ayuda al mismo tiempo.

Una hora y media de acción es suficiente como para que “Warfare” te mantenga pegado a la pantalla sin querer moverte ni un poco por miedo a que una bala salga de cualquier otro lado; a pesar de que no soy fanática de las películas de guerra estadounidenses provocadas por estadounidenses para retratar lo triste que los estadounidenses quedan, no sentí que “Warfare” fuera tan propaganda como otras, ya que parece una película que parece concentrarse mucho más en la técnica y en la cinematografía que en entregar un mensaje en particular.

De todos modos, puedo imaginar lo traumático que fue aquel momento, el cual sucede en tiempo real y se da en una sola locación; debió haber sido tan fuerte como para Elliot como lo fue para la familia de civiles que tuvo que ser testigo de toda esa locura en su propia casa. Elliot quedó tan traumado que no recordaba nada de lo que sucedió aquel día, razón por la cual su amigo Ray decidió hacer “Warfare” recopilando los recuerdos del resto de sus compañeros tal y como lo indican en la introducción.

 


Una de las cosas que más recuerdo de “BlacKKKlansman” es el monólogo del personaje de Harry Belafonte, en el cual relataba la historia de Jesse Washington, un joven de 18 años que fue acusado de violar y asesinar a una mujer blanca; el jurado, compuesto solamente de hombres blancos, debatió apenas cuatro minutos y declaró a Jesse culpable. Luego la multitud tomó a Jesse y lo linchó públicamente de manera tan cruel e inhumana que su caso se convirtió en uno de los más controversiales y uno de los más recordados de la lucha en contra del racismo en Estados Unidos.

En ese monólogo también se habla de que hubo un renacimiento del Ku Klux Klan debido al éxito de la película “The Birth of a Nation”, una película que retrataba la Guerra Civil de aquel país y que, por mucho que varios lo nieguen, cuenta con un tono discriminatorio de principio a fin, incluyendo el uso de blackface y la representación de afroamericanos como salvajes, tontos o malignos. La trama se encarga de dejar a los blancos como héroes y pobres víctimas cuando la realidad siempre ha sido, y sigue siendo, muy distinta.

Dirigida por D. W. Griffith, la película cuenta la historia de dos familias: los Stoneman y los Cameron; los primeros están a favor de la abolición de la esclavitud, mientras que los segundos viven en el sur. A pesar de las diferencias, las familias son amigas y hasta se encuentran en territorio enemigo, pero es sólo el accidente de la hermana menor de los Cameron que complica mucho más el panorama entre ellos y alrededor del país. “The Birth of a Nation” es un acierto cinematográfico para la época, pero la temática reduce todo logro que pudo haber conseguido; a pesar de la controversia, la película fue un éxito comercial, los críticos la amaron e incluso fue exhibida en la Casa Blanca y puedo creer perfectamente que hay personas que todavía la ven en su ceremonia de iniciación en el Klan. 

Esta película le hizo muy mal a Estados Unidos.

 


Siempre supe que “Striptease” era una de las películas que había contribuido al declive de la carrera de Demi Moore, pero siempre me pareció extraño, ya que, gracias a esa misma película, ella se transformó en la actriz mejor pagada de aquel momento; además, seamos sinceros, una película con esa premisa y ese poster podría ser capaz de capturar al público masculino de la época, pero aquella época también seguía siendo muy cruel con las mujeres.

Tal y como la propia Demi Moore, su personaje de Erin Grant también debe lidiar con el peso de la opinión pública luego de pasar de ser una secretaria del FBI a convertirse en una de las strippers del club Eager Beaver; la razón detrás de aquella decisión es una noble: Erin perdió la custodia de su hija Angela (Rumer Willis) contra su ex marido, Darrell (Robert Patrick), un inútil que contaba con santos en la corte. Para recuperar a Angela, Erin necesita un montón de dinero y la manera más rápida de conseguirlo es trabajar como bailarina.

Además de depravados y novios en despedidas de solteros, el Eager Beaver también recibe a stalkers enamorados como Jerry Killian (William Hill), quien le ofrece ayuda a Erin para recuperar la custodia de Angela. Desde ese momento, comienza un enredo de amenazas, corrupción, secretos y política que hace de “Striptease” una película más entretenida de lo que yo imaginaba; claro que no es una obra maestra, pero tampoco es el bodrio que nos hicieron creer que era.

Si “Striptease” se hubiese estrenado el año pasado, lo más probable es que Demi Moore sí se hubiese ganado el Oscar, sabiendo también ahora el tipo de personaje que la Academia prefiere. Jamás superaré esa injusticia.

 

Estoy segura de que debieron haber pasado cosas increíbles durante la época de Jane Austen, pero jamás se me hubiese ocurrido pensar en zombies; a alguien se le ocurrió y, por alguna razón, le dieron luz verde a este proyecto. En “Pride and Prejudice and Zombies”, Inglaterra ha sido invadida por una plaga que convierte a las personas en zombies; en un principio, se culpó a los franceses, por razones obvias, pero no hay una razón clara para este fenómeno.

La película sigue la misma historia que el libro de Austen: Elizabeth Bennet (Lily James) conoce al señor Darcy (Sam Riley) y ambos se odian; Jane Bennet (Bella Heathcote) y el señor Bingley (Douglas Booth) se enamoran de inmediato mientras que la señora Bennet (Sally Phillips) sólo quiere que sus hijas se casen bien, ya que no pueden heredar nada del señor Bennet (Charles Dance). Al mismo tiempo, las familias deben lidiar con la constante presencia de los no vivos, pero es increíble ver lo bien preparadas que las hermanas Bennet están; no pueden estar solteras, pero sí pueden viajar a China a entrenarse en artes marciales.

Entiendo que podamos jugar con lo clásicos y adaptarlos a otros géneros, pero si “Pride and Prejudice and Zombies” fuese entretenida, si tuviese en verdad momentos de comedia o si tuviera mejores escenas de zombies o de matanzas, habría sido mucho más pasable. Estuve pensando toda la película quién le había dado luz verde y recién solté una carcajada cuando noté que Natalie Portman había sido una de las productoras.

 

Basada en el libro homónimo de Cheryl Strayed, “Wild” cuenta la historia de Cheryl (Reese Witherspoon), una mujer que decide recorrer el Sendero de la Cresta del Pacífico por sí sola; el sendero implica una caminata de tres meses con paradas en distintos lugares para todos los que quieran ir. Cheryl decide embarcarse en esa experiencia luego de haber pasado por un divorcio y de haber sufrida la pérdida de su madre, Bobbi (Laura Dern), algo que la llevó incluso a lidiar con drogas.

Dudé en ver esta película, porque, ¿cuál es la gracia de ver a alguien caminando/sufriendo durante kilómetros?, pero la dirección de Jean-Marc Vallée es preciosa y tiene de esos flashbacks rápidos que siempre me gustan. La actuación de Reese Witherspoon es increíble y, literalmente, lleva todo el peso de la película en esa mochila gigante que mide el doble que ella; además, todos los personajes que conoce en el camino aportan a lo interesante de la historia.

Me cuesta entender que algunas personas se vuelquen a la religión o que otras viajen al sudeste asiático luego de pasar por ciertas cosas, pero caminar tres meses sola por todo ese desierto y esos cerros es hasta inspirador para alguien que apenas se levanta para ir a la cocina; en mi caso, preferiría pasar esos meses durmiendo… o viendo películas.

 

¿Qué sería más desesperante: no poder acordarse del nombre de una canción que tienes pegada en la cabeza o no poder confiar en el estafador que acaba de reclutarte afuera de una Esso? Juan (Gastón Pauls) comienza el día con el pie izquierdo luego de que uno de sus trucos no funcionara, pero Marcos (Ricardo Darín) ve algo especial en él y le ofrece ser su nuevo compañero de aventuras.

Además de enseñarle un par de trucos más, como el del café y el billete o el de la tía en el edificio, Marcos convence a Juan de trabajar con él en una oportunidad única, "una en un millón"; la jugada se trata de venderle unas estampillas a un millonario español, pero las estampillas han sido falsificadas por Sandler (Oscar Núñez), un amigo de Marcos. Entre enredos, maratones por Buenos Aires y amigos de Marcos por todas partes, Juan nunca siente que puede confiar en él ni tampoco en la trampa de las estampillas.

Si para el personaje de Juan fue difícil, a mí se me hizo imposible; empecé divertida cada vez que me creía algo, pero después todo resultaba ser la estafa de una estafa de otra estafa. De esa manera, “Nueve Reinas” siempre me mantuvo tan atenta al próximo movimiento de los protagonistas que jamás vi venir el plot twist con el que me dejaron boquiabierta. 

Por cierto, la canción es esta, pero sólo puedo pensar en esta versión.

 

“Bruce Almighty” era una de las comedias de Jim Carrey que me faltaba por ver, pero también era una de las que menos me interesaba, a pesar de que estuviera dirigida por Tom Shadyac, quien también realizó dos de mis comedias favoritas de Jim Carrey, “Ace Ventura” y “Liar Liar”. Ambos se reunieron años después para esta película que, a pesar de tener sus momentos, no tiene la suficiente gracia como las demás.

“Bruce Almighty” cuenta la historia de Bruce Nolan (Jim Carrey), un ambicioso notero al que sólo envían a cubrir noticias extrañas o de poco interés, detalle que frustra a Bruce ya que quiere desesperadamente ser el nuevo conductor de noticias del canal. Bruce también está en una relación con la devota Gracie (Jennifer Aniston), personaje que, además de tener un trabajo, no tiene nada más que hacer que animar a su novio. Luego de un montón de cosas que no salen a su manera, Bruce se pone a cuestionar a Dios (Morgan Freeman) y es el mismo Dios quien lo desafía a hacer su trabajo si en verdad se cree mejor que él.

Lo mejor de la temática de “Bruce Almighty” es que hay demasiados guiños con los que hacer chistes, como responder plegarias en el correo electrónico, jugar con la sopa como si fuera el Mar Rojo, controlar el clima o arruinar la carrera de alguien más para mejorar la tuya, pero igual todo el humor físico y otras tallas no me parecieron tan buenas como en otras películas, aunque igual es muy divertido ver los comienzos de Steve Carell antes de The Office.

 

Siguiendo con la saga de Alien, ahora sí tocó ver la entrega en donde aparece Winona Ryder. Tras lo que se suponía que sería la última película de la franquicia, apareció “Alien Resurrection”, ya que Sigourney Weaver hizo un muy buen negocio con los productores como la reina que es. La historia retoma doscientos años después, cuando un grupo de militares/científicos deciden clonar a la teniente Ripley.

Una decisión como esa no se cuestiona, pero la clonación esconde otra intención, ya que estos tipos quieren también recrear a la criatura que había quedado dentro de Ripley; ella sospecha que hay algo raro en el ambiente, pero no es hasta que unos contrabandistas llegan a la nave que las sospechas de la agente se vuelven realidad. El grupo está liderado por Elgyn (Michael Wincott) y una de las integrantes, Call (Winona Ryder) se ve bastante interesada en la presencia de Ripley.

Mucha más entretenida que la entrega anterior, “Alien Resurrection” tiene de aquella tensión y acción que podría recordarnos a “Aliens”, pero, aun así, no consigue estar a la altura; quizás sea la diferencia entre directores o quizás sea porque Joss Whedon se encargó de casi destruir al personaje de Ripley, pero “Alien Resurrection” es otra entrega más del montón.

 

La primera vez que hice este desafío de las 365 películas, terminé de completar lo que me quedaba de la filmografía de David Fincher, pero siempre le hice el quite a “Alien³”, porque ni siquiera al mismísimo director le había gustado el resultado final de la película; ahora, necesito ver las últimas entregas de esta saga, así que podemos dejar los prejuicios de lado por un rato.

La trama es fácil de seguir, ya que “Alien³” comienza luego de los hechos de “Aliens”: la nave en la que la teniente Ripley (Sigourney Weaver) había conseguido escapar llega hasta una cárcel, pero ella es la única sobreviviente; me dio pena que Newt no sobreviviera, pero imagino que fueron decisiones de guión que no ayudaron mucho a la producción de la película. En esta cárcel continúan viviendo 25 hombres y el ambiente oscuro y húmedo se convierte en el ambiente ideal para que un nuevo espécimen renazca; un alien anda suelto, pero la mayor amenaza para Ripley es ser la única mujer entre 25 hombres.

“Alien³” ni parece película de David Fincher; era su debut como director y entiendo que, quizás al principio de una carrera, esos sellos característicos no estén tan presentes, pero esta película parece una más del montón no sólo en cuanto a dirección, sino que también en cuanto a producción y desarrollo. Es innecesariamente larga, aburrida y no tiene ni tensión ni terror. Además, pasé las dos horas esperando que apareciera Winona Ryder antes de darme cuenta que ella aparece en otra versión.

Qué decepción.
Entradas más recientes Entradas antiguas Inicio

Holi

12c882f58be74978819dc89554fe9755
Catalina. Basada en hechos reales.
Una película diaria durante todo un año.

Redes sociales

Archivo

  • ►  2026 (2)
    • ►  enero (2)
  • ▼  2025 (195)
    • ►  diciembre (6)
    • ►  noviembre (17)
    • ►  octubre (4)
    • ►  septiembre (8)
    • ►  agosto (11)
    • ►  julio (7)
    • ►  junio (30)
    • ▼  mayo (28)
      • Día 151: The Love Witch (2016)
      • Día 150: 2:22 (2017)
      • Día 149: Valley of the Dolls (1967)
      • Día 148: Gia (1998)
      • Dia 147: Romancing the Stone (1984)
      • Día 146: Working Girl (1988)
      • Día 145: Antichrist (2009)
      • Día 144: The Seventh Seal (1957)
      • Día 143: The Girl on the Train (2016)
      • Día 142: Angel Heart (1987)
      • Día 141: Petite Maman (2021)
      • Día 140: The Happening (2008)
      • Día 139: Sinners (2025)
      • Día 138: The Hills Have Eyes (1977)
      • Día 137: Invasion of the Body Snatchers (1978)
      • Día 136: Camp Rock (2008)
      • Día 135: The Doom Generation (1995)
      • Día 134: Snow White (2025)
      • Día 133: The Ugly Stepsister (2025)
      • Día 132: Warfare (2025)
      • Día 130: The Birth of a Nation (1915)
      • Día 129: Striptease (1996)
      • Día 128: Pride and Prejudice and Zombies (2016)
      • Día 127: Wild (2014)
      • Día 126: Nueve Reinas (2000)
      • Día 125: Bruce Almighty (2003)
      • Día 124: Alien Resurrection (1997)
      • Día 123: Alien³ (1992)
    • ►  marzo (24)
    • ►  febrero (28)
    • ►  enero (32)

Etiquetas

  • Drama 63
  • Directoras 36
  • Terror 31
  • Comedia 16
  • Ciencia ficción 9
  • Crimen 9

Más leídas

  • Día 366: Epílogo (2026)
  • Día 365: Wall·E (2008)
  • Día 184: Hamlet (1990)
  • Día 331: La Pointe Courte (1955)
  • Día 262: Valparaíso, mi amor (1969)

¿Preguntas? ¿Recomendaciones?

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Designed by OddThemes | Distributed By Gooyaabi Template