Día 15: Microhabitat (2017)

 


Miso (Esom) es una treintañera que vive tratando de llegar a fin de mes; hace trabajos esporádicos como limpiar distintas casas, pero el dinero apenas le alcanza para pagar el arriendo de una pequeña pieza. Sin embargo y, a pesar de vivir al tres y al cuatro, Miso no escatima en gastos cuando se trata de sus dos pequeños placeres: cigarrillos y whiskey. Cierto día, Miso decide que dejará de arrendar la habitación en la que vive, ya que el precio de sus placeres ha subido de repente, y comienza a visitar a los amigos con los que alguna vez fue inseparable.

Es de esa manera que Miso se queda una noche o algunos días en los hogares de los amigos que formaban parte de su antigua banda. A medida que va visitando casa por casa, se da cuenta de lo distintas que todas sus realidades son ahora; por ejemplo, una de sus amigas vive de allegada en la casa de sus suegros, en un pequeño departamento casi del mismo tamaño de la habitación que Miso arrendaba. Otro de sus amigos vive en un departamento lindo y moderno, pero por el cual tuvo que endeudarse unos treinta años aproximadamente, mientras que otro ex integrante del grupo todavía vive con sus padres, ya que no tiene el suficiente dinero como para vivir de manera independiente.

A pesar de los problemas que debe enfrentar a diario, Miso no deja de lado ni sus cigarrillos ni su vaso de whiskey, así como tampoco desaprovecha oportunidad para pasar un tiempo con sus amigos, recordando aquella época en la que todos eran muy unidos. El dinero no le sigue alcanzando, pero, en lugar de cortar un poco los vicios, Miso decide continuar dándole prioridad; no voy a juzgarla, ya que todos tenemos un pequeño placer culpable en el que invertimos un par de veces al mes. Mientras no le hagas daño a nadie, ni a ti mismo, no hay nada de malo en una pequeña distracción de vez en cuando.

Tal y como pasó con “Parasite” hace unos atrás, “Microhabitat” también sirve para recordarnos que la realidad surcoreana como la realidad chilena no son muy distintas entre sí; cada vez es más difícil para personas de nuestra edad poder siquiera arrendar un departamento completo, prueba de que el capitalismo es, lamentablemente, una experiencia universal, una de que debería terminar luego ya.

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