Esta semana se estrenó "Nosferatu" de Roberts Eggers, así que, para ponerme a tono y para comenzar este blog, decidí ver la versión de 1979 dirigida por Werner Herzog; el director consideraba aquella película como una de las mejores del cine alemán, por lo que siempre quiso rendirle honores y hacer un remake bastante fiel al original.
Siguiendo entonces la historia de Nosferatu, Herzog sólo cambió los nombres de los protagonistas por los originales de "Dracula" y nos dio una versión hablada de la leyenda del vampiro. Jonathan Harker (Bruno Ganz) y Lucy (Isabelle Adjani) están felizmente casados, pero él debe viajar a vender una propiedad a un tal conde Drácula (Klaus Kinski), quien se obsesiona con la idea de Lucy y decide acercarse a ella, liberando plagas y muertes en cada lugar por el que pasa.
A pesar de ser la misma historia, Herzog justifica el remake al darle una vibra mucho más melancólica tanto a la historia como a la figura de Nosferatu, quien, rodeado siempre de soledad, ahora sólo quiere sentir lo que significa amar a alguien más y que aquel amor sea recíproco. Los increíbles ojos expresivos de Isabelle Adjani también aportan a esa vibra; para mí, ella es el punto más alto de la película, ya que, por más que la actuación de Klaus Kinski también sea buena, es inevitable acordarse de todos los asquerosos escándalos que lo rodean.
Werner Herzog incluso dijo que las ratas se portaron mejor que el protagonista.
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