365mm Vol. 2

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Las películas muchas veces sirven para aprender cosas hasta de tu propio país que no sabías antes. Gracias a “Missing”, aprendí sobre el caso de Charles Horman, un periodista estadounidense que fue ejecutado durante la dictadura militar; Horman estaba trabajando en Chile junto a unos amigos y llevaba un par de años viviendo aquí cuando tuvo la mala suerte de cruzarse con militares estadounidenses, quienes le comentaron sutilmente la participación de su país en la dictadura chilena.

Luego de la desaparición de Charles, su esposa Beth (Sissy Spacek) comienza una incansable búsqueda para dar con su paradero, búsqueda a la que también se une el padre de Charles, Edmund (Jack Lemmon); ambos recorren ciudades, se reúnen con diplomáticos y autoridades, e incluso entran al Estadio Nacional con tal de encontrar a Charles, pero, como bien podríamos adivinar, el destino del periodista fue el mismo que el varios otros detenidos y desaparecidos injustamente.

“Missing” no fue grabada en Chile, por razones obvias, pero la producción hizo un excelente trabajo al crear la realidad del país; más allá de que las locaciones y los acentos no sean los mismos, la película sí captura esa vibra de estar en peligro tan sólo por siquiera mirar hacia donde no deberías y también se encarga de dejar bastante claro la participación de Estados Unidos en la dictadura chilena, lo que siempre se agradecerá. 


Ya que estamos en temporada de premios y “Anora”, por alguna razón, está consiguiendo harta atención, se me ocurrió ver una de las primeras películas de Sean Baker. “Tangerine” llamó la atención en su época, porque toda la película fue grabada con tres iPhones debido al poco presupuesto con el que se contaba. No sé si estaré muy de acuerdo con eso, pero de todas formas es un mérito crear una película a partir de la nada.

“Tangerine” cuenta la historia de Sin-Dee Rella (Kitana Kiki Rodriguez), una trabajadora sexual transexual que acaba de salir de la cárcel; su mejor amiga, Alexandra (Mya Taylor), le cuenta que Chester (James Ransone), traficante, proxeneta y además novio de Sin-Dee, la ha estado engañando, por lo que ella emprende una aventura de un día para tratar de encontrarlo y encararlo.

Al mismo tiempo, la película nos muestra un día en la vida del taxista Razmik (Karren Karagulian), quien conoce tan bien la ciudad como a las protagonistas de la historia. Mientras sus conflictos se van resolviendo, “Tangerine” también nos da una perspectiva a la ciudad de Los Ángeles, pero a su lado más underground, peligroso y casi desconocido; desde la mirada de Sin-Dee y Alexandra conocemos la verdadera realidad de la ciudad, una a la que no siempre tenemos acceso a través de las películas, porque no es bonita ni agradable ni algo que queramos ver tan seguido.

A pesar de lo interesante de la trama, me pasa siempre que no sé si Sean Baker sea la persona apropiada para contar este tipo de historias; podríamos aprovecharnos del hecho de que, por ser hombre y blanco, ya cuenta con una plataforma y usa esa plataforma para contar las historias que el resto del mundo evita, pero tampoco es su responsabilidad de cierta forma, ya que puede caer fácilmente en la explotación, lo mismo que pasa en “Anora”.

 

El reencuentro entre Winona Ryder y Keanu Reeves siempre iba a ser uno de los más esperados y siempre será uno de los más queridos, porque ambos fueron íconos de los años ’90 y son igual de hermosos y adorables. “Destionation Wedding” fue la comedia romántica encargada de reunirlos en una historia que comienza bien, pero que prontamente aburre.

La película se trata de Lindsay (Ryder) y Frank (Reeves), dos extraños que se conocen durante el viaje hacia el matrimonio al que fueron invitados; pronto descubren que no son tan extraños, ya que Lindsay es la ex novia del novio y Frank es su medio hermano. Desde el principio, los protagonistas se llevan pésimo y pasan el resto de la película discutiendo, juzgando sus decisiones de vida y evitando enamorarse del otro. Entre diálogos incesantes y tirados a quirky, “Destination Wedding” se va desinflando más rápido de lo que esperaba.

¿Saben qué es lo más interesante de la película? La anécdota que Winona Ryder contó sobre el tiempo que pasaron grabando “Dracula”, sobre todo la escena en donde sus personajes se casan, porque, al parecer, el cura que estaba haciendo la ceremonia falsa era un verdadero cura y lo más probable es que ambos actores estén casados de verdad. Nadie se opondría.

 


Desde el primer momento en que vemos a Romy Mathis (Nicole Kidman) entendemos que a su vida perfecta le falta una pieza; ella es la CEO de una reconocida empresa de robótica y tiene una familia ideal, compuesta por su marido Jacob (Antonio Banderas) y sus dos hijas adolescentes. Romy es como la representación de la girl boss que lo tiene todo, pero un aspecto de su vida se siente vacío al no poder satisfacer sus deseos sexuales y tener que recurrir al porno y a la autosatisfacción.

Siempre se nos ha dado a entender que las mujeres no podemos tener fantasías, que debemos seguir lo que le gusta al marido y hasta la masturbación femenina sigue siendo un tabú, por lo que Romy es otra más que cae en aquellos prejuicios y se entrega por completo a su trabajo en su lugar. El día en que llegan los nuevos pasantes del año, hay uno en particular que llama la atención de Romy; Sam (Harris Dickinson) es un joven atrevido, seguro de sí mismo, curioso y hasta un poco arrogante, quien consigue leer de inmediato la personalidad de Romy, reconociendo las cosas que le gustan y las cosas que le hacen falta.

La relación ilícita que comienza entre ambos es inevitable, pero es tan interesante ver a un personaje pudiendo acercarse a cumplir sus deseos de la manera en que ella quiera que no pude despegarme de la historia de “Babygirl” ni un segundo. No tiene nada que ver con que la película sea erótica (ni siquiera es tan explícita), sino que tiene que ver con la vulnerabilidad y la libertad de sentirse cómoda junto a otra persona, una situación que rara veces se da y de la que rara veces se habla también, razón por la cual existen tantas personas como Romy.

“Babygirl” se encarga de explorar toda esa situación y las consecuencias que la relación de Romy conlleva, pero no esperen algo como “Fatal Attraction”, porque las temáticas de las películas van mucho más allá de eso; ese detalle fue uno de los que más me gustó de “Babygirl”, ya que al menos se separa un poco de la típica historia del deseo prohibido o de la aventura fuera del matrimonio. No puedo dejar de pensar en la trama, necesito debatirla todo el año, no puedo dejar de pensar en las actuaciones y no dejo de pensar tampoco en el baile de Harris Dickinson al ritmo de “Father Figure”.

Creo que “Babygirl” pasó al top cinco de mis películas favoritas del año pasado.

 

Este proyecto se trata de ver por fin aquellas películas que tienes desde hace siglos en tu watchlist, pero también se trata de seguir la filmografía de ciertos directores. O, en este caso, comenzar con la filmografía de algunos. Como mi primera película de Akira Kurosawa, decidí elegir “Rashomon”, ya que el título no deja de aparecer cada vez que lees sobre las películas de los directores más conocidos hoy en día.

La película comienza con dos hombres, un cura y un talador, que hablan de la historia más terrible que han escuchado, tan terrible que no pueden creer que un hecho como ese haya pasado y que hayan tenido que escuchar el relato de una violación y asesinato. Para que nosotros no nos quedemos con la curiosidad, “Rashomon” presenta tres versiones de la misma historia: un contada por el ladrón Tajōmaru (Toshiro Mifune), quien provocó la situación; una segunda contada por la víctima, Masago (Machiko Kyō) y, finalmente, una tercera versión contada por el asesinado, Takehiro (Masayuki Mori), a través de la voz de una médium.

Tal y como el efecto al que le dio nombre, “Rashomon” tiene tres perspectivas de la misma historia, cada una contada con lujo de detalles, cada una para que el resto podamos elegir la versión que queramos Más allá de eso, la película no consiguió emocionarme mucho; debí suponer que era otra más de ese listado de películas que los hombres mencionan cuando quieren sonar más profundos. 

Todavía me quedan muchos días, así que espero toparme con otra película de Akira Kurosawa que disfrute más.

 

Antes de “The Matrix”, las hermanas Wachowski hicieron una película que también debería ser consideraba su obra maestra. “Bound” cuenta la historia de Corky (Gina Gershon), una ex convicta que consigue un trabajo de remodelación en un edificio medio sofisticado. Allí conoce a Violet (Jennifer Tilly), la misteriosa y seductora novia de Caesar (Joe Pantoliano).

No se necesita ser un genio para darse cuenta de la clase de negocios en lo que Caesar anda metido, pero, por más que Corky evite involucrarse en esas cosas y volver a la cárcel, no puede alejarse de Violet. El sentimiento es mutuo y, apenas aparece una oportunidad para dejar a Caesar, ambas la aprovechan. La manera en que crean todo un plan es demasiado inteligente, mucho más inteligente de lo que Caesar y sus socios jamás hubiesen pensado, pero, lamentablemente, los hombres nunca siguen el guion.

Por distintas razones, “Bound” ahora pasó a ser mi película favorita de las hermanas Wachowski; la química entre Corky y Violet es palpable desde el inicio y la historia es mucho más entretenida que varias secuelas de “The Matrix”. La película también es bien explícita para ser una película erótica de los años ’90; siento que algunas se medían por miedo a las críticas, pero acá eso, claramente, no importó para nada y siempre da gusto cuando los directores se arriesgan de alguna manera.

Además, terminar una historia con una canción de Tom Jones también siempre será una buena elección.

 

Sally (Sandra Bullock) y Gillian (Nicole Kidman) son dos hermanas que quedaron huérfanas cuando apenas eran unas niñas debido a la maldición que rodea a todas las mujeres de la familia Owens: si te enamoras, debes ver morir a tu pareja, una maldición creada por una de sus antepasados con poderes mágicos. Por suerte, los poderes también fueron heredados y, cuando Sally y Gillian deben ir a vivir con sus tías, Sally crea un hechizo para no enamorarse nunca y, de esa manera, no terminar como su madre.

Gillian, en cambio, no aguanta las ganas de enamorarse. Ambas hermanas son muy distintas y, mientras Sally se queda viviendo con sus tías, Gillian sale a disfrutar de la vida. No culpo a Sally, porque la casa de las tías es soñada y tiene demasiadas vibras de Stevie Nicks, pero Gillian quiere nuevas experiencias. Esas experiencias, lamentablemente, incluyen a Jimmy (Goran Visnjic), un alcohólico abusivo, que llega a arruinar la vida del resto de las mujeres Owens.

Mientras veía “Practical Magic” no dejaba de pensar en las ganas de haber visto esta película en la adolescencia; la hubiese disfrutado tanto como la disfruté ahora de adulta, pero siento que es de esas películas que tienen que verse a esa edad tan formativa. Las vibras son perfectas, el pelo de Nicole Kidman es perfecto y ese final entre brujas, vecinas y un policía decente es adorable.

Por suerte, para las arrepentidas se viene la segunda parte.

 


Como si fuese un buen capítulo de Black Mirror, “Fingernails” es una película que nos ubica en una especie de futuro cercano en donde parejas se someten a un test de compatibilidad para saber si están destinados a estar juntos o para saber, desde un principio, si la relación vale la pena el tiempo y el esfuerzo. Este test se realiza con un par de uñas que la pareja debe sacarse; desde ya, sacrificio suficiente.

Anna (Jessie Buckley) es una profesora que vive con su novio, Ryan (Jeremy Allen White); ambos ya han tomado el test de compatibilidad y el resultado fue positivo. Pero, debido a varios resultados negativos, Anna decide ayudar con la causa y consigue trabajo como instructora en el Instituto del Amor, dirigido por Duncan (Luke Wilson). Anna debe guiar a distintas parejas en cada una de las pruebas previas al test de las uñas, pero la cercanía con Amir (Riz Ahmed), uno de sus compañeros de trabajo, pondrá en duda sus sentimientos por Ryan y la veracidad del test.

Es imposible creer en esas pruebas cuando no crees en las relaciones románticas, pero también es difícil creer, porque la potencial pareja que Anna y Amir podrían hacer es una mucho mejor que la pareja entre Anna y Ryan; más que una pareja, parecen dos personas que ya se acostumbraron a estar con el otro sólo porque una simple prueba se los dijo. Los actores tampoco tienen química entre ellos, detalle que prefiero pensar que fue hecho a propósito. Anna y Amir, en cambio, tienen muchas más cosas en común y visiones parecidas sobre la idea del amor, pero ni eso ni un test es suficiente para saber si las cosas funcionarán o no.

“Fingernails” puede ser una muy tierna historia de amor o una tan dolorosa como la experiencia de quitarse una uña sin anestesia.

 


“The Menu”, dirigida por Mark Mylod, puede ser considerada como parte del género de películas ahora llamado “eat the rich”; teniendo en cuenta que el director también estuvo a cargo de capítulos de “Succession”, incluyendo “Connor’s Wedding”, la consideración tiene todo el sentido del mundo.

Margot (Anya Taylor-Joy) es invitada por el amante de la comida, Tyler (Nicholas Hoult) a una experiencia gourmet única en el restaurante del chef Julian Slowik (Ralph Fiennes); Julian es un renombrado cocinero internacional y su personalidad, reclusa, exigente e intensa, lo convierte en un personaje mucho más interesante de conocer. Junto a Margot y Tyler, también asisten una pareja de clientes clásicos, una crítica de comida responsable de hacer conocido a Julian, un actor fracasado y su asistente, tres amigos insoportables y la madre de Julian, quien, sentada en una esquina, no deja de beber copa de vino tras copa de vino.

Doce invitados, tal y como en La Última Cena, para una exclusiva experiencia en una isla privada, en donde también se encuentra la casa de Julian, a la que nadie puede entrar. Una vez que los invitados llegan, el chef y su staff comienzan a servir los platos, de esos típicos platos de restaurante demasiado caro y que apenas te caben en una muela. Todos actúan muy impresionados frente a los talentos del chef, pero Margot no parece sorprenderme con nada y no esconde ni su aburrimiento ni su hambre, actitud que comienza a molestar a Julian.

Hay una razón por la cual la actitud de Margot descoloca a Julian y es la misma razón por la cual ella sabe entender su juego; la trama de la película pronto se transforma en un juego con el que el chef quiere poner a prueba a sus invitados y cada uno de ellos reacciona a su manera, pero ninguno es capaz de entender, ya que todos son tan arribistas y pretenciosos como las propias preparaciones del chef.  Entre situaciones extremas y mucho humor negro, “The Menu” es una película muy entretenida e inteligente, y una que nos recuerda que los cuicos no sobrevivirían ni un día fuera de su ambiente.

 

“Infinity Pool” es como una historia sacada de “The White Lotus”, pero llevada a los horrores de lo extremo. Dirigida por Brandon Cronenberg, la película se trata de James Foster (Alexander Skarsgård) y su esposa, Em (Cleopatra Coleman); mientras ella es la hija de un renombrado y millonario editor, James es un escritor que lucha por conseguir inspiración para su próxima novela, por lo cual ambos se van de vacaciones a un lujoso resort ubicado en Li Tolqa.

En aquel lugar conocen a otro matrimonio, el de Gabi (Mia Goth) y Alban (Jalil Lespert); ella es una fanática de la única novela que James ha publicado y Alban hace todo lo que ella dice. Ambas parejas comienzan a pasar tiempo juntos, pero, cierta noche, James atropella a una persona y es llevado a la cárcel; ahí aprende que tiene dos opciones: morir a manos del primogénito del hombre al que mató a modo de venganza o aceptar una clonación y que su nueva versión sea ejecutada en su lugar.

Como si aquello no fuese trauma suficiente, James pronto se entera del grupo que lideran Gabi y Alban, grupo de privilegiados inconscientes que utilizan la clonación para seguir cometiendo crímenes sin enfrentar las consecuencias. “Infinity Pool”, de esa manera, empieza como una historia y termina como otra; el misterio y la incomodidad nunca desaparecen, pero sí lo hace el interés por cualquiera de los personajes. No es que la historia aburra, es simplemente que después ya nadie importa mucho; James no tiene carácter, Gabi es insoportable y el resto sólo sigue al de al lado.

Brandon Cronenberg al menos se diferencia del estilo de su padre con “Infinity Pool”; o quizás yo estaba esperando algo más perturbador.

 


El rape revenge nunca ha sido de mis géneros favoritos y, si pudiera, lo evitaría a toda costa, pero cuando leí que la directora de “Revenge” era la misma directora de “The Substance”… bueno, la curiosidad puede más. Decidí tener fe en Coralie Fargeat, porque no me decepcionó en ningún momento con su última película, la cual está llena de temas que siempre supo tratar con respeto e inteligencia.

En “Revenge”, Fargeat cuenta la historia de Jen (Matilda Lutz), una joven de rostro y cuerpo perfecto que pasa el fin de semana con su novio casado, Richard (Kevin Janssens); ambos son interrumpidos por los amigos de Richard, Stan (Vincent Colombe) y Dimitri (Guillaume Bouchède), quienes llegan para unirse a un día de caza como lo hacen algunos hombres para validar su heterosexualidad o algo así. La reunión de amigos también trae consigo un poco de peyote, una droga alucinógena tan intensa que Richard le pide a Jen que la esconda.

La diversión sigue y Jen decide bailar para el grupo de amigos, concentrándose específicamente en Dimitri, quien, como un idiota cualquier, asume que puede hacer lo que él quiera con Jen después de un simple baile. Tras aquel crimen, Jen no cuenta ni siquiera con el apoyo de Richard y, luego de una confrontación, comienza la verdadera acción, una que Fargeat adornó de rosado, desierto y cien mil litros de sangre.

Si bien odio el género del rape revenge, puedo entender perfectamente desde dónde viene la motivación y las ganas de venganza; pareciera que la justicia nunca hará nada por nosotras, por lo que tomar la justicia en nuestras manos es la solución más rápida y reconfortante. Apoyo al 100% todas las decisiones que el personaje de Jen realizó después, porque están totalmente justificadas; si esas decisiones están acompañadas de dolorosas heridas, persecuciones tensas y acción hasta el último minuto, puedo disfrutar de la trama, pero seguiré evitando películas de este género hasta que dejen de mostrar esa escena.

 

“Thoroughbreds” es la historia de Amanda (Olivia Cooke) y de Lily (Anya Taylor-Joy), dos compañeras de colegio con personalidades bastantes distintas, pero que tienen más en común de lo que imaginan; ambas eran mejores amigas, pero se fueron alejando luego de la muerte del padre de Lily. La excusa para reencontrarse la planifica la madre de Amanda, quien le pide a Lily ser la tutora de su hija.

Tras cada reencuentro, la amistad vuelve a surgir. Amanda le cuenta a Lily que, debido a un trastorno mental, no puede experimentar sentimientos, mientras que Lily le cuenta a Amanda que no soporta a su padrastro; el odio es mutuo, ya que él quiere enviarla a un internado. Entre una conversa y otra, ambas amigas deciden comenzar un plan para eliminar al padrastro del mapa; gracias a la inteligencia de Lily y a la frialdad de Amanda, creen que pueden llevar a cabo el crimen perfecto.

Con lo que ambas no cuentan es que el resto de las personas no son tan inteligentes ni tampoco tan fríos. A través de capítulos, “Thoroughbreds” nos va dando más detalles tanto del plan como de la historia entre Lily y Amanda; sabemos, por ejemplo, lo que hizo Amanda con uno de sus caballos, razón por la cual todo el mundo empezó a alejarse de ella. Gracias a los detalles también nos vamos dando cuenta que una de ellas no siente nada, mientras que la otra es la que siente las cosas con más intensidad.

A pesar de que “Thoroughbreds” puede sentirse lenta a ratos, nunca deja de ser interesante, ya que Olivia Cooke y Anya Taylor-Joy son tan buenas actrices que pueden lidiar con el peso de cualquier guion.

 


En 1979, Rodney Alcala fue arrestado luego de cometer una serie de asesinatos a mujeres a las que engañaba con que era un fotógrafo; Rodney las llevaba, supuestamente, a una locación lejana y las atacaba sin piedad. El tipo era un perdedor, pero como la mayoría de los asesinos seriales, tenía una personalidad carismática y era lo suficientemente inteligente como para mantener su fachada durante años; su personalidad también lo llevó a participar en el programa de televisión “The Dating Game” en 1978, quizás el detalle más conocido de su vida.

Anna Kendrick tomó la historia de Rodney Alcala para realizar su debut como directora con “Woman of the Hour”. En esta película, interpreta a Sheryl Bradshaw, una aspirante a actriz que no ha podido conseguir ningún trabajo que la catapulte a la tan deseada fama; a pedido de su agente, Sheryl decide participar en “The Dating Game”, ya que el programa podría ayudarle a ganar algo de notoriedad. A pesar de sus dudas y de sus nervios, Sheryl se convierte en una interesante invitada y debe elegir entre tres solteros: uno sin cerebro, otro machista y, ¿el tercero? Nada menos que Rodney.

Al mismo tiempo que el programa sigue su curso, “Woman of the Hour” también nos muestra, a modo de flashbacks, algunos de los crímenes que Alcala ya había cometido y por los que ya había sido procesado; aun así, el tipo gozaba de libertad y hasta tenía tiempo de ir a la televisión, porque no era suficiente secuestrar mujeres y niñas a plena luz del día, también intentó hacerlo delante de la mirada de todo un país. Una persona en el público incluso lo reconoce, Laura (Nicolette Robinson), pero nadie le cree y su novio, por ejemplo, sólo asume que debe tratarse de alguien que se parece a Rodney, porque un programa de televisión nunca permitiría que un pervertido como él saliera al aire.

Frente a la situación de Laura, “Woman of the Hour” no hace más que recordarnos que, cuando se trata de estos crímenes, o estamos solas o sólo contamos con la ayuda de otra mujer. Por ejemplo, las únicas personas que son amables con Sheryl durante el programa son las maquilladoras o, cuando Sheryl accede a una cita con Rodney, una sola mirada de miedo a la mesera es suficiente como para que ella se de cuenta y mienta al decir que el local ya está cerrando, pero luego, cuando Sheryl debe caminar sola hasta su auto, en un estacionamiento solitario y oscuro, la película nos recuerda ese miedo universal que experimentamos todos los días al caminar con llaves entre nuestros dedos.

“Woman of the Hour” es una película de terror para las mujeres, pero que, al menos, trata con respeto la temática de los feminicidios; esa es la razón principal por la que necesitamos más directoras y, en especial, en este tipo de películas. Gracias a la mirada de Kendrick, entendemos perfectamente lo que Alcala hacía sin tener que estar enfocándonos diez minutos en el ataque en sí o sin tener que dejar la cámara concentrada específicamente en alguna parte del cuerpo de algunas de las actrices; también se refleja el miedo de caminar sola de noche, el no poder decir que no con firmeza ya que corres el riesgo de morir y tener que acceder amable y nerviosa cuando tu instinto te dice lo contrario, e incluso la maldición de tener que sonreír todo el tiempo para que los demás no crean que eres pesada.

En cuanto a Rodney, después de su aparición en público, continuó cometiendo crímenes como si nada y no fue sino hasta un año después que, por fin, lo condenaron a muerte. Murió en 2021.

 

La curiosidad por ver el primer largometraje de Pedro Almodóvar en inglés no sólo era por el cambio de idioma, sino que porque también se encontrarían dos de mis actrices favoritas; me encanta cuando los directores hacen algo específico para mí. “The Room Next Door” reúne a Tilda Swinton y a Julianne Moore como amigas de toda la vida que vuelven a encontrarse tras la enfermedad de una de ellas.

Martha (Tilda Swinton) fue una aclamada corresponsal de guerra que ahora sufre de un cáncer terminal, mientras que Ingrid (Julianne Moore) es una reconocida escritora de ficción que se encuentra promocionando su último libro; una amiga en común le cuenta a Ingrid la situación de Martha y es así como las dos se reencuentran. Ambas se habían conocido años antes mientras trabajaban en la misma revista, pero habían perdido un poco el contacto durante los años previos.

Ya que existe la suficiente confianza entre ambas, Martha le pide a Ingrid el mayor favor de su vida: que le ayude a morir con dignidad. Ingrid tiene dudas, no porque la idea de la eutanasia le provoque un debate, sino porque siempre le ha temido a la idea de la muerte. Es a través de recuerdos, conversaciones eternas, pequeños recorridos por los más hermosos interiores que conocemos mucho más la personalidad de ambas amigas y sus historias de vida. 

Ingrid eligió una ruta más segura y siempre admiró la valentía de Martha de salir a cubrir la más reciente guerra; ella era algo más impulsiva y, a pesar de que complicó las cosas con su hija Michelle, su carrera le apasionaba mucho más que la maternidad. Si para Ingrid la idea de la muerte es una conversación fría e innecesaria, para Martha es como enfrentar cualquier otra guerra en la que trabajó anteriormente. Pedro Almodóvar junta a ambas actrices en espacios y conversaciones hermosas; la química entre ambas es tierna, cercana y real, como si se conocieran de toda la vida. El debate sobre la eutanasia siempre será uno interesante; ya no debería ser un debate, pero ver a un personaje normalizándolo con respeto y con madurez ayuda a la causa.

Muy lindo autorregalo de cumpleaños.

 

Parecía que no había semana del año pasado en la que no apareciera una nueva polémica respecto a “It Ends with Us”, a Blake Lively y Justin Baldoni, protagonista y director, respectivamente. Desde el estreno de la película, las cosas siempre se sintieron algo raras y turbias, partiendo por la promoción durante la gira de prensa, ya que todos parecían vender “It Ends with Us” como una película romántica cuando, en realidad, se trata de una historia sobre violencia intrafamiliar.

Mucho rosado, muchas flores, mucha entrevista problemática acabaron con la reputación de Blake Lively y las demandas en su contra por parte de Justin Baldoni, y viceversa, tampoco ayudaron en nada a la reputación de la película. Si somos honestos, no hay mucho que pueda salvar a “It Ends with Us”, ya que, sin polémicas o no, la historia no es una muy digna de ver. Basada en el libro del mismo nombre escrito por Colleen Hoover, quien también ya tiene una reputación complicada, la película cuenta la historia de la florista Lily Bloom.

Lily (Blake Lively) es una joven que sueña con abrir su propia florería y alejarse del lugar en donde creció, ya que tuvo que observar cómo su madre era víctima de violencia intrafamiliar. Cierto día, Lily conoce a Ryle Kincaid (Justin Baldoni), un cirujano que patea mesas cuando se siente frustrado tras una operación; el encuentro parece ser romántico e idealista, sobre todo cuando ambos se reencuentran gracias a Allysa (Jenny Slate), hermana de Ryle y nueva mejor amiga de Lily, personaje que se viste tan mal como la protagonista.

Continúa, entonces, una hora de historia de amor antes de comenzar a plantear los verdaderos problemas de esta historia, algo que no debería hacerse en películas de este tipo, ya que idealizar al personaje del hombre violento sólo porque es atractivo o porque tiene dinero, no es la forma de presentarnos a un villano; o, al menos, creo que “It Ends with Us” no lo supo hacer. Quizás hubo una intención, pero el director se concentró mucho más en la historia de amor y la protagonista, a su vez productora, sólo se dedicó a lucir atuendos horribles haciéndolos pasar por alta costura.

No he leído el libro, pero me parece que tampoco sabe cómo tratar este problema. ¿Se acuerdan de esa campaña hecha por un gobierno de derecha donde un viejo pedía disculpas por haber sido violento y todo parecía ser olvidado? “It Ends with Us” es una cosa así.

 

“The Thin Red Line” es una película dirigida por Terrence Malick que gira alrededor de la Batalla de Guadalcanal, la cual se dio durante la Segunda Guerra Mundial; al mismo tiempo, también se enfoca en las experiencias y miradas de distintos soldados sobre aquel conflicto, utilizando recursos como flashbacks y voces en off.

Como toda película de guerra, “The Thin Red Line” trata de mostrarnos lo triste que estaban los soldados que iban a luchar a guerras y el trauma que marcó sus días durante lls batallas y todos los días por el resto de sus vidas y, como buena película estadounidense, no puede evitar ser una especie de película de propaganda, en donde, en cualquier momento, podemos esperar ver la bandera gringa flameando al viento.

Desde el momento en que un soldado dice que matar a alguien es mucho peor que una violación, el interés por la película se perdió; las voces en off tratan de sonar profundas y filosóficas y lo extenso de la historia es completamente innecesario. Nota para mi misma: tratar de evitar este tipo de películas en el futuro.

 


Miso (Esom) es una treintañera que vive tratando de llegar a fin de mes; hace trabajos esporádicos como limpiar distintas casas, pero el dinero apenas le alcanza para pagar el arriendo de una pequeña pieza. Sin embargo y, a pesar de vivir al tres y al cuatro, Miso no escatima en gastos cuando se trata de sus dos pequeños placeres: cigarrillos y whiskey. Cierto día, Miso decide que dejará de arrendar la habitación en la que vive, ya que el precio de sus placeres ha subido de repente, y comienza a visitar a los amigos con los que alguna vez fue inseparable.

Es de esa manera que Miso se queda una noche o algunos días en los hogares de los amigos que formaban parte de su antigua banda. A medida que va visitando casa por casa, se da cuenta de lo distintas que todas sus realidades son ahora; por ejemplo, una de sus amigas vive de allegada en la casa de sus suegros, en un pequeño departamento casi del mismo tamaño de la habitación que Miso arrendaba. Otro de sus amigos vive en un departamento lindo y moderno, pero por el cual tuvo que endeudarse unos treinta años aproximadamente, mientras que otro ex integrante del grupo todavía vive con sus padres, ya que no tiene el suficiente dinero como para vivir de manera independiente.

A pesar de los problemas que debe enfrentar a diario, Miso no deja de lado ni sus cigarrillos ni su vaso de whiskey, así como tampoco desaprovecha oportunidad para pasar un tiempo con sus amigos, recordando aquella época en la que todos eran muy unidos. El dinero no le sigue alcanzando, pero, en lugar de cortar un poco los vicios, Miso decide continuar dándole prioridad; no voy a juzgarla, ya que todos tenemos un pequeño placer culpable en el que invertimos un par de veces al mes. Mientras no le hagas daño a nadie, ni a ti mismo, no hay nada de malo en una pequeña distracción de vez en cuando.

Tal y como pasó con “Parasite” hace unos atrás, “Microhabitat” también sirve para recordarnos que la realidad surcoreana como la realidad chilena no son muy distintas entre sí; cada vez es más difícil para personas de nuestra edad poder siquiera arrendar un departamento completo, prueba de que el capitalismo es, lamentablemente, una experiencia universal, una de que debería terminar luego ya.

 


Basándose en la obra del mismo nombre del escritor William S. Burroughs, Luca Guadagnino estrenó “Queer”, su segunda película de 2024; como fanática del director, fui muy bendecida el año pasado. Guadagnino, a su vez, es fanático de William S. Burroughs y siempre fue su sueño adaptar “Queer” a la pantalla grande, por lo que se juntó de nuevo con el mismo escritor de “Challengers”, Justin Kuritzkes, para hacer su sueño realidad.

Siguiendo entonces la historia del libre, “Queer” cuenta la historia de William Lee (Daniel Craig), un escritor que se encuentra viviendo en México y que pasa sus días de bar en bar, de hombre en hombre; William es un caballero amargado, cínico y frustrado hasta que, cierta noche, conoce a Eugene Allerton (Drew Starkey), un joven soldado quien también está paseando por México. Ambos cruzan miradas durante una pelea de gallos mientras “Come As You Are” suena de fondo, en una de las que se convirtió en mis escenas favoritas de año pasado.

Es tanta la obsesión que William comienza a sentir por Gene que lo sigue a todas partes, se expone sin miedo a quedar en ridículo y le ofrece hasta dinero con tal de que lo acompañe a un viaje por el resto de Latinoamérica, ya que William también está obsesionado con probar una hierba llamada yagé, la cual, supuestamente, tiene propiedades telepáticas. William quiere probarla, porque ser un drogadicto es parte de su personalidad, pero también porque el profundo deseo que tiene por Gene lo hace decirle cosas como “quiero hablar contigo… sin hablar”; básicamente, William necesita leer la mente del frío, distante y a veces impredecible Gene con tal de calmar esa duda sobre si sus sentimientos son recíprocos o no.

En cuanto a esos sentimientos de deseo, de anhelo, de encaprichamiento, de necesidad de tocar a otra persona, no hay nadie mejor que Luca Guadagnino para traspasarlos a una pantalla; el deseo de Lee es tan obvio y es tan profundo que es inevitable sentir empatía por él y hasta lástima cada vez que se esforzaba por llegar a Gene. Esas escenas en donde lo mira y no encuentra su mirada o esas escenas en donde su brazo invisible trata de acariciarlo son suficientes como para entender el dolor de desear algo casi inalcanzable; es un deseo tan intenso como aquella única experiencia con la ayahuasca, en donde, incluso para Gene, se abre una puerta de la que él no estaba seguro de querer entrar.

Además de la historia y de sus personajes, también siempre me quedaré con lo hermoso de la cinematografía, de la banda sonora y de la producción, la cual incluía miniaturas que daban la ilusión de estar en el propio México. Luca Guadagnino nunca me falla y ahora “Queer” pasó a ser una de mis películas favoritas de su filmografía. Top tres.

 


Mientras su familia se cambia de una ciudad a otra, Laure (Zoé Héran), una niña de diez años, trata de acomodarse a varios de los cambios que una mudanza conlleva. Tratando de hacer nuevos amigos, Laure conoce a Lisa (Jeanne Disson), quien la incluye en el grupo del barrio; Laure aprovecha de la oportunidad de que nadie la conoce para presentarse como Mickaël y comenzar a comportarse como un niño delante de sus nuevos amigos.

Para Laure no es difícil fingir que es alguien más; lleva el corte de pelo que un niño común llevaría y se viste de la manera que se esperaría de un niño también. Por suerte, su familia no la trata de manera diferente y asume que su forma de ser es una especie de etapa, como aquella por la que varias niñas pasamos cuando usamos ropa ancha o cuando queremos hacer cosas que los hombres hacen; muchas veces, esta etapa es un acto de rebeldía, pero otras veces, se convierte en una realidad.

“Tomboy” no deja una resolución clara; su directora, Céline Sciamma, explicó que hizo la película con varias capas para que tanto una persona transexual como una mujer hetero pudieran ver la historia e identificarse con ella. Sólo puedo imaginar la controversia que la temática de “Tomboy” pudo haber causado en aquella época, pero, si somos honestos, causaría el mismo escándalo si estrenaran la película mañana. Bueno, sólo sería controversial para aquellos que no entienden o que protestan idioteces, porque, personalmente, es un tema que no es tema, ya que, al igual que Laure, tuve la suerte de crecer en una familia que siempre normalizó el tema de la transexualidad o de la homosexualidad o cosas tan banales como que quisiera usar un polerón o un pantalón más ancho de lo normal.

Ya sea 2024 o 2011, sigue molestándome que la existencia de personas transexuales se convierta siempre en un debate, pero al menos existen películas como “Tomboy” o cada vez vemos más representación en los medios como para que el tema se normalice como siempre debió haber sido.

 


Siento que la nostalgia por los años '80 está bajando un poco para darle paso a la nostalgia por los años '90, o quizás uno de los efectos post-pandemia fue que todo el mundo está mucho más nostálgico que antes. Sea cual sea la razón, la nostalgia por los años '90 es mucho más entretenida, ya que algunos de nosotros sí disfrutamos de esa época.

"I Saw the TV Glow", escrita y dirigida por Jane Schoenbrun, evoca recuerdos de esos programas para adolescentes como "¿Le Temes a la Oscuridad? o "Cuentos de la Cripta", programas que daban pasada la medianoche y que podían causar pesadillas o buenas conversaciones el lunes siguiente en el colegio. La película se enfoca en un programa de misterio llamado "The Pink Opaque", protagonizado por Isabel y Tara, quienes deben combatir los malévolos planes de Mr. Melancholy en cada capítulo del sábado por la noche.

Owen (Justice Smith) y Maddy (Jack Haven) son dos adolescentes retraídos y solitarios que comienzan a ser amigos gracias a su fanatismo por The Pink Opaque; se juntan en casa de Maddy a ver el programa hasta que, cierto día, ella le cuenta a Owen que planea escapar de casa. Owen, siempre tímido y temeroso, no puede unirse a Maddy y decide quedarse atrás sólo para volver a encontrar con ella años después; Maddy reaparece con la noticia de que ha estado dentro de las historias de The Pink Opaque todo esto tiempo.

Si a Owen se le hacía difícil entender la historia de Maddy, ya que sonaba bastante increíble, a mí también se me hizo algo complicada de seguir; en "I Saw the TV Glow", la realidad se mezcla con la ficción de la ficción dentro de una estética hermosa de rosado y de luces de neón, por lo que es fácil dejarse llevar, pero también es fácil olvidar en qué lugar podemos estar. 

A todos nos ha traumado la cancelación de un programa, pero "I Saw the TV Glow" lo lleva al extremo.

 


Cada vez que veo una película francesa, corro el riesgo de enamorarme del departamento de la protagonista o de todo su closet y "Les amours d'Anaïs" no fue la excepción; siempre entro por la trama y me quedo por lo aesthetic, pero me gustó tanto esta película, que me quedé por las dos razones.

Anaïs (Anaïs Demoustier) es una treintañera que no sabe muy bien qué hacer con su vida; tiene una relación complicada y aburrida con su novio, no tiene un trabajo estable, el cáncer de su madre empeoró y da por perdida la inspiración y motivación para terminar su tesis. Cierto día, conoce a Daniel (Denis Podalydès), un editor con quien comienza un relación; él está casado con la escritora Emilie (Valeria Bruni Tedeschi) y la curiosidad es tan grande que Anaïs comienza a acercarse a ella también.

Anaïs no es para nada un modelo a seguir: es desordenada, irresponsable, inquieta, impulsiva, siempre llega tarde a todos lados y siempre quiere salirse con la suya, pero eso es lo más interesante del personaje, que no es la típica heroína de este tipo de películas que hace todo bien y que todo el mundo considera adorable y que al final se le perdonan todos los errores que cometió; esta historia es mucho más realista y cercana.

Películas como "Les amours d'Anaïs" son de esas películas que sirven como acompañamiento y esperanza para todos los treintañeros que tampoco sabemos bien qué hacer; no es para que nos pongamos a hacer las mismas tonteras que hacía Anaïs, pero siempre es bueno saber que tus 30 también son para explorar, aprender y mandarse embarradas.

 


Siempre digo que veré más películas antiguas o del género noir, pero siempre termino fallando; siguiendo una descripción que decía que "Under the Silver Lake" era una película de neo-noir, llegué hasta aquí y... me arrepentí a la media hora.

La película sí reúne varias características del género, como la idea de resolver un crimen relacionado a una misteriosa figura femenina, y tiene varios guiños a la época, como posters de películas clásicas y diálogos recurrentes sobre Janet Gaynor. "Under the Silver Lake" cuenta la historia de Sam (Andrew Garfield) un treintañero cesante que no tiene nada mejor que hacer que espiar a sus vecinos, muy al estilo de James Stewart en "Rear Window". Un día, su vecina Sarah (Riley Keough) desaparece sin dejar rastro y Sam se decide a encontrarla, ya que, al mismo tiempo, en la ciudad se da una seguidilla de desapariciones de personas. Y de perros.

La película, entonces, sigue todos los pasos de Sam durante su investigación, la cual incluye fiestas en terrazas y mensajes escondidos en canciones, pero la historia se da mil vueltas en sí misma y pronto se vuelve aburrida; la resolución del misterio es tan fome como aquellos finales en donde todos los personajes estaban muertos o donde el protagonista estaba en coma o estaba soñando. Lo aburrida que es "Under the Silver Lake" no justifica sus más de dos horas de duración.

Una decepción por parte del mismo director de "It Follows".

 


Siguiendo con más historias de vampiros, ahora agrego "The Hunger" a la lista; esta película fue el debut directorial de Tony Scott, quien no pudo haber debutado de mejor manera. Siento que hay algo muy clásico, elegante y erótico en la manera en la que retrata esta historia.

Miriam (Catherine Deneuve) y John (David Bowie) son una pareja de vampiros que vive en Nueva York y que se hace pasar como profesores de música para evitar levantar sospechas, ya que, como todo vampiro, deben salir a cazar por las noches. Miriam ha llevado esta vida desde que existía el antiguo imperio egipcio, mientras que John la ha acompañado desde el siglo XVII. Ambos son inseparables y pareciera que nada arruinaría su felicidad, hasta que John comienza a sentir síntomas de envejecimiento.

Al mismo tiempo, conocemos a la doctora Sarah Roberts (Susan Sarandon), quien estudia el rápido envejecimiento en primates, tratando de encontrar una cura para los varios problemas que esto conlleva. John decide pedirle ayuda y es, de esta manera, que las vidas de los tres personajes se unen en un enredo tan erótico como peligroso. Pensé muchas veces en la clase de obsesión/amor de "Only Lovers Left Alive" y también en las películas eróticas de la época, las que se distinguen siempre por su soundtrack o por LA escena que se podía ver con los papás al lado.

En muchos sitios, "The Hunger" está considerada como una película de terror, pero para mí fue mucho más una película de romance y obsesión: obsesión por otra persona, obsesión con la idea de vivir para siempre, obsesión con la imagen de David Bowie y obsesión por escuchar una y otra vez Bela Lugosi's Dead.

 


Año 2002. En Valparaíso seguía activo el Blockbuster de Bellavista y mi sueño era trabajar ahí una vez que terminara el colegio; me encantaba el olor, la idea de ordenar todos esos VHS en las repisas, responder preguntas sobre recomendaciones, ayudar con el inventario... pero cuando tuve edad suficiente para trabajar, Blockbuster ya se había ido a la quiebra 💔

Es por esa razón que, cuando leí la trama de "I Like Movies", se me vinieron muchos recuerdos de aquella época. La película cuenta la historia de Lawrence (Isaiah Lehtinen), un adolescente de 17 años que está obsesionado con las películas y sueña con estudiar Cine en NYU, como uno de sus ídolos, Paul Thomas Anderson; Lawrence también ama Saturday Night Live, tiene un solo amigo y tiene una relación muy tensa con su madre, Terri (Krista Bridges), básicamente porque, como todo cinéfilo, es un cabro chico insoportable que cree que siempre tiene la razón.

Lawrence no tiene los medios como para estudiar en NYU, por lo que toma un trabajo en Sequels, una tienda de video a cargo de Alana (Romina D'Ugo), quien, en realidad, odia las películas y todo lo relacionado al mundo del cine. Alana es muy buena jefa y Lawrence se va encariñando con ella, pero no deja de mandarse embarrada tras embarrada, consiguiendo que todo el mundo siga considerándolo como un insoportable en lugar de un niño que, en el fondo, necesita un poco de ayuda.

A pesar de que a ambos nos gusta reírnos con los insultos de "Full Metal Jacket", espero no haber sido tan insoportable como Lawrence; para ser un coming of age, los personajes con esa personalidad siempre calzan bien y "I Like Movies" no es la excepción. Me gustó mucho que no tenga un final perfecto, porque la hace mucho más identificable y la razón por la cual Alana odia las películas es, lamentablemente, algo que pasaba tanto en el 2002 como sigue pasando ahora.

Una de las escenas que más me gustó fue la escena en donde Lawrence sufre un ataque de pánico; su madre trata de tranquilizarlo hablándole de las películas que le gustan y, poco a poco, va funcionando. Tomo nota.

 


Siguiendo con las historias de vampiros, decidí seguir con el debut directorial de Kathryn Bigelow; "Near Dark" también fue co-escrita por ella y cuenta con la participación de tres actores de "Aliens" a sugerencia, por supuesto del que era entonces su marido, James Cameron.

"Near Dark" se trata de las andanzas de un grupo de vampiros y su nuevo recluta. Mae (Jenny Wright) muerde a un tipo que le gusta, Caleb (Adrian Pasdar), pero no consigue matarlo y le ruega a su grupo que lo acepten como nuevo integrante. El grupo se compone de Jesse (Lance Henriksen), Diamondback (Jenette Goldstein), Severen (Bill Paxton) y de Homer (Joshua John Miller); las dinámicas son bien claras y sabemos de inmediato quiénes son los líderes o quién es el más rebelde, pero lo que también es claro es que nadie está convencido de agregar a alguien más al grupo.

Caleb, entonces, debe aprender rápidamente a cómo ser un vampiro, a comportarse como una criatura de la noche e incluso a matar, algo que lo incomoda bastante; al mismo tiempo, la familia de Caleb simplemente asume que fue secuestrado y comienza a buscarlo por todo el estado con tal de dar con su paradero. Personalmente, Caleb debería haber dejado de quejarse y agradecer que podría vivir para siempre.

Se me hizo inevitable pensar en "The Lost Boys", pero Kathryn Bigelow aporta su propia interpretación a este género, una algo más seria y menos aventurera; nadie nunca menciona la palabra vampiro, por ejemplo, y la historia incluye un personaje que fue transformado cuando era un niño y que se queda como niño, detalle que más películas sobre vampiros deberían incluir, porque siempre conlleva un conflicto muy interesante, ya sea como el de Claudia en "Interview with the Vampire" o como las niñas que matan pedófilos en "What We Do in the Shadows".

A pesar de que "Near Dark" se centra bastante entre el romance de ambos protagonistas, la película peca de tener personajes secundarios mucho más entretenidos y carismáticos que los personajes principales, pero claro, teniendo presente a los actores de "Aliens", es difícil concentrarse en otra cosa.

 


No voy a mentir: llegué acá solamente por el poster.

"Timestalker" es una comedia dirigida, escrita y protagonizada por Alice Lowe, quien explora la historia de una mujer llamada Agnes, una romántica sin remedio que ha sido condenada a enamorarse del mismo hombre, Alex (Aneurin Barnard) a través de distintas épocas de la historia universal. Lo triste es que Alex es un amor no correspondido y Agnes tiene que sufrir en cada época no sólo de su rechazo, sino que también de una dolorosa muerte que la lleva hasta la siguiente era.

Es así como Agnes pasa por la época de María Antonieta, por años medievales, por los años '80 en Nueva York, incluido un apocalipsis en un futuro muy lejano, siempre enamorada de Alex, siempre viendo como su sueño de estar con él no puede cumplirse. A pesar de que "Timestalker" tiene un par de momentos buenos y graciosos, la película poco a poco se va desinflando hasta aburrir, porque no hay nada más a lo que ponerle atención que a los intentos de Agnes por conseguir a Alex.

Hay otra relación de amistad en la película, una entre Agnes y Meg (Tanya Reynolds), pero muchas veces la protagonista y la historia la dejan de lado. Es entretenido ver a los mismos actores interpretar a distintos personajes a través de las distintas épocas, pero aquel detalle tampoco es suficiente para que "Timestalker" agarre vuelo. 

Y no seguiré mintiendo: me quedé por Jacob Anderson.

 


Como buena treintañera que se siente en crisis cada dos semanas, siempre estoy buscando alguna historia que me haga sentir mejor al respecto; tenemos historias de sobra sobre crisis adolescentes o crisis masculinas a cualquier edad que, cuando por fin se encuentra una película como "Saint Frances", dan hasta ganas de celebrar.

Escrita y protagonizada por Kelly O'Sullivan, la película cuenta la historia de Bridget, una mujer de 34 años que está entre dos decisiones: hacerse un aborto y aceptar un trabajo como niñera de la pequeña Frances (Ramona Edith Williams), una adorable niña de seis años quien también está pasando por una especie de momento especial al ver cómo el nacimiento de su hermano afecta el matrimonio de sus madres, Maya (Charin Alvarez) y Annie (Lily Mojekwu). Bridget, además, tiene problemas sentimentales y profesionales, ya que siente la presión aquella de no haber conseguido nada relevante a su edad; tiene que ver cómo personas de su edad o ex compañeros ya cumplieron las metas de formar una familia o de tener un trabajo en donde se sienten mucho más exitosos.

A pesar de sus dudas e inseguridades diarias, Bridget sigue adelante; al menos tiene unos padres amorosos y la relación con Frances comienza a mejorar. Bridget también se da cuenta que todos estamos pasando por algo, cualquiera sea la edad, pero se pasa mucho mejor cuando al menos una persona es capaz de entenderte. Más allá de que "Saint Frances" comience con la decisión de un aborto (muy bien retratado, por cierto), la película también explora otros temas relacionados como la maternidad, el estrés laboral frente a la maternidad y la depresión post-parto, por ejemplo, temas que no siempre vemos reflejados y que en esta historia se les trata con respeto y cariño.

"Saint Frances" es una película tierna y sencilla, justo lo que esperas ver un domingo en la tarde.

 


Comencé este blog con el segundo remake de "Nosferatu", la versión de 1922, porque justamente quería ver el nuevo remake de la misma película; siendo dirigida por Robert Eggers, jamás dudé que su interpretación sería digna de ver. Fiel a su estilo, Eggers entrega una película tenebrosa y hermosa, de esas que se te quedan en la cabeza más tiempo de lo que deberían.

A pesar de que esta versión es bastante fiel a la versión de F. W. Murnau, hay ciertos detalles que justifican su remake. La historia también gira alrededor del matrimonio compuesto por Thomas (Nicholas Hoult) y Ellen Hutter (Lily-Rose Depp), una joven pareja que no podría estar más enamorada, pero un repentino viaje de trabajo amenaza la felicidad que los rodea. Thomas debe cerrar negocios con un tal Count Orlok (Bill Skarsgård) y, a pesar de las advertencias de Ellen, su marido viaja de todos modos, dejándola al cuidado de sus amigos, Friedrich (Aaron Taylor-Johnson) y Anna Harding (Emma Corrin).

El miedo de Ellen es persistente e intenso, no porque tema de un simple viaje, sino que porque, en esta versión, [SPOILERS] ella sabe de la existencia del demonio de Nosferatu, quien solía visitarla cuando era una solitaria adolescente; Ellen sabe que la presencia de Orlok es lo más parecido a la peor de las maldiciones y también sabe que ella es la única que puede detenerlo. Gracias a este nuevo propósito que se le da al personaje, la nueva interpretación de "Nosferatu" me convenció desde el principio. Además, tanto la producción como la cinemaografía son más que hermosas, las actuaciones también convencen (incluso Willem Dafoe como Willem Dafoe), y el cambio de voz de Bill Skarsgård se quedará en mi mente durante meses; es impresionante lo que consiguió al tomar clases con un cantante de ópera para su transformación en Orlok. 

Cada detalle del que Robert Eggers se preocupó es mejor que el anterior y ojalá podamos tener más películas de terror como esta, donde se mezcle el misterio con lo gótico, lo prohibido con lo erótico y en donde se pueda ver lo que está pasando en una escena de noche.

 


Ya que estamos en temporada de premios, hay que seguir poniéndose al día.

Jesse Eisenberg se aventura nuevamente como director con "A Real Pain", película para la cual también se encargó del guión. La historia se trata del viaje de dos primos, David (Eisenberg) y Benji (Kieran Culkin), a Polonia, país natal de su abuela, quien falleció recientemente. En Polonia, ambos se unirán a un tour que recorre lugares esenciales de la Segunda Guerra Mundial, ya que su abuela era polaca, había huído de la guerra y aquel hecho por supuesto que marcó a toda su familia.

Su muerte marcó sobre todo a Benji, quien era muy unido a ella y quien ha tenido distintos momentos bajos desde entonces; David, por su parte, tiene más cosas de que preocuparse, como un trabajo fijo o una familia a quien cuidar. Ambos primos son demasiado diferentes, la clásica dinámica del extrovertido versus el introvertido, pero los dos se quieren mucho y se apoyan durante todo el viaje; cada uno a su manera, claro.

Mientras recorren rincones de Polonia, ambos también continúan lidiando con el duelo de haber perdido a su abuela. Benji es mucho más expresivo: no tiene miedo ni siente incomodidad de hablar de ella ni tampoco teme ponerse a llorar cuando le sea necesario; David, en cambio, internaliza la pena y no sabe muy bien cómo expresarla. El debate que eso produce fue lo que más me gustó de "A Real Pain": ¿expresas tu dolor, explotas en el momento por más triste que sea o esperas a explotar una vez que ya lo racionalizaste todo? ¿Lo sientes o lo sobrevives día a día?

A pesar de que Jesse Eisenberg y Kieran Culkin pecan de interpretar siempre el mismo personaje, esto es menos cierto para Kieran en esta ocasión; los dos consiguen sacarte emociones, pero Kieran consigue desligarse de todos sus personajes anteriores, incluso el de Roman Roy (¿quién dijo que Benji y Roman se parecían?). Definitivamente, Kieran va solo en la carrera por el Oscar.

 


A pesar de ser fan de los musicales, no estaba muy entusiasmada de ver “Wicked”; no es que no me interesara la historia o que no quisiera saber cómo iban a traspasar la historia a la pantalla de grande, sino que toda la prensa que rodeó la promoción de la película se fue un poco por las riendas. A veces no podía evitar reírme de las reacciones de Ariana Grande y de Cynthia Erivo, otras veces sólo giraba los ojos porque nadie puede llorar tanto dentro del margen de dos preguntas seguidas.

Como sea, no bad press is bad press y “Wicked” consiguió llamar la atención de todos modos. La película es la adaptación del musical del mismo nombre, éxito de Broadway, que a su vez sigue la historia de “El Mago de Oz”; luego de la muerte de Elphaba (Cynthia Erivo), Glinda (Ariana Grande) comienza a recordar la historia de cómo ambas se conocieron tiempo antes de que Elphaba comenzara a ser conocida como la Bruja Mala del Oeste. De enemigas pasaron a ser amigas para luego separarse una vez que Elphaba conociera al mismísimo Mago de Oz (Jeff Goldblum) y las ilusiones que tenía respecto a él se quebraran.

Como musical, “Wicked” funciona casi de manera perfecta; toda la producción es increíble, las canciones son muy buenas y las actuaciones también. No pensé que Ariana Grande fuera a conseguir algo tan suficiente, sobre todo cuando todo el mundo pensaba que el rol de Glinda era de Lea Michele, pero como ahora la cantante volvió a cambiar de raza, el papel le queda casi como anillo al dedo. Por su parte, Cynthia Erivo es perfecta como Elphaba y no es difícil empatizar con el personaje, en especial cuando sabemos su historial dentro de este universo. El resto del elenco también lo hace muy bien y “Wicked” no peca de aburrida; dentro de los dos musicales que son parte de esta temporada de premios, no queda duda de cuál es el que más se destaca.

Lamentablemente, como van las cosas, parece que las premiaciones son los únicos que no se dan cuenta.

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