365mm Vol. 2

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Siempre que los niños hablan de sus amigos imaginarios siento escalofríos, porque todos sabemos de lo que en realidad están hablando y películas como “El Orfanato” reflejan este miedo. La película se trata de Laura (Belén Rueda), una mujer que regresa a vivir al orfanato en donde creció, pero ahora vuelve con su marido Carlos (Fernando Cayo) y su pequeño hijo Simón (Roger Príncep), quien es quien comienza a jugar con varios de sus nuevos amigos invisibles.

Aunque en un principio, Laura desestima las cosas que Simón le dice, la protagonista empieza a creer cuando comienzan a suceder cosas muy extrañas, incluida la desaparición de Simón. Laura comienza a investigar por cuenta propia y es así como llega a la historia de Tomás, un niño que había vivido en el orfanato y que, al igual que Simón, también había desaparecido misteriosamente… en un principio.

“El Orfanato” es de esas películas que retrata muy bien el terror de lo cotidiano y, a pesar de que el terror no sea el terreno exacto del director Juan Antonio Bayona, se nota y se agradece el aporte como productor de Guillermo del Toro.

 


Todavía me acuerdo de toda la controversia que causó el corte al rape que se hizo Demi Moore para “G.I. Jane”; que era demasiado arriesgado, que no se veía bien, que ni siquiera se veía femenina, pff, sobre todo porque el año anterior ella había protagonizado “Striptease” y ya sabemos lo sexualizada que era su imagen. También recuerdo que vi “G.I. Jane” cuando era chica, pero no puedo acordarme del final o de cosas como que aparecía Viggo Mortensen.

Hace un poco comenzó a impartirse un programa de entrenamiento para mujeres que quieran unirse a los Navy Seals, pero en los ’90 eso estaba muy lejos de ser una realidad; “G.I. Jane” trata del primer programa que el gobierno gringo intentó poner en práctica y de la única mujer que logró unirse. Jordan O'Neil (Demi Moore) es la teniente escogida y, desde el comienzo de su entrenamiento, tiene que lidiar con discriminación y sexismo; la escogen porque se ve más femenina que otras mujeres, ninguno de sus compañeros cree en ella o la quieren cerca, ni siquiera en la misma habitación, la acusan de lesbiana, las burlas son constantes, así como también la desestimación, pero Jordan no se rinde y sigue con el entrenamiento tan bien como lo haría cualquier hombre.

Temí mucho por el personaje de Jordan al verla rodeada de hombres que, a pesar del homoerotismo, pueden llegar a ser machistas y violentos; para mí, el acoso hubiese sido mucho peor que ese entrenamiento tan exigente. La actuación sensible y honesta de Demi Moore consigue que siempre le estés haciendo barra al personaje; obvio que no es la mejor película del mundo, pero “G.I. Jane” se llevó muchas críticas injustas en su época.

 

Recuerdo que a fines de los ’90 se estrenaron varias películas con la temática del Diablo o del fin del mundo o ambas mezcladas, porque, justamente, era el fin del milenio y todo el planeta estaba bastante perseguido con la idea de que hasta ahí no más llegábamos; algunas de esas películas jugaban con la idea de fenómenos naturales o tentaciones demoníacas y, a pesar de que vi varias, “The Devil’s Advocate” siempre estuvo prohibida, porque tenía contenido más erótico que otras. Obvio, si el Diablo te va a tentar, te va a tentar en todos los contextos.

“The Devil’s Advocate” cuenta la historia de Kevin Lomax (Keanu Reeves), un abogado exitoso de esos que nunca han perdido un caso; el problema es que Kevin sólo defiende parásitos como pedófilos, por ejemplo. Este detalle lo hace el candidato ideal para John Milton (Al Pacino), dueño de un bufete de abogados, quien le ofrece un trabajo y Kevin Lomax acepta, ya que el dinero nunca está de más. Kevin y su esposa, Mary Ann (Charlize Theron), comienzan a vivir la gran vida en Nueva York; se mudan a un departamento de lujo y van a fiestas muy elegantes a las que John los invita, pero pronto Mary Ann comienza a notar cosas extrañas a su alrededor y el gaslighting de Kevin sólo empeora las cosas.

Mucha más interesante la actuación de Al Pacino que la trama en sí, “The Devil’s Advocate” se salva también gracias al plot twist casi al final y al terror psicológico que genera el personaje de John; yo la disfruté, pero, como dije al principio, ya he visto varias así.

 

Cuando de remakes de películas de terror se trata, no soy muy fanática de la idea. Si soy honesta, quería ver “Hellraiser” sólo por Drew Starkey; por suerte, la película tiene un par de atributos más que la hacen interesante. Dirigida por David Bruckner, la cinta es una nueva entrega de la franquicia de Hellraiser, creada por Clive Barker, quien también estuvo involucrado en la producción. Más que un remake, esta versión de 2022 es un reboot, ya que cuenta con nuevos personajes y nuevas historias que desarrollar.

Riley (Odessa A'zion) es una joven que se está recuperando de su reciente drogradicción; vive con su hermano Matt (Brandon Flynn), quien siempre se encarga de ayudarla y de evitar que recaiga, junto con su novio, Colin (Adam Faison), y su compañera de departamento, Nora (Aoife Hinds). Ninguno de los tres ve con buenos ojos la relación de Riley con Trevor (Drew Starkey), ya que su influencia no es de la mejores.

Tratando de conseguir algo de dinero, Riley y Trevor encuentran una pequeña caja que parece tener valor, pero es en realidad la cajita/puzzle que despierta a los demonios conocidos como los cenobitas, demonios que son material perfecto para mis peores pesadillas. Riley cree que está alucinando debido a las drogas, ya que ve a Pinhead (Jamie Clayton) y a dos cenobitas más pidiéndole un sacrificio de sangre; cosas tan raras comienzan a suceder que Riley decide investigar hasta llegar al anterior dueño de la caja, Roland Voight (Goran Višnjić).

A pesar que el ritmo de “Hellraiser” se va desinflando de a poquito, la producción siempre se hace notar; los cenobitas son tan terroríficos como esperaba y su presencia eleva la sensación de suspenso y de nervios. La trama también es buena, ya que se puede sacar mucho provecho del problema entre la drogadicción, las alucinaciones y el hecho de que nadie te crea, trama que también justifica el reboot; creo que me hubiese aburrido mucho ver la misma historia del ‘87, por ejemplo. Las actuaciones están a la altura, pero me distraje tanto con cierto actor que no vi venir el plot twist cerca del final. Gratamente sorprendida.

 


Algunas de las señales de violencia intrafamiliar son tan obvias que podemos verlas de inmediato en actitudes como comportamientos manipuladores, autoritarios y dominantes contra comportamientos nerviosos, ansiosos y sumisos. Estas actitudes se pueden notar de inmediato también en “Sleeping with the Enemy”; durante los primeros minutos de la película, podemos ver cómo Martin Burney (Patrick Bergin) abusa física y psicológicamente de su esposa, Laura (Julia Roberts), una mujer tímida y dócil a quien ha dejado sin un círculo de apoyo y sin posibilidades de escapar.

“Sleeping with the Enemy” comienza como un drama, pero luego va transformándose en un thriller lleno de suspenso y sorpresas cuando ni siquiera Martin sospechaba que Laura llevaba tiempo organizando un plan de escape, el cual incluía fingir su muerte y asumir una nueva identidad. El plan es brillante y funciona, pero la persecución continúa y la actuación de Julia Roberts es la que mantiene lo que queda de película; a pesar de que es una película sencilla, la tensión siempre está presente, así como también el miedo de Laura, que no se atreve a hacer ningún movimiento con tal de no ser encontrada por Martin.

Sé que mucha gente dice que Julia Roberts está sobrevalorada, pero películas como “Sleeping with the Enemy” demuestran lo contrario.

 

Después de que vas aprendiendo más y más sobre algunos actores o directores, menos ganas te dan de ver sus películas y Charlie Chaplin es uno de esos ejemplos para mí; a esta altura de la vida, ya hasta me da sueño la idea de ver alguna de sus películas, pero como soy influenciable y “Modern Times” aparece en varias listas de cine, decidí que quizás sea la última de sus películas que vea.

“Modern Times” es otra de las aventuras de The Tramp, su clásico personaje, esta vez en distintas fábricas durante la época de la Gran Depresión. The Tramp pasa de incidente en incidente, de anécdota en anécdota, ya que siempre está en el lugar equivocado en el momento equivocado; al mismo tiempo conoce y se enamora de Ellen (Paulette Goddard), una joven que, en la desesperación por ayudar a sus hermanos pequeños, recurre incluso hasta robar un pedazo de pan. 

Tiene sus momentos tiernos y otros llenos de maravilla cinematográfica, nivel “¿cómo hicieron eso?”, pero esto me sirve sólo para tachar “Modern Times” de mi interminable lista.

 

Los apagones ahora sólo me hacen sentir flashbacks de guerra, pero al menos el apagón de “Yesterday” sólo dura doce segundos; durante esos segundos, Jack (Himesh Patel) sufre un accidente y cuando despierta se da cuenta que nadie a su alrededor sabe sobre The Beatles ni se acuerda de sus canciones. Para Jack es increíble, ya que, como músico, piensa que todo el mundo le está tomando el pelo.

Jack no es un músico exitoso; sólo consigue pequeños conciertos por aquí y por allá, pero su manager, Ellie (Lily James), no deja de motivarlo para que Jack no abandone su sueño. Luego del apagón mundial, Jack aprovecha la oportunidad y comienza a usar las canciones de The Beatles como suyas y, para sorpresa, consigue el éxito que siempre quiso, pero su vida se complica cuando Ellie le confiesa que siempre ha estado enamorada de él.

“Yesterday” es entretenida y graciosa, pero me funcionó mucho más como comedia musical que como comedia romántica; los protagonistas tienen química, pero su historia no es tan complicada como la hacen parecer. Es mucho más divertido ver cómo Jack se da cuenta de otras cosas que no existen, como la Coca-Cola, los cigarros o Harry Potter, que, con el clima de estos días, sería una noticia muy genial. La idea de que The Beatles nunca existieron da para mucho material y es interesante de ver cómo la desarrollan, pero me dio más pena pensar en que el legado de The Beatles tampoco existiría y, por lo tanto, varias de mis bandas favoritas nunca habrían visto la luz del día.

La mejor parte de la película, claro, es que Oasis tampoco existe.

 

El rape revenge es mi género menos favorito, pero la curiosidad es mayor; tal y como me pasó con “Revenge”, me preparé para ver “I Spit on Your Grave”, película reconocida por ser una de las peores de la historia, por contener demasiada violencia y por contar con una escena de violación de treinta minutos. Yo la reconozco como una de las películas que popularizó este tipo de historias y que, lamentablemente, empezaron a incluirse en otros géneros como la acción o el drama.

Dirigida por Meir Zarchi, la película se centra en Jennifer Hills (Camille Keaton), una escritora que viaja hasta una alejada cabaña para concentrarse en su próximo libro; ella cree que pasará unos días silenciosos y relajadas, pero cuatro hombres del lugar saben que se encuentra completamente sola y aprovechan la oportunidad de acatarla y violarla para luego darla por muerta. Jennifer se recupera como puede, pero no pierde tiempo cuando de planificar su venganza se trata.

Habría sido mucho mejor que la venganza hubiese sido más violenta que la escena de violación en sí, porque no voy a recordar lo innecesario que ese tipo de escenas son, sobre todo en una película donde toda la secuencia dura una media hora, turno por turno, sin descanso. Dennos una venganza digna al menos.

 

Tildada como una de las peores películas de la historia, “Catwoman” … no lo es. Claro, no es una obra maestra del cine ni tampoco de su género, pero en comparación a otras películas basadas también en cómics, “Catwoman” estaría casi al mismo nivel: una historia de inicio, efectos especiales… y eso.

La película, dirigida por Pitof, cuenta la historia de Patience Phillips (Halle Berry), una diseñadora gráfica que trabaja para una empresa de cosméticos; Patience es tímida, desarreglada y casi invisible, el cliché perfecto antes de una transformación. La empresa, a cargo de Laurel Hedare (Sharon Stone), esconde un secreto relacionado a sus productos, secreto con el que Patience tiene la mala suerte de toparse y sus jefes deciden eliminar todo rastro de ella, pero, como cuenta la leyenda, un grupo de gatos la salva y Patience pronto empieza a sentir y hacer cosas que nunca antes había podido hacer.

Entre los efectos pobres, las malas actuaciones y lo fome de la trama, no hay por dónde encontrarle algo bueno a “Catwoman”, pero insisto en que no es la peor de las películas de superhéroes o de villanos que se han hecho; juro que lo pasé peor viendo “Joker” o “Venom”.

 

Una maldición recae sobre la familia Wilhern y la próxima bebé que nazca será condenada a tener una nariz como la de un cerdo hasta que conozca a alguien que la ame de verdad y rompa el hechizo; tras cinco generaciones de hombres, finalmente aparece Penelope (Christina Ricci) en la familia. Como si la maldición no fuese poco, su madre Jessica (Catherine O'Hara) finge la muerte de la pequeña con tal evitar el acoso de la prensa y Penelope debe crecer como una reclusa en su propia casa.

La historia de “Penelope” está contada de una manera tan tierna y mágica que me atrapó enseguida y me mantuvo atenta a cada intento de pretendiente que Jessica planificada para su hija; todos corrían al verla, pero sólo uno se queda: Max (James McAvoy). El siempre hermoso James se queda por error, pero es el único que trata a Penelope como una persona normal; Jessica ve esto como la oportunidad de la vida, pero su hija no es la única que esconde un secreto.

“Penelope” es de esas comedias románticas adorables que no te derriten el cerebro, pero más allá de la presencia de James McAvoy, creo que me llegó porque es una representación para todas aquellas que nacimos con una nariz diferente a la de la norma.

 

Luego de los estrenos de “Pocahontas” y “El Jorobado de Notre Dame”, Disney recibió un poco de criticismo por el tono oscuro de las historias de ambas películas; debido a eso, decidieron estrenar “Hercules” y alegrar un poco las cosas gracias también a la perfecta decisión de crear un soundtrack inspirado en la música gospel.

Como toda girlie obsesionada con la mitología durante la adolescencia, por acá conocemos bien la historia de Hércules y, a pesar de los pequeños cambios que Disney realizó, la trama es casi la misma. Hércules (Tate Donovan) es el hijo de Zeus y Hera, a quien Hades (James Woods) quiere eliminar debido a una profecía; su plan no sale bien y Hércules termina siendo criado por una pareja de humanos; Hércules siempre tuvo una fuerza sobrehumana y, cuando una estatua de Zeus le dice que puede convertirse en un héroe, se embarca en una aventura llena de monstruos y desafíos.

Entretenida, alegre y muy musical, “Hercules” no deja de hacer reír ni de evitar mover las patitas tras cada canción; creo que para mí eso fue lo más rescatable de todo, porque, ¿Zeus como padre y marido devoto? Por favor. Pero, aunque cada canción se me quedó pegada en la cabeza, tampoco podía sacarme la voz de Eddie Murphy entre medio de cada número musical.

 

Hoy se estrenó el tráiler de “Freaky Friday 2” y es el momento ideal para saldar mi deuda adolescente con la primera película.

Tess (Jamie Lee Curtis) y Anna (Lindsay Lohan) son un dúo madre hija completamente distinta la una de la otra; mientras Tess es una organizada psiquiatra, Anna es una adolescente rebelde que sólo suena con alcanzar el éxito con su banda. Ambas siempre discuten y nunca están de acuerdo en nada, pero cuando despiertan en el cuerpo de la otra, tendrán que hacer lo imposible con tal de congeniar.

“Freaky Friday” es entretenida y caótica y parece una cápsula de tiempo de los años ‘00s; se vino toda una nostalgia encima y de verdad que me estaba perdiendo una de esas buenas comedias. No sé si veré tan apresuradamente la segunda parte, porque el tráiler no le hace mucha justicia, pero al menos siempre tendremos esta primera entrega.

 


Siguiendo con esos clásicos de los ochenta que nunca vi, hoy es el turno de “Twins”; dirigida por Ivan Reitman, ya podemos imaginar qué tipo de película será. La historia se trata de Julius (Arnold Schwarzenegger) y Vincent Benedict (Danny DeVito), gemelos separados al nacer; ellos fueron parte de un experimento que intentaba recrear al espécimen perfecto: buen cuerpo y buen cerebro. 

Ya que gemelos fueron creados en lugar de un solo bebé, los científicos deciden separarlos y criar a Julius bajo sus observaciones, mientras que Vincent es dejado en orfanato. Más de treinta años después, Julius descubre la verdad y desea conocer a su hermano, pero la decepción no es menor cuando se da cuenta de que Julius no es más que un pillo ladrón metido siempre en problemas con prestamistas.

“Twins” es entretenida y tiene sus momentos tiernos, pero si de colaboraciones entre Schwarzenegger y DeVito se trata, siempre me voy a quedar con “Junior”.

 


Emmy (Kim Catrall) es una joven egipcia que sueña con conocer el mundo y dedicarse a distintas artes; los dioses le conceden su deseo y Emmy viaja a través de las distintas eras de la humanidad llevando a cabo cada uno de sus sueños. En la década de los ochenta, Emmy conoce a Jonathan Switcher (Andrew McCarthy), un escultor que trabaja en un mall decorando las vitrinas; Emmy tiene la forma de un maniquí que cobra vida sólo durante las noches y decide ayudar a Andrew con las vitrinas con tal de que él se convierta en un aclamado artista.

“Mannequin” tiene todo lo que tenían las películas de los ochenta para convertirse en clásicos: una pareja sin mucha química, un personaje gay políticamente incorrecto, una trama sin sentido que tiene detalles a veces adorable y un temazo central que nunca dejaré de asociar con esta película.

 

“Vox Lux” es el nombre del último álbum de Celeste (Natalie Portman), una cantante que consiguió la fama luego de crear una canción tras el tiroteo que se dio en su colegio; ella fue una de las sobrevivientes del ataque, por lo que las miradas siempre estuvieron fijas en ella. 

Celeste ahora es una diva, una cantante violenta, alcohólica y drogadicta que tiene una mala relación con su hija adolescente Albertine (Raffey Cassidy) y con su hermana Ellie (Stacey Martin), pero alguna vez fue una niña inocente e ingenua que siempre seguía a su manager (Jude Law) a todas partes, incluso a Suecia para grabar su primer álbum, como todo cantante pop de comienzo de los 2000. Fue la misma fama la que cambió a Celeste, pero su popularidad nunca se vio afectada.

“Vox Lux”, también el nombre de la película, nos guía a través de la vida de Celeste, desde el día del tiroteo hasta el día de su próximo concierto, el cual se ve afectado por la polémica de otro tiroteo; los atacantes aparecieron usando unas máscaras que Celeste había usado en un videoclip y, por supuesto, su pasado vuelve a relucir. La trama y la manera en la que está contada, entre preludios e intermedios, es tan entretenida que me sorprendió que la película fuese dirigida por Brady Corbet; no hace falta recordar la lata que fue “The Brutalist”, pero sería mucho mejor que se quedara por el lado de “Vox Lux” que por el lado de quedar bien con la Academia.

 


La religión siempre ha sido un tema ideal para las películas de terror y “Saint Maud” es uno de los ejemplos perfectos de esa teoría; quizás no sea tanto la religión, sino que también las personas que se dedican a profesar como si sus vidas dependieran de eso. Maud (Morfydd Clark) es de esas personas que cree que su fe es bienvenida en todas partes.

Luego de un incidente con un paciente, Maud se dedica al cuidado privado y llega hasta la mansión de Amanda Köhl (Jennifer Ehle), una bailarina y coreógrafa que sufre de linfoma. Maud es callada y profesional, pero pronto comienza a hacerle saber a Amanda las creencias que la ayudan a lidiar con su vida; la curiosidad de Amanda permite que Maud le hable de Dios y del espíritu, pero la joven confunde aquella confianza y, como todo creyente extremadamente fanático, Maud comienza a entrometerse en cada detalle de la vida de su jefa.

La tensión de “Saint Maud” no sólo recae en la relación entre ambas protagonistas, sino que también en el ambiente oscuro y misterioso que rodea a Maud; no sabemos nada de ella además del incidente con el primer paciente y de sus intenciones con Amanda, por lo que es fácil desconfiar de su verdadera naturaleza. La película no sólo es un drama, sino que también se transforma en uno de esos thrillers en donde puedes esperar lo peor de la persona que se ve la más inocente del rebaño.

 

El debut como directora de Claudia Weill fue muy importante para la época, ya que la segunda ola del feminismo estaba muy presente en el aire todavía; no es menor que una mujer escriba y dirija una película, sino que también cuente una historia sencilla con que la todas nos podamos identificar.

La protagonista de “Girlfriends” es Susan Weinblatt (Melanie Mayron) una joven fotógrafa sobreviviendo en Nueva York con la falta de oportunidades laborales; vive en un pequeño, pero suficiente departamento con su mejor amiga, Anne Munroe (Anita Skinner), una aspirante a escritora. Cuando Susan vende un par de fotos a una revista, cree que su vida comienza a mejorar, pero las cosas se ponen complicadas cuando Anne deja el departamento para mudarse con su novio, Martin (Bob Balaban).

Susan tiene que volver a fotografiar bodas y bar mitzvahs, se involucra con un par de hombres que no valen la pena y su amistad con Anne se va deteriorando, situaciones que sólo me hicieron pensar de dónde Greta Gerwig habrá sacado la inspiración para hacer “Frances Ha”. Tal y como entre Sophie y Frances, la amistad entre Susan y Annie da un paso hacia adelante y dos hacia atrás; sus decisiones van afectando la relación y las discusiones son inevitables, pero la historia es tan íntima y real que “Girlfriends” nos recuerda que las relaciones entre mujeres nunca dejarán de ser uno de los mejores temas para desarrollar en una película.

 

Muy a lo “Sunset Boulevard”, sabemos el destino de Carlito Brigante (Al Pacino) desde el comienzo de la película. Tras una reflexión, “Carlito’s Way” nos lleva al momento en que el protagonista sale de la cárcel prometiendo que no volverá a involucrarse en ningún negocio turbio, pero nadie le cree; sus amigos y conocidos siguen pidiéndole favores y la reputación de Carlito no es dejada atrás.

Una de las cosas más entretenidas de “Carlito’s Way” es todo el ambiente latino de Nueva York, lleno de clichés y de personajes latinos que no saben hablar español; incluso Al Pacino pasaba como latino en esa época. En fin, Carlito invierte en una discoteca con tal de cambiar su imagen, pero su abogado, Dave Kleinfeld (Sean Penn) lo arrastra hacia varios crímenes; al mismo tiempo, Carlito comienza una relación con Gail (Penelope Ann Miller), lo que debe ser lo más aburrido de toda la película.

Brian de Palma creó todo un mundo con “Carlito’s Way”, uno lleno de problemas, traiciones y tensión y una persecución final que, inevitablemente, me recordó a “The Intouchables”, pero que a veces se ve arruinada por los clichés del romance y de los estereotipos. De todas maneras, es genial la participación de Jorge Porcel, que me pilló por sorpresa, y la de Viggo Mortensen, que habla mejor español que Al Pacino.

 


Me encanta el misterio que rodea a Nicolas Cage y la pregunta de si es un buen actor o no; es gracioso que, tras cada película que estrena, la pregunta continúa sin respuesta. Se supone que “Leaving Las Vegas” es una de las películas que puede ayudar a resolver el misterio, pero a mí me dejó en las mismas.

La película gira en torno a Ben (Nicolas Cage) y Sera (Elisabeth Shue); él es un guionista fracasado y alcohólico, cuyo propósito es beber hasta morir y ella es una prostituta que sufre abusos por parte de su proxeneta. Ambos se conocen en Las Vegas, la ciudad ideal en donde pueden dar rienda suelta a sus vicios; luego de explorar sus problemas, la historia luego se dedica a ilustrar su especial historia de amor.

Mientras Sera le habla a un personaje desconocido sobre lo que siente por Ben, el estado del escritor empeora cada vez más, complicando la rutina de Sera. Entre tanto problema, “Leaving Las Vegas” se vuelve lenta y repetitiva y, a pesar de que el personaje de Nicolas Cage es uno interesante, tampoco es uno de los mejores que le he visto; al menos, no como para el Oscar.

 

El término “gaslighting” ha empezado a usarse desde hace poco, pero todas las mujeres sabemos que la acción ha existido desde hace siglos; nos han hecho creer que estamos exagerando, que estamos siendo muy sensibles y, como último gran recurso, básicamente nos han hecho creer que nos estamos volviendo locas, tal y como le pasa a la protagonista de “Gaslight”, película dirigida por George Cukor.

Paula Alquist (Ingrid Bergman) es una joven, vulnerable e inocente aristócrata, una candidata ideal para caer en las redes de los manipuladores, por lo que cae de inmediato en las garras de Gregory Anton (Charles Boyer); ambos tienen un romance de dos semanas en Italia cuando deciden casarse y vivir en Londres. Paula no está segura de regresar a su hogar, ya que su tía había sido asesinada misteriosamente en esa mansión, pero Gregory la convence de volver a sus raíces.

Paula no lo nota al principio, pero, como público, podemos notar las señales apenas los recién casados llegan a Londres. Gregory la aleja de su gusto por la música, comienza a tratarla de olvidadiza, no la deja realizar fiestas ni recibir invitados, ni siquiera conversar con los empleados, pequeñas acciones que consiguen que Paula termine aislada e insegura de sí misma. Tanto el trato de Gregory como los misteriosos pasos que Paula escucha en el tercer piso son suficientes como para hacerla sentir que se está volviendo loca.

Es frustrante ver lo que un hombre puede hacer con una mujer solitaria que lo ama devotamente, por lo que “Gaslight” de inmediato se transforma en una película de terror; cada acción de Gregory es cada vez más cruel y la sensación de estar volviéndose loca, de escuchar ruidos que nadie más escucha, ver cosas que nadie más parece ver y que nadie alrededor te crea es demasiado angustiante. Definitivamente, una película de terror.

 


“Lovesong” es una película dirigida por So Yong Kim, la cual relata la historia de amistad entre Sarah (Riley Keough) y Mindy (Jena Malone), ambas han sido amigas desde la universidad, pero sus vidas tomaron rumbos distintos. Sarah está casada con Dean (Cary Joji Fukunaga), pero su relación está en crisis, ya que él trabaja lejos de casa; Sarah centra sus días al cuidado de su pequeña hija, Jessie. Mindy, por otra parte, vive de una manera mucho más liberal, sin ataduras.

Ambas se reencuentran un fin de semana y pasan el tiempo con Jessie, además de recordar viejos tiempos, pero algo cambia en la relación y las amigas pierden el contacto, uno que no recuperan hasta que Mindy invita a Sarah a su matrimonio. Las relaciones entre mujeres siempre serán complicadas, para bien o para mal, y me encantó que “Lovesong” fuera una película más que supiera retratar esa realidad, además del cariño, la distancia y las dudas alrededor de una amistad que puede cambiar tus puntos de vista sobre la vida.

 


Charlie Sheen nunca ha sido santo de mi devoción, pero tenía muchas ganas de ver “Wall Street” porque Michael Douglas siempre lo hará genial como antagonista y por esa talla de “Hot Shots”. Esta película es todo lo que se podría esperar de una película ochentera basada en historias de Wall Street, un sueño que la sociedad estadounidense tiene muy metido en el ADN: penthouse de ventanas altas, cocaína durante la mañana, matrimonio con una rubia y millones en cuentas truchas; el verdadero sueño americano.

Bud Fox (Charlie Sheen) es uno más de los jóvenes que sueña con conseguir esa fantasía; trabaja en una bolsa de valores y siempre está persiguiendo a Gordon Gekko (Michael Douglas), una autoridad en el mundo de las acciones. La insistencia de Bud termina convenciendo a Gordon y ambos comienzan a trabajar juntos; Bud conoce el verdadero mundo de Wall Street, excesos incluidos, cosas que casi lo ciegan de la verdad tras los exitosos negocios de Gekko.

Como supuse, “Wall Street” recae sobre los hombros de Michael Douglas; Charlie Sheen sólo demuestra lo pésimo actor que es y como protagonista es tan poco carismático que estás esperando toda la película que el malo gane, porque el bueno pesa menos que un paquete de cabritas. 

 


“Galaxy Quest”, película de 1999, es una clara parodia al universo de Star Trek; nunca he visto nada de esa franquicia, pero puedo entender el sentimiento de fanatismo hacia una saga, porque todos tenemos una regalona que seguimos a muerte. Ese fanatismo es el que crea el mundo de los fandoms y todo lo que eso conlleva (fan art, fanfiction, cosplays, teorías, grupos en redes sociales y demás), lo que también se retrata en esta película.

En lugar de Star Trek, la franquicia se llama justamente Galaxy Quest, la cual era una serie de ciencia ficción que tuvo su época de apogeo durante los años ochenta. Ahora en los noventa, la serie ya no es transmitida, pero la fanaticada sigue siendo igual de fiel y los actores principales deben seguir el juego y hacer cosas, como, por ejemplo, aparecer en distintas convenciones personificando a los personajes que los hicieron famosos. El problema es que el elenco no disfruta mucho de este show, a excepción del protagonista de la serie, Jason Nesmith (Tim Allen), quien interpretaba al comandante Peter Quincy Taggart.

Jason es el único que lo pasa bien porque su personaje era el protagonista y, obviamente se lleva todo el crédito y la preferencia de los fanáticos, mientras que sus compañeros deben casi conformarse con migajas. Gwen DeMarco (Sigourney Weaver) es la única mujer del elenco y, por supuesto, que fue sexualizada y reducida al personaje que sólo repite lo que dice una computadora. Alexander Dane (Alan Rickman), interpreta a un científico alienígena, pero siente que se rebaja, ya que es un actor inglés serio y de teatro. Los demás serían los personajes de relleno, como el técnico de la nave (Tony Shalhoub) y el conductor (Daryl Mitchell, además del clásico llamado simplemente Miembro de la Tripulación Número 6 (Sam Rockwell).

“Galaxy Quest” es de esas películas que no se toman en serio a sí mismas y que puede reírse de todos los clichés de la saga a la que está imitando; es demasiado divertida, ridícula y rápida y es casi imposible no meterse en la aventura espacial que los actores no creen en un principio, tal y como si fuera otra aventura más de esas sagas verdaderas que sí ocupan nuestro tiempo.

 

Nunca he sido fanática de Bob Dylan, pero las películas pueden más. “A Complete Unknown” ha estado metiendo bulla desde su producción y no se quedó fuera de esta temporada de premios, porque, claro, es una biografía, sólo una biografía más. Dirigida por James Mangold, la película se centra en los comienzos de la carrera de Bob Dylan hasta su éxito durante mediados de los años sesenta.

Se le agradece a “A Complete Unknown” que no sea la típica biografía que comienza con la infancia del personaje en cuestión, viendo testimonios de algún padre diciéndole que sólo debe confiar en sí mismo y que así cumplirá sus sueños; un cliché menos siempre es bueno, pero la película nos cuenta episodios de la vida de Bob Dylan que podríamos haber leído en Wikipedia. Todos sabemos su historia con Sylvie, la producción de sus discos, el contexto histórico en el que se hizo famoso, pero la película no ofrece nada nuevo, ningún detalle, ninguna emoción, ninguna vuelta de tuerca, nada nuevo que justifique esta biografía.

Lo que se podría destacar de “A Complete Unknown” es la justicia que le hace Timothée Chalamet a la voz de Bob Dylan; sus canciones nunca se habían escuchado tan bien. Ni él ni Monica Barbaro ganarán el Oscar mañana, pero sus actuaciones son lo más rescatable de esa película. “A Complete Unknown” comienza a aburrir tan pronto que me fue inevitable dejar de pensar en otras películas como “Inside Llewyn Davis” o “Walk the Line”; lo gracioso es que fue el mismísimo James Mangold quien dirigió esta última.
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