Día 38: Passengers (2016)

 


Es viernes, no quiero pensar y la película ideal para acompañar ese panorama fue “Passengers”. Ya conocía la reputación de esta película, ya que no fue muy aclamada durante su año de estreno; la trama era básica y malinterpretada, y tanto Jennifer Lawrence como Chris Pratt ya no estaban en el lugar especial de “America’s sweetheart” que se habían ganado alguna vez, sino que ambas presencias no ayudaron mucho a la promoción de la película.

Personalmente, yo no los soporto ni como actores ni como personajes públicos, pero eso no me detendrá cuando se trate de ver una película para darle la razón a todas mis sospechas; en ese sentido, “Passengers” no decepcionó. Primero, la historia se trata de Jim Preston (Chris Pratt), un ingeniero que despierta repentinamente durante un viaje hacia otro planeta; aparentemente, hubo una falla en el sistema y todavía quedan 90 años para llegar a destino. Jim disfruta su primer año en soledad, ya que la nave es moderna y entretenida, pero pronto se aburre y, en lugar de intentar volver a dormir, decide despertar a alguien más y arruinarle la vida.

La víctima es Aurora (Jennifer Lawrence), una escritora con mejor situación económica; Jim la había estado observando desde hace un tiempo y decide que ella es la persona ideal para acompañarlo. A pesar de que sabía el final de “Passengers”, asumí que ese detalle era un plot twist que se revelaba al final, pero desde el minuto uno nos saben hacer que fue Jim quien despierta a Aurora; quizás hubiese sido más interesante que lo dejaran como la gran revelación, pero tampoco podemos ver más allá del hecho de que lo que hizo Jim es casi un crimen y que la película sólo lo pasa como un error provocado por amor que Aurora debe entender y perdonar. Por favor…

Como si la trama y el plot twist no fuesen aburridos y problemáticos, ambos protagonistas no tienen química ni por si acaso y, aun durante sus escenas en singular, no consiguen provocar nada; se siente hasta vergüenza ajena durante sus interacciones, pero también frente al recordatorio de que intentaron venderlos como superestrellas a cada uno en su época. Si “Passengers” hubiera seguido la línea de la ciencia ficción, quizás habría sido algo más interesante, porque no es mala la idea de viajar a otro planeta y comenzar una nueva vida, pero la película no ofrece nada más que una supuesta historia de amor que en realidad es una historia más del síndrome de Estocolmo

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