Día 48: Eastern Promises (2007)

 

La muerte de una adolescente mientras da a luz a una niña despierta tanto una modesta investigación por parte de una matrona como las acciones de la mafia rusa en Londres. Anna (Naomi Watts) es una doctora que atiende el parto de Tatiana (Sarah-Jeanne Labrosse), una adolescente de catorce años que llega al hospital en graves condiciones; lamentablemente, Tatiana muere, pero Anna, siguiendo las pistas de su diario de vida, está decidida a encontrar a su familia.

Gracias a las traducciones de su tío Stepan (Jerzy Skolimowski), Anna da con el restaurante Trans-Siberian, cuyo dueño, Seymon (Armin Mueller-Stahl), la recibe amablemente y promete ayudarle con lo que necesite. Por supuesto que el restaurante es una fachada y el verdadero negocio de Seymon es la mafia rusa, porque, claro, todos los rusos son mafiosos. En el negocio también participa Kirill (Vincent Cassel), hijo mayor de Seymon, y Nikolai (Viggo Mortensen), el chofer de la familia que, en ocasiones, hace otros trabajos como deshacerse de cuerpos indeseados o desaparecer a quienes representen una amenaza.

Anna sabe que no debería involucrarse con aquella familia, pero su deseo de hacer justicia por Tatiana y su bebé es mucho más fuerte. “Eastern Promises” va revelando secretos cada vez más perturbadores a la vez que la investigación de Anna crece, de esos crímenes horribles por los que todos deberían estar en la cárcel, pero ella también sabe que, como una persona común y corriente, no es mucho lo que puede hacer.

Por lo general, siempre termino sintiéndome incómoda con las películas de David Cronenberg; las veo una vez, las olvido o no las veo nunca más, pero con “Eastern Promises” me pasó lo mismo que me pasó cuando vi “The Fly”: me encantó. Las actuaciones, la historia, el suspenso me entretuvieron demasiado y la película se me hizo hasta corta. La actuación de Viggo Mortensen y sus tatuajes se quedarán por siempre en mi mente.

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