Día 50: Synecdoche, New York (2008)

 

Hace poco me enteré de que existe un síndrome llamado síndrome de Cotard, el cual se relaciona a la hipocondría; la persona que lo padece cree estar muerto, cree que alguno de sus órganos se está pudriendo o cree que no existe. Es el síndrome ideal para llamar a un personaje como Caden Cotard y desarrollar un delirio tan nihilista como el síndrome en sí alrededor del protagonista.

En “Synecdoche, New York”, escrita y dirigida por Charlie Kaufman, Caden (Philip Seymour Hoffman) es un director de teatro que está pasando por una crisis personal, laboral y matrimonial; apenas tiene motivación para escribir y pareciera que cada día sufre de un nuevo achaque. Su esposa, Adele Lack (Catherine Keener), es una artista que consigue fama en Berlín, por lo que se separa de Caden y se muda allá con la hija de ambos, Olive.

Con el tiempo, Caden consigue la inspiración para comenzar a dirigir una gran obra de teatro, pero quiere hacer algo tan grande que nunca termina ni los ensayos ni la producción; además, varias mujeres van marcando los siguientes episodios de su vida, como Claire (Michelle Williams), por ejemplo, con quien se casa y tiene una segunda hija, o Hazel (Samantha Morton), de quien siempre estuvo enamorado. El tiempo sigue pasando y Caden sigue lamentándose, pero es tan difícil simpatizar con él, porque es el clásico hombre que culpa a todos los demás por sus desgracias, sobre todo a las mujeres a su alrededor.

“Synecdoche, New York” comienza como una idea surrealista muy interesante, pero se va desinflando después de unos quince minutos; sigue apareciendo actor tras actor sin nunca llegar a nada y su vibra claustrofóbica tampoco aporta mucho cuando de disfrutar la película se trata.

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