Hace poco me enteré de que existe un síndrome llamado síndrome de Cotard, el cual se relaciona a la hipocondría; la persona que lo padece cree estar muerto, cree que alguno de sus órganos se está pudriendo o cree que no existe. Es el síndrome ideal para llamar a un personaje como Caden Cotard y desarrollar un delirio tan nihilista como el síndrome en sí alrededor del protagonista.
En “Synecdoche, New York”, escrita y dirigida por Charlie Kaufman, Caden (Philip Seymour Hoffman) es un director de teatro que está pasando por una crisis personal, laboral y matrimonial; apenas tiene motivación para escribir y pareciera que cada día sufre de un nuevo achaque. Su esposa, Adele Lack (Catherine Keener), es una artista que consigue fama en Berlín, por lo que se separa de Caden y se muda allá con la hija de ambos, Olive.
Con el tiempo, Caden consigue la inspiración para comenzar a dirigir una gran obra de teatro, pero quiere hacer algo tan grande que nunca termina ni los ensayos ni la producción; además, varias mujeres van marcando los siguientes episodios de su vida, como Claire (Michelle Williams), por ejemplo, con quien se casa y tiene una segunda hija, o Hazel (Samantha Morton), de quien siempre estuvo enamorado. El tiempo sigue pasando y Caden sigue lamentándose, pero es tan difícil simpatizar con él, porque es el clásico hombre que culpa a todos los demás por sus desgracias, sobre todo a las mujeres a su alrededor.
“Synecdoche, New York” comienza como una idea surrealista muy interesante, pero se va desinflando después de unos quince minutos; sigue apareciendo actor tras actor sin nunca llegar a nada y su vibra claustrofóbica tampoco aporta mucho cuando de disfrutar la película se trata.
00s
2008
Catherine Keener
Charlie Kaufman
Cine estadounidense
Dianne Wiest
Drama
Emily Watson
Jennifer Jason Leigh
Michelle Williams
Philip Seymour Hoffman
Samantha Morton


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